Desde que asumió como primer ministro de Japón, en diciembre de 2012, Shinzo Abe dio varias señales de que pretendía hacer una revisión de la Constitución pacifista de su país, adoptada tras la Segunda Guerra Mundial y que fue impuesta por Estados Unidos. El objetivo del líder nipón no era otro que darle a Japón un papel militar más relevante y no quedarse atrás en cuanto a peso estratégico, en una región donde la influencia de China aumenta año a año.
Por eso, no habían transcurrido ni seis meses cuando en mayo de 2013 Abe posó en un caza Kawasaki T-4, cuyo número 731 recuerda a la unidad secreta japonesa que efectuó letales experimentos químicos y biológicos con chinos, coreanos y soviéticos durante la Segunda Guerra. Luego, visitó un santuario que rinde homenaje a los 2,5 millones de japoneses caídos en diferentes conflictos y que es motivo de controversia desde que se inscribieran, en 1978, los nombres de 14 personas juzgadas como criminales de guerra en 1945 por los aliados.
Desde entonces, no hay dudas del enfoque nacionalista de Abe. En este marco y en un discurso televisado a todo el país, el premier propuso modificar la interpretación del Artículo 9 de la Carta Magna, que prohíbe expresamente el uso de la fuerza para resolver disputas internacionales, e incluso dejó la puerta abierta a una reforma constitucional.
Este artículo, redactado bajo la ocupación estadounidense, contempla la renuncia japonesa a tener Ejército y a declarar la guerra a otro país. Sin embargo, se permite tener fuerzas de autodefensa y responder militarmente en caso de un ataque. Desde la década del 60, Estados Unidos ha desplegado miles de tropas en Japón, como una forma de garantizar su seguridad.
La idea de Abe es revisar este punto para que las fuerzas japonesas puedan ayudar militarmente a sus aliados ante una eventual amenaza, más allá de su territorio. Este sería el mayor giro de la política de defensa de Japón desde 1949. "Debemos estudiar si la actual interpretación de la Constitución es suficiente para proteger a las personas y sus vidas pacíficas", dijo Abe.
El anuncio ocurrió después de que el líder nipón recibiera el informe de un panel, nombrado por el gobierno, que recomendó reinterpretar la Constitución pacifista, para permitir el uso de la fuerza militar para defender otros países. ¿El telón de fondo? El reporte cita la amenaza nuclear de Corea del Norte y el creciente gasto militar de China. En 2013, Beijing aumentó sus gastos militares en un 7,45%, lo que le permitió sumar un gasto militar de US$ 188 mil millones.
La creciente presencia de China incluso ha generado roces entre ese país y otros estados. Es el caso de Vietnam, donde esta semana se han producido protestas antichinas gatilladas por un incidente entre los dos países en el mar. Los incidentes han dejado dos ciudadanos chinos muertos y 90 heridos.
En el Pacífico hay varias disputas territoriales. Tal es el caso de las islas Senkaku/Diaoyu reclamadas por Tokio y Beijing, un islote disputado por Seúl y China, o unas islas por las que se enfrentan Tokio y Seúl.
Según The Associated Press, "Japón ha relajado gradualmente las restricciones del Artículo 9 en los últimos años para permitir el despliegue de tropas en el extranjero en circunstancias limitadas, pero nunca para utilizar sus armas para combatir por los demás".
Los analistas estiman que la propuesta genera reparos y dudas al interior de la coalición gobernante. Cualquier revisión de la Constitución requiere una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Parlamento y, además, un referendo nacional. La idea de Abe es concretar el cambio antes del 2020.
"Hay un malentendido de que Japón volverá a ser un país que declara la guerra, pero eso nunca va a suceder", dijo Abe, en un aparente intento por apaciguar críticas internas, pero también de sus poderosos vecinos. "Japón se aferra al compromiso pacifista", señaló. De todos modos, advirtió que hay países que ejercen "la fuerza unilateral", lo que obliga a "vigilar las aguas japonesas las 24 horas".