La casa Curutchet, en la ciudad de La Plata, es la única edificación que el afamado arquitecto Le Corbusier realizó en Argentina. Fiel a sus principios, el artista franco-suizo diseñó una edificación de líneas simples, que buscaba fundir el goce estético y la funcionalidad. Pero algo falló.
"La casa está abierta hacia el exterior, no tiene intimidad ni seguridad", explica el cineasta argentino Gastón Duprat. "Le Corbusier no consideró que la realidad latinoamericana es distinta a la europea, y la casa simplemente dejó de habitarse", dice. El realizador conoce bien la historia de la famosa edificación encargada por el cirujano Pedro Domingo Curutchet, en 1948, ya que filmó allí El hombre de al lado, premiada cinta que incluso estuvo nominada al Goya a mejor filme iberoamericano el 2010.
La cinta de Duprat -realizada junto a Mariano Cohn-, narra una historia entre el habitante de la casa, un diseñador sofisticado y culto, y su vecino vendedor de autos, quien abre un boquete en el muro que los separa, liberando con ello la existencia de mundos radicalmente opuestos.
El hombre de al lado es una singular reflexión de los espacios arquitectónicos y su coexistencia con las personas. De ello habló el cineasta el jueves recién pasado el ciclo La ciudad y las palabras, organizada por el Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos UC y realizado el pasado jueves.
En la actividad, realizada en el Campus Lo Contador de la UC y apoyada por La Tercera, Duprat explicó que a simple vista, la película cuenta "un problema entre vecinos, pero que va más allá al presentar a la casa como un personaje más, que se ponía en evidencia sola, incluso con sus defectos. La casa es genial, pero sus supuestos méritos quedan en entredicho al desplazarse el foco hacia la rivalidad entre los vecinos, y el miedo y la envidia que nace entre ellos", resumió el cineasta ante los alumnos e invitados a la conversación, que contó con la introducción de la crítica de cine argentina Graciela Speranza y la moderación del Director del Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos UC, Fernando Pérez.
De cierta manera, la película es una consecuencia de la preocupación de Duprat por la ciudad y cómo los habitantes se relacionan en ella. En 1999 realizó el que en sus palabras fue "el primer reality show de la televisión mundial, donde hacíamos un "delivery", llevando la cámara donde las personas nos pedían para que los filmáramos haciendo un reclamo, un mensaje o un aviso. Eso se replicó luego en el mundo", cuenta. Luego, en el 2001, creó un canal de TV, Ciudad abierta, donde filmó situaciones y ciudadanos en su propio hábitat, en tiempo real.
El punto en común con El hombre de al lado, según el cineasta, es que la gente desde sus casas tiene un mayor caudal expresivo, inteligencia y refinamiento intelectual de lo que se cree. "Incluso más que la mayoría de los presentadores de televisión", sostiene.
Así, la película muestra al vecino distinto o la otra cara de la realidad. "Es como una especie de desenmascaramiento. En una ciudad se está expuesto a ese tipo de contradicciones, y a la aceptación de convenciones ridículas, pero que pasan por naturales, como el dormir a 20 centímetros de una persona, pared mediante", finaliza.