Hace varios días, en los muros de Los Angeles comenzaron a aparecer misteriosos stencils que se atribuyen a Banksy, el artista callejero más célebre de todos los tiempos. El 16 de febrero la ciudad despertó y vio un cartel publicitario intervenido con decadentes versiones de Mickey y Minnie Mouse. No duró mucho: los propietarios del aviso ordenaron su retiro el mismo día. Tampoco se salvó el niño soldado con una metralleta de crayones, que fue tapado por un anónimo con una mancha de pintura, ni el dibujo de Charlie Brown sosteniendo un bidón de petróleo, que fue cubierto con una lámina de madera. Este caso es curioso, pues el dueño del edificio se habría enterado del valor de la obra de Banksy y ahora no quiere que nadie la estropée.

A cuatro días de los Oscar, Banksy, el inglés de identidad desconocida, está marcando presencia y haciendo campaña en Hollywood. La cinta dirigida por él, Exit through the gift shop (Salida por la tienda de regalos), figura como favorita en la categoría de Mejor Documental. Su fama está avalada por la gran cantidad de celebridades que compran sus trabajos y que van a sus exposiciones. Todo lo que Bank- sy hace no sólo atrae fama, sino también especulación y controversia. El último revuelo tiene que ver con su presencia en la entrega de los premios: Banksy pidió asistir con una máscara de simio que ya ha usado antes para ocultar su identidad. Ayer, la dirección de los Oscar rechazó la idea, porque, según explicaron a la prensa, temen que varios sujetos disfrazados y que se hagan pasar por Banksy irrumpan en el podio a recoger la estatuilla en caso de que gane.

El documental nominado cuenta la historia de Thierry Guetta, un francés que se instaló en Los Angeles en los 80, obsesionado con filmar todo, desde la gente que iba a su tienda de ropa usada hasta su familia. En un viaje a Francia comenzó a filmar a Invader, su primo, bastante reconocido en el mundo del street art. Así despegó su carrera hacia el éxito. Eso, al menos, dice él.

En el 2005, el francés se codeaba con todos los artistas callejeros, excepto uno: Bank-sy, conocido en todo el mundo por intervenir el muro de Gaza. El propio Guetta dice: "Me decían que no tenía teléfono, y que si lo tenía, no me lo darían". Milagrosamente, Banksy viajó a Los Angeles en 2006 y le recomendaron que hablara con Guetta. "Me dijeron que él sabía dónde estaban los mejores muros de LA", ha dicho Banksy, conservando siempre su rostro incógnito.

El artista anónimo cuyas obras valen millones de dólares se encariñó con él, le abrió la puerta de su estudio y vio todas las cintas de Guetta sobre arte callejero. Entonces se le ocurrió hacer un documental sobre cómo se conocieron y cómo el francés dejó de ser un camarógrafo para transformarse en Mr. Brainwash, un artista callejero por derecho propio, cuyas obras ahora se venden en galerías por cientos de miles de dólares.

Desde que Exit through the gift shop se mostró en 2010 en Sundance y la Berlinale, las sospechas llueven: que todo es un invento, que Banksy es el verdadero Mr. Brainwash, o todo lo contrario. Lejos de ser un problema, la dudosa veracidad del documental es parte del juego de Banksy.