De pronto, las sirenas del barco comienzan a resonar por, al menos, un minuto. Cada embarcación debe anunciarse por una cuestión de seguridad, pero más que nada, por tradición, ya que es el mítico Estrecho de Magallanes. Vamos arriba del Forrest, un barco de 27 metros de eslora, recién restaurado para el turismo y que realiza una travesía que no deja de sorprender en sus tres días de duración. Promete convertirse en la gran atracción del verano, tiene argumentos para hacerlo, ya que en los pocos viajes inaugurales que realizó a comienzos de este año, sumó buenos comentarios, gracias a su servicio y excursiones.

Y porque navegar el Estrecho de Magallanes hoy sigue siendo una excelente aventura y una de las mejores maneras para conocer la fauna marina de la Patagonia.  Y en su extremo occidental, el Parque Marino Francisco Coloane es, sin dudas, el mejor lugar para ver ballenas en todo Chile.

El Forrest no pretende ser lujoso, pero sí tiene la ventaja de ser muy cómodo, con una cubierta amplia, un comedor calefaccionado -como el resto de sus dependencias-, donde pueden ir sentadas 40 personas, camarotes confortables para 20 personas y  buena comida. Además, se lanza con  ofertas para los turistas nacionales (www.expedicionfitzroy.com, teléfono: 61*- 613933) que van desde los $ 437.000 por dos noches e incluye traslados desde Punta Arenas, todas las comidas, bar abierto y excursiones.

Desde noviembre parte con sus primeras salidas cortas y, a partir de diciembre, comienzan los viajes de tres noches para ver a estas gigantes de 17 metros y 40 toneladas. Además, con una novedad: se harán safaris fotográficos. "Estos viajes están diseñados en rutas y tiempo adecuados para que fotógrafos profesionales y aficionados capturen imágenes únicas de estos parajes. Son diferentes navegaciones con variedad de escenarios, con charlas y capacitaciones sobre técnicas fotográficas", dice Juan José Salas, gerente de Fitz Roy Expediciones, dueños del barco.

Explorar, recorrer y salirse del itinerario establecido para entrar a otros lugares (obviamente, cuando las condiciones del tiempo y seguridad lo permitan) son los ideales que motivan este nuevo barco. Por ello, también lleva zodiac, así los pasajeros pueden alcanzar con mayor facilidad los atractivos que aparecen en la ruta. La idea aquí es identificarse con el capitán Fitz Roy, quien recorrió por primera vez estas costas a principios del siglo XIX a bordo del Beagle.

Aquí se han registrado unas 100 ballenas jorobadas, que son bastante fáciles de ver, y no una, sino varias veces, aunque obviamente el avistaje no se puede garantizar.

TRAS LAS GIGANTES DEL MAR
Se sabía que las ballenas jorobadas migraban por el Pacífico desde las aguas cálidas de Centroamérica hasta las gélidas aguas antárticas para alimentarse. Pero un grupo de científicos chilenos descubrió que algunos ejemplares prefieren las aguas de este lugar. Es decir, migran juntas desde la Línea del Ecuador, pero por alguna razón aún desconocida, algunas deciden quedarse en el Estrecho de Magallanes y otras siguen hasta la Antártica. Suceso que convierte esta zona en el único sitio del hemisferio sur donde se alimentan ballenas jorobadas fuera del continente blanco.

La otra alternativa para conocer las ballenas de este lugar es con la empresa Whalesound (www.whalesound.com, teléfono: (61) 710511), quienes poseen un ecocamp y una estación científica en la isla Carlos III. En el Esturión, un rápido barco de 15 metros, camarotes y cocina, realizan las excursiones, además de varios botes inflables, más rápidos y maniobrables, que sirven para el avistamiento.

El campamento tiene capacidad para 12 personas y la mayoría de los visitantes son entusiastas extranjeros, que vienen exclusivamente a observar y estudiar ballenas. Una buena forma de combinar ciencia y turismo (desde $ 480.000 p.p. tres días, todo incluido, traslados desde Punta Arenas).

Magdalena: la isla de los pingüinos

Recién Conaf abrió la temporada de pingüinos magallánicos en Isla Magdalena, la colonia más grande en Chile de estas aves, con cerca de 200 mil pingüinos. Hasta hace muy poco, los turistas que visitaban Punta Arenas sólo conocían las pingüineras de Seno Otway, mucho más pequeñas (alrededor de 8 mil ejemplares) y donde las aves se encuentran muy dispersas. Isla Magdalena era privilegio de sólo los que llegaban en un crucero, pero ahora las empresas Waia Expeditions (www.waiapatagonia.com, teléfono: 61-222695) y Solo Expediciones (www.soloexpediciones.com, teléfono: 61-26228) están llevando pasajeros en forma regular, incluso con dos o tres salidas diarias (desde US$ 76 y US$ 70 p.p., respectivamente, que incluye traslado, navegación y snack a bordo).

El resultado ha sido todo un éxito y no es de extrañar que pronto esta isla se convierta en uno de los imperdibles de la región.

La isla está a 35 kilómetros de Punta Arenas y se puede conocer recorriendo un sendero de 800 metros que pasa entre los nidos. Al paso de los turistas, algunos pingüinos se arrancan y caminan torpemente rápido; otros son muy curiosos y se dedican a observar cada movimiento humano, ladeando la cabeza de un lado a otro; otros duermen y no se inmutan, y en muy contadas ocasiones, alguno se envalentona y trata de picotear los zapatos de algún visitante.

En general, la travesía para llegar demora una media hora, pero también pueden ser dos. Todo depende del viento y del clima cambiante, pero sea como sea, la navegación en sí ya es una buena aventura, que da la oportunidad de ver toninas overas, delfines australes; aves como petreles, cormoranes y albatros, y permite conocer la faceta de nadadores de los pingüinos que sorprenden por sus habilidades en el agua. Muy contraria a la imagen torpe que se les ve en tierra.

Los pingüinos pasan la mayor parte de su vida dentro del mar y casi nunca tocan tierra, excepto en la época de crías y para mudar su plumaje. Con la llegada del otoño, dejan su lugar de reproducción en busca de aguas un poco más tibias. Pero cada año regresan con una puntualidad impresionante, para deleitar a todo aquel que tiene la suerte de visitarlos en su casa patagónica.

Toninas en Punta Delgada: Saltos en blanco y negro

"¡Están justo acá abajo!", avisa un pasajero haciendo señales. Los curiosos se desplazan rápidamente por el barco y empiezan a disparar con sus cámaras. Son cinco ejemplares, nadando entre las estelas que va dejando la embarcación. Saltan, se sumergen, vuelven a saltar y vuelven a sumergirse. Pero siempre se dejan ver bajo el agua, porque nadan a escasos centímetros de la superficie. Son muy rápidos y sus colores en blanco y negro, muy llamativos. Esta vez acompañan el ferry casi todo el viaje entre el continente y Tierra del Fuego, para luego sumergirse en las profundidades del Estrecho. No es raro ver este espectáculo que realizan las toninas overas, pero son pocos los que saben el dato. A 170 kilómetros de Punta Arenas se encuentra Punta Delgada, lugar donde se toma el ferry para ir a Tierra del Fuego. Desde acá es cosa de resistir un poco el frío, tener una dosis de suerte y observar a lo largo de la embarcación si aparecen estos delfines, uno de los más pequeños, desconocidos y hermosos del mundo. Informaciones: http://www.tabsa.cl/Html/Primera_Angostura.php