Con ceremonias desarrolladas en todo el país, Japón celebró ayer los 50 años del Shinkansen, el tren de alta velocidad símbolo del boom económico y el renacimiento de la posguerra. El llamado "tren bala" nació como el más rápido del mundo, con una velocidad máxima de 210 kilómetros por hora y capaz de recorrer en sólo cuatro horas los 515 kilómetros que separan a Tokio de Osaka. Previo a su inauguración, el viaje entre ambas ciudades duraba siete horas.
Desde su inauguración, la línea Shinkansen ha transportado un total de 5.600 millones de pasajeros y su retraso promedio anual no pasa de los 30 segundos.