El 30 de mayo de 1962, Chile vio realizado un sueño antiguo. Un sueño del que participaron todos. Dirigentes, futbolistas, aficionados y sociedad en general. El Campeonato Mundial de Fútbol Copa Jules Rimet hizo escala en su territorio por primera y hasta ahora única vez en su historia. Pero todo en aquella organización tuvo, a fin de cuentas, ribetes históricos.

Fue histórico que el torneo, largamente peleado y al final adjudicado al país tras un postrer gallito con la vecina Argentina, pudiese incluso llegar a celebrarse. Porque hubo que trabajar arduamente en las infraestructuras. Y porque a falta de sólo dos años para el arranque de la justa, a la tierra le dio por temblar como jamás lo había hecho antes.

"Lo que más recuerdo del Mundial es la posibilidad que tuve de jugarlo con 21 años y cómo se peleó para poder organizarlo. Después de un gran terremoto como el que tuvimos el año 60 (el de Valdivia, de magnitud 9,5 Richter), lo teníamos todo en contra para hacer un Mundial. Se hizo todo a pulso. Teníamos cuatro hoteles para 16 equipos. Fue el Mundial de todos", sentencia al respecto Humberto Chita Cruz (77), uno de los 13 seleccionados chilenos que todavía viven para contarlo.

Y que cada 30 de mayo acuden en romería a la tumba de Fernando Riera, en el Parque del Recuerdo, "para visitar al maestro", nombre que todavía emplea Sergio Navarro (capitán de aquella Roja) para referirse al seleccionador. "Iremos los de siempre, los que vamos quedando, y compraremos lo de siempre; dos canastillos, cuanto más grandes mejor, y una corona", ahonda, en relación al tradicional homenaje, otro de los pesos pesados de aquel plantel, Leonel Sánchez (81), estrella rutilante del combinado criollo y uno de los seis máximos goleadores que tuvo aquel certamen.

Un campeonato que vio coronarse a Brasil por segunda vez y en el que Chile logró la mejor clasificación de su historia al vencer a Yugoslavia por el tercer lugar, merced al solitario e inolvidable tanto de Eladio Rojas. "Y lo que mucha gente no sabe es que Yugoslavia, que era la campeona olímpica, también tenía un gran equipo. Y cuando jugamos contra ellos, en una época en la que no había cambios, se nos lesionaron tres jugadores, Manuel Rodríguez, (Carlos) Campos y (Jorge) Toro. Y Chile le ganó a Yugoslavia jugando con ocho jugadores todo el segundo tiempo", matiza, respecto de aquel duelo, el Checho Navarro, a quien no parecen pasar factura, en materia de memoria, sus 81 años. Y no es para menos, pues es el patrimonio inmaterial, el terreno de los recuerdos, la patria que viven y la que todavía conservan la mayoría de los ex seleccionados chilenos.

De lo material queda más bien poco y, en general, en manos de terceros. Es el santiaguino Museo de la Moda el que atesora la colección mejor conservada de reliquias del 62. Un vasto compendio histórico de camisetas y zapatos de la justa, platos conmemorativos con los rostros de todos los integrantes de la delegación chilena, pelotas de fútbol oficiales, afiches, banderines, documentación de todo tipo e incluso grabaciones de los relatos de Julio Martínez en formato long play.

Un tesoro para coleccionistas comparable tan solo al que conserva, a título individual, la ex ministra y ex senadora Soledad Alvear, hija del dirigente chileno de la época Ernesto Alvear, uno de los tres grandes gestores de la organzación del certamen, junto a Juan Pinto Durán y Carlos Dittborn, malogrados, estos últimos, antes del inicio del torneo. La familia Dittborn ha logrado resguardar también alguna pieza de valor de aquel Mundial del inexorable paso del tiempo.

Pero es poco o nada lo que conservan hoy de aquellos días los futbolistas, los verdaderos protagonistas del evento. "A ver, ¿qué tengo yo?", se pregunta en voz alta Braulio Musso (87), otro de los seleccionados nacionales: "Recortes de prensa en alguna parte, sólo eso. Pero tengo recuerdos más humanos que de fútbol del Mundial. Como cuando Fernando Riera no quería salir del camarín después del último partido. Todos le pedían que saliera a saludar y él no quería. Al final tuvimos que sacarlo en hombros".

"Del Mundial recuerdo el partido contra Italia, que fue una guerra mundial. Ellos creyeron que podían ganar de guapos y se equivocaron. De lo demás no guardo nada. Tengo hijos y se lo llevaron todo ellos. Tengo una foto pequeña de aquella selección, el resto está en la memoria", explica Sergio Navarro. Y Leonel Sánchez, siguiendo la misma línea argumental, refrenda: "Examinando un cajón me encontré unas revistas del Mundial, pero todo lo que tenía, que no era mucho, se lo regalé a mis nietos. Me queda el puro recuerdo".

Y la explicación a tal vacío parece encontrarla el Chita Cruz: "Al terminar el último partido, Humbertito, el utilero, nos quitó las camisas, los zapatos, todo. No nos quedamos con nada. En esa época casi no podíamos intercambiar cosas. Teníamos dos juegos de camisas, no era como ahora. Yo me quedé con un saco de café que regalaban los brasileños. Pero no importa, la gente disfrutó, el país disfrutó. Nos propusimos enseñarles a todos dónde estaba Chile. Y creo que lo conseguimos". Cincuenta y cinco años después del mayor éxito conquistado por la Roja en una cita planetaria, todos saben dónde está Chile. Y que es de bronce.

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Los zapatos de Jorge Toro.