"¿El último hit de Lady Gaga, U2 o Justin Bieber?", se pregunta Oscar Hahn a partir del registro de 10 millones de reproducciones en YouTube. Pero no. El poeta se refiere al Poema 20 de Pablo Neruda dispuesto para los oyentes en internet.

"¿La poesía un arte moribundo? Encienda su computador, amigo. Ahí está, vivita y chateando entre millones de megabytes", anota el último Premio Nacional de Literatura (2012) en una columna incluida en el libro Pequeña biblioteca nocturna.

El nuevo ejemplar, editado por el Fondo de Cultura Económica, reúne más de 60 textos y ensayos, que Oscar Hahn ha publicado en los últimos cinco años, en diferentes medios de prensa y revistas en Chile y el extranjero. Una especie de autobiografía atravesada por la contingencia y el conocimiento literario del autor de títulos como En un abrir y cerrar de ojos y doctor en filosofía.

"Siempre he sido un buen lector de cuentos y de ensayos y un admirador de la prosa bien escrita", dice Hahn, quien se instaló nuevamente en el país en 2008, luego de vivir más de 30 años en Estados Unidos, donde fue profesor en la Universidad de Iowa.

Autor de una docena de libros de poesía, su narrativa es breve, pero clave. Incluye la Antología del cuento fantástico hispanoamericano y los ensayos Magias de la escritura.

En Pequeña biblioteca nocturna, Hahn une lo culto y lo popular. En el escrito Poderoso caballero parte hablando de la serie televisiva El patrón del mal y luego analiza cómo la poesía se ha ocupado del dinero como tema "desde tiempos inmemoriales", y nombra al Arcipreste de Hita hasta Octavio Paz.

Y en varios textos, Hahn narra un episodio terrible en su vida ocurrido hace 40 años: "Una patrulla de soldados llegó a mi casa en Arica, me sacó a punta de metralleta, me sometió a toda clase de golpes y vejaciones y me encerró en la cárcel de esa ciudad", anota en La sombra de Borges.

Además, Hahn relata en su nuevo libro memorables encuentros y anécdotas con poetas y narradores como Pablo Neruda, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Teillier, José Donoso, Raymond Carver, Joseph Brodsky y Borges.

Más allá de sus labores académicas, ¿cómo ha sido su relación con la narrativa?

Las primeras lecturas que recuerdo eran en prosa. Desde luego, los clásicos de la literatura infantil. Y no fue por poco tiempo, porque la poesía sólo la descubrí a los 16 años. Al principio escribí algunos cuentos, pero los encontré malos. Algunos amigos me han dicho que muchos de los artículos de Pequeña biblioteca nocturna parecen cuentos y lo mismo con respecto de ciertos poemas. A lo mejor soy un cuentista malogrado que encontró otras vías para expresarse.

¿Se siente influido, en su poesía y prosa, por la cultura popular?

Películas o programas de televisión que he visto, canciones que he escuchado, noticias de la prensa, telenovelas, todo eso ha ido a parar a mi arsenal interno. No es que deliberadamente busque incluirlos. Aparecen espontáneamente, porque terminan siendo parte de lo que soy, igual que mis lecturas, mis experiencias de vida o la llamada "alta cultura".

¿Qué ha sido lo más difícil de adaptarse al Chile de hoy?


Iowa City tiene sólo 60 mil habitantes, aire puro, la gente es muy amable y relajada y, además, hay una comunidad intelectual de alto nivel, gracias a la Universidad de Iowa. Santiago está en las antípodas de todo eso, así que es fácil deducir por qué me ha costado y me cuesta adaptarme. Pero el mundo yo no lo veo en blanco y negro. Aquí también he encontrado cosas positivas. Además, cuando vivía en Chile, la mayor parte de mi vida la viví en provincia. Digamos que soy un provinciano en la capital, como Martín Rivas.