Hay partidos y partidos. Triunfos buenos y triunfos claves. El de Deportes Iquique, el líder exclusivo, cae en el segundo nivel. Porque frente a Wanderers, uno de los animadores del Apertura, los nortinos tenían una prueba de fuego y la sortearon con éxito rotundo, con un 3-0 que pudo y debió ser más abultado.

¿Por qué un partido clave? Porque de ganar, los porteños se ponían a dos puntos del puntero y con un partido menos. Y porque los dueños de casa sufrían cuatro bajas titulares que llenaban de incertidumbre la previa.

Jaime Vera, pillo como su apodo, reordenó el equipo. Armó una línea de cuatro con Charles como lateral izquierdo, y en el medio paró dos volantes de mucho recorrido, Caroca y Davila, que se adueñaron del campo.

Pero la figura más importante del campo fue el enlace: Diego Torres. Un jugador acostumbrado a la banca, pero que recibió la responsabilidad por la lesión de Gonzalo Bustamante.

Torres respondió como un crack. En el primer tiempo hilvanó casi todas las jugadas de ataque de su equipo, mal cerradas por sus compañeros. El descanso debió llegar con ventaja local, pero no fue así.

En el complemento, sin embargo, al argentino le tocó definir. Mostró una clase enorme a los 50' y con una volea impresionante desde fuera del área dejó parado a Castellón. Quizás el mejor gol del campeonato. Y a los 60, la zurda del enganche volvió a prender fuego para el 2-0. Brillante, salvo por la amarilla que se ganó por sacarse la camiseta tras la primera conquista.

Wanderers quedó noqueado. La victoria ya estaba en las manos del conjunto Dragón. Sólo quedaba la guinda, obra de Alvaro Ramos, quien se sacó a Castellón y cerró el rotundo 3-0.

Ya no se puede hablar de suerte ni de sorpresa. Iquique es más líder que nunca y con justicia. Quedan cinco partidos para la hazaña de un modesto club del norte de Chile. Iquique se la merece.