La Navidad es un tema recurrente en el mundo del cine, pues la festividad es escenario de una serie de clásicos que año a año llegan a nuestras pantallas con mensajes de paz y amor. Pero también hay varias propuestas que buscar subvertir esa idea.

En un mundo en donde las listas de las mejores películas navideñas es una constante, en La Tercera buscamos entender la Navidad a través de algunas de las obras cinematográficas más populares.

  • La vida puede cambiar en Navidad

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Es el significado más recurrente en las películas navideñas, cortesía de las bases que sentó Charles Dickens con Un Cuento de Navidad. A grandes rasgos, puedes ser un jefe que humilla a tus empleados, un mal hijo o incluso alguien completamente desalmado con el resto. Pero el completo olvido será el peor de los castigos.

En Los Fantasmas Contraatacan (1988) rescatan ese concepto, así como en decenas de otras películas que toman dicha idea base, para generar una clásica advertencia con el rostro de Bill Murray: si no cambias sinceramente tu mal camino, te vas a ir, solo y arrepentido, directo al ataúd.

  • Hay que valorar lo que uno tiene en Navidad

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Con el tiempo otras películas han ido ganándose el espacio de repetición televisiva que antes tenía Qué Bello es Vivir (1946). Pero este sigue siendo un clásico imperdible para rescatar el espíritu de paz y amor que mejor define a la Navidad.

La historia de George Bailey no solo hace un llamado a valorar lo que uno tiene, ya que en cualquier momento esto puede desaparecer, sino que también es un llamado a hacer el bien, sin esperar nada a cambio. Cuando menos lo esperas, quizás, otras personas tendrán el gesto de reconocer y ayudar cuando más lo necesites.

Mi Pobre Angelito (1990), en ese sentido, tiene el éxito navideño precisamente por seguir ese tipo de mensaje, pero claro que con trágicas y tristes consecuencias para los bandidos mojados.

  • El consumismo es el peor enemigo de la Navidad

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Aunque los regalos navideños están entre los más esperado de la jornada, estos no siempre son lo mejor. De hecho, pueden llegar a ser algo que tengamos que lamentar. Gremlins (1984) es una fábula anti-consumismo que demuestra que el terror de la locura de las ventas, y la búsqueda incansable de los regalos especiales, puede transformarse en una verdadera pesadilla verde que destruye sueños... y pueblos completos.

Más aún, quizás los regalos pueden ser en primera instancia tan bonitos como Gizmo, pero el hecho de regalar para demostrar cariño puede ser también un acto de simple codicia a la hora de esperar la retribución de vuelta.

  • Nada es imposible en Navidad

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Love Actually (2003) deja en claro que, como bien decía Nicolás Massú, nada es imposible. El engaño puede ser perdonado, también llevar una mala canción al número uno. Ni hablar de lograr que un hijo aprenda a tocar batería en un solo día y, como premio, conocer en la mañana siguiente a Claudia Schiffer.

Pero todo queda mejor ejemplificado en Colin, el personaje de Kris Marshall, quien viaja a Estados Unidos para cumplir el sueño del pibe, conociendo espectaculares mujeres que sienten atracción en un santiamén por un tipo común y corriente. En Love Actually realmente todo puede pasar, hasta cosas tan irreales como ese último ejemplo, y eso ha transformado a esta película en un clásico romántico contemporáneo.

  • No debes dejar que nadie te arruine la Navidad

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Duro de Matar (1988) es una película situada en Navidad que no es sobre Navidad. Pero eso no implica que no sea una de las mejores opciones para ver en esta fecha gritando el clásico Yippie kay-yay.

La historia de John McClane demuestra que ni un montón de gente, por muy terroristas que sean, pueden arruinar la Noche Buena. Lo único que importa es llegar al final del camino, sorteando todas las adversidades del mundo, para abrazar bajo una manta a aquella persona que más te importa. Llegar ahí, aún teniendo todo en contra, es la mejor recompensa de todas.