Como era joven, Andrés (30) no midió consecuencias. Apenas comenzó a trabajar y se vio con poco tiempo y algo de dinero en los bolsillos, su estilo de vida se desordenó. No más comida sana y a sus horas. Ni hablar del deporte. Todo eso sería reemplazado por churrascos italianos a cualquier hora y snacks a los que nunca les miró la etiqueta nutricional. Eso, sin contar la vida social después de la oficina, siempre matizada por más comida y uno que otro "traguito". A pesar de eso, el diagnóstico tras una ecografía abdominal lo sorprendió: tenía hígado graso no alcohólico, una enfermedad que hace no más de 15 años era patrimonio exclusivo de los mayores de 45. En pocas palabras, había forzado tanto el funcionamiento de su hígado, que lo había puesto al mismo nivel del de una persona mucho mayor.
El problema es que Andrés no es el único. Es precisamente la explosiva alza de esta enfermedad entre personas jóvenes la responsable del aumento de la patología entre los chilenos. Del aumento general dio cuenta el vicepresidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio del Hígado, el gastroenterólogo y hepatólogo del Hospital Clínico de la U. de Chile y Clínica Las Condes, Javier Brahm, quien hace poco realizó un estudio con sus pacientes y concluyó que el 33% de quienes llegan a su consulta lo hacen por hígado graso no alcohólico. Así también lo percibe el gastroenterólogo de la Clínica Alemana, Edgar Sanhueza, quien cuenta que entre 30% y 40% de los pacientes que recurren a consultas con especialistas, lo hacen por esta razón. Hace sólo cuatro años, esta cifra bordeaba el 20%.
El hígado tiene una enorme cualidad: se regenera a una sorprendente velocidad, por lo que basta volver a una dieta equilibrada para que en cosa de meses recuper su salud. Pero el hecho de que hoy sean los jóvenes quienes padecen el cuadro aumenta el riesgo de complicaciones futuras. Esto, porque se trata de una enfermedad silenciosa, sin síntomas, que escasamente puede ser detectada en jóvenes que casi nunca acuden al médico a hacerse exámenes. Además, por su forma de vida, para ellos es mucho más difícil privarse del alcohol y las comidas poco saludables, por lo que su riesgo de recaída después del tratamiento es alto.
Estilos de vida peligrosos
El hígado cumple una serie de importantes funciones, como la síntesis de proteínas plasmáticas, y es el responsable de eliminar las sustancias tóxicas de la sangre, como las que provienen de las comidas altas en grasas o del alcohol. Sin embargo, cuando las toxinas vienen en mayor cantidad que las que puede eliminar naturalmente, éstas se empiezan a acumular en el órgano.
Y esa avalancha de toxinas es el resultado de una alimentación poco saludable, algo que en nuestro país se ha convertido en una peligrosa "moda", sobre todo entre los más jóvenes. La última Encuesta Nacional de Salud reveló que el 39% de los mayores de 15 años tiene sobrepeso y que 300 mil personas padecen obesidad mórbida. Se suma la alerta que emitió el año pasado la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (Ocde), que señaló que Chile es el sexto país con más obesidad infantil.
Bajo estas condiciones de riesgo, que llevan a la hipertensión y alto colesterol, comienza a producirse una alteración llamada resistencia a la insulina. El organismo no procesa adecuadamente el azúcar que se consume a través de los alimentos, la cual se acumula en la sangre de una manera similar, pero menos grave, a la que ocurre en la diabetes. El hígado y el páncreas detectan el exceso de azúcar en la sangre, lo que produce un aumento de la insulina y, finalmente, acumulación de grasa en el hígado.
Cuando las células hepáticas -o hepatocitos- contaminadas con grasa superan el 5% del volumen del órgano, se produce lo que se conoce como hígado graso. Si esta enfermedad no se trata, se puede llegar a producir una inflamación general del órgano (ver infografía) y gatillar otras enfermedades. De hecho, según Marcos Arrese, vicepresidente de la Sociedad Chilena de Gastroenterología y académico de la Escuela de Medicina de la UC, esta enfermedad es un "oráculo metabólico", debido a que quienes la padecen presentan un mayor riesgo de contraer diabetes, daños hepáticos y enfermedades cardiovasculares en el futuro.
El riesgo de la recaída
Según el presidente de la Asociación Chilena de Hepatología, Jorge Contreras, el hecho de que las personas no se pongan amarillas y la ausencia de grandes síntomas no significa que esta enfermedad, de no ser tratada, no sea grave. Sin una adecuada regulación y con el paso del tiempo, la patología puede transformarse en una fibrosis hepática (cicatrices producidas en el órgano por tejido hepático muerto) y terminar en una cirrosis, enfermedad que, equivocadamente, se vincula sólo a las personas que consumen alcohol en exceso.
Pero aun cuando los jóvenes se traten, su riesgo de recaída es alto. Le pasó a Sebastián Arancibia (33), a quien le descubrieron hígado graso hace algunos años. Se cuidó durante seis meses y logró volver a su estado normal. Sin embargo, recayó en un estilo de vida poco saludable y le detectaron otra vez la alteración.
De acuerdo con el doctor Arrese, esta situación se complica también por el desconocimiento que rodea a la enfermedad. Si bien las personas tienen muy claro que las grasas son dañinas, no tienen la misma conciencia respecto del azúcar, por lo que la consumen en bebidas y snacks sin mayor conciencia.
Hoy por hoy, Sebastián ha decidido optar por un estilo de vida saludable y mantenerse sano. "Cuando me lo detectaron, me di cuenta de que no era el fin del mundo, y al final lo que te sugieren es solamente ser sano".
Y en eso todos los expertos coinciden: el mejor tratamiento y lo que tiene más incidencia sobre el hígado graso son los cambios en el estilo de vida. Es decir, que las personas diagnosticadas con la enfermedad hagan actividad física al menos tres veces por semana, especialmente ejercicios aeróbicos (caminar, trotar, nadar, andar en bicicleta), coman saludable, moderen el alcohol y logren bajar de peso.