Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición aniversario 50 años.

La primera vez que me pregunté si debía congelar óvulos fue después de entrevistar a Bárbara Rebolledo, en febrero de 2016, con quien tuvimos una conversación muy profunda sobre la maternidad en una sala pequeña en TVN. Me habló de que se había casado a los 38, tenido a sus mellizas a los 40 y de lo mucho que le costó ser madre. Me dijo: "Si hubiera sabido cuando joven que existían esos procedimientos, habría congelado óvulos. Porque con los años la búsqueda de pareja se vuelve en un suplicio: miras a cualquier hombre que se te acerca como potencial salvarodr o papá de tus hijos. Es agotador".

No sé por qué, pero sus palabras me resonaron. Entonces tenía 26, llevaba unos meses soltera y tenía la sensación de que iban a tener que pasar muchos años, incluso décadas antes de que conociera a alguien y me enamorara otra vez. También pensaba que es terrible hacer ese cálculo mental de que tienes que encontrar pronto a un hombre para tener un hijo porque los años pasan y luego será tarde. El reloj biológico no es mito, es biología. La fertilidad decae con los años. Es muy duro.

Con esta chicharra en la cabeza, me pongo a leer del tema y descubro algunas cosas: la técnica de vitrificación existe desde el 2006 en Chile. Tienen indicación médica de hacérselo para preservar su fertilidad, las mujeres con cáncer que van a recibir quimioterapia o las que tienen endometriosis o falla ovárica prematura; aquí no hay edad mínima para hacérselo, sino que queda a criterio del médico y del caso a caso. Sin embargo, hay otro público demandando esta técnica: mujeres sanas que quieren retrasar la maternidad, pero no renunciar a ella. En este grupo hay mujeres solas, pero también en pareja y casadas. Converso de esto con mis amigas, tomándonos un trago. "¿Qué opinan si congelo óvulos?", les pregunto. La respuesta es: "Estás loca. Somos muy jóvenes para pensar en eso".

Larga vida a los óvulos

Un año y medio después, llego a la Clínica IVI, en Alonso de Córdova, donde practican medicina reproductiva y tratamientos de fertilidad. Es una clínica que parece sacada de un capítulo de la serie Black Mirror. Hombres con delantales blancos en las salas y secretarias con traje ejecutivo concentradas en sus computadores como si estuvieran programando un despegue de la Nasa. Me siento en el 2100. En la sala de espera veo a cuatro parejas. No sé si de sugestionada, los noto a todos tensos. "¿Por qué situación estarán pasando? Esa pareja de allá, ¿será infértil? Y esa mujer, frente a mí, ¿querrá, como yo, congelar óvulos", me pregunto.

Hace unos meses, mi editora buscaba a una periodista que escribiera sobre el proceso que vive una mujer que quiere congelar óvulos. No dudé en ofrecerme: me pareció que era el momento justo. Tengo 28 años, una pareja estable con la que me proyecto, pero no puedo ni quiero tener hijos en el corto plazo.

–Señorita Hirane, pase –dice la secretaria.

Sale a recibirme el doctor Carlos Troncoso, director de IVI y presidente de la Sociedad Chilena de Medicina Reproductiva. Notando mi nerviosismo, me pregunta por qué he venido a su consulta.

–Porque tengo 28 años. El próximo año me voy a cursar un posgrado fuera de Chile. Es decir, falta para que entre en plan maternidad y me pregunto si debería congelar óvulos.

–Cualquier mujer que quiera embarazarse después de los 35 años, sin duda, es mejor que guarde óvulos. Y la edad idónea para hacerlo es entre los 20 y los 30.

–¿Ah sí? ¿Y por qué?

–Por la cantidad y calidad de los óvulos que, si se congelan, conservan las propiedades de la edad en la que se guardan. Si congelas óvulos a los 28 para embarazarte a los 35, te riges con las probabilidades de los 28: alta probabilidad de embarazo, baja probabilidad de aborto espontáneo, baja probabilidad de fallas genéticas.

El doctor me da una clase de biología. Me explica que la mujer nace con cerca de 2 millones de óvulos y los va perdiendo progresivamente, día a día. En la primera regla, entre los 12 y 14 años, le quedan alrededor de 400 mil. A los 38 le quedan cerca de 40 mil. A los 40, 15 mil, y se acaban entre los 45 y 50, cuando llega la menopausia.

–No es lo mismo congelar óvulos a los 28 que a los 35. A los 35 todavía se puede, pero hay menos óvulos y de menor calidad.

El doctor me hace muchas preguntas: si mis ciclos son regulares, si tengo dolor menstrual. Le cuento que desde que dejé los anticonceptivos, un año y medio atrás, he tenido dolores de ovarios muy fuertes que, incluso, en algunas ocasiones me dejan inhabilitada.

–Eso tiene cara de endometriosis. En ese caso tienes indicación de criopreservar óvulos: para postergar tu maternidad, pero también porque  tienes un factor de riesgo de daño de la reserva ovárica.

Me pregunta por mi historia familiar. Me dice que las hijas suelen parecerse a las madres en sus comportamientos reproductivos.

–Ah, qué bueno, porque mi mamá era súper fértil: tuvo tres hijos y siempre cuenta que no le costó nada quedar embarazada.

–Claro, pero seguramente ella a los 28 años ya tenía una o dos guaguas.

–Es cierto, a mi edad mi mamá estaba embarazada de su tercer hijo.

El médico me da unas órdenes para hacerme unos exámenes de sangre para medir unas hormonas y para hacerme una ecografía.

Salgo de la consulta angustiada por la posibilidad de tener endometriosis y considerando seriamente congelar. Llamo a mi pololo, a quien no le había mencionado nada al respecto y le suelto todo de golpe. Algo descolocado, tratando de entender muchos conceptos nuevos para él, me dice que lo evaluemos con tiempo, que no hay que tomar una decisión ahora. Me alivia saber que tengo su apoyo.

Antes de irme, una secretaria me entrega una carpeta con un presupuesto del tratamiento, que consiste en una estimulación hormonal previa a la intervención, la punción para extraer los óvulos, la vitrificación y desvitrificación. Todo cuesta  $1.560.000 y se puede pagar en cuotas. Calculo, cuesta lo mismo que un MacBook último modelo o unas vacaciones en el extranjero.

Ese mismo día, en la celebración del cumpleaños de mi hermana, les cuento a mis papás que estoy evaluando congelar óvulos antes de irme a mi posgrado. Mi papá, extrañado, me dice: "Hija, tienes mi apoyo, pero ¿es necesario?, ¿no es un poco exagerado?". Mi mamá, más open mind, me hizo más preguntas, me volvió a decir que ella había sido tan fértil, que a mí no me iba a costar cuando lo intentara. Le conté el tapaboca del doctor Troncoso al respecto y nos reímos las dos.

2 millones de óvulos tiene la mujer al nacer. 400 mil quedan en la primera regla. 15 mil quedan a los 40 años.

Social Freezing

Decido consultar otra opinión. Entro un día martes a la hora de almuerzo a la consulta del doctor Pablo Sanhueza, ginecólogo de la Clínica Alemana y le cuento mi dilema.

–Mi mejor consejo es que no pospongas tanto la maternidad. Estas técnicas no garantizan de ninguna manera el embarazo futuro. Lo peor que se le puede decir a una paciente es que guardando óvulos tiene asegurada la fertilidad. Su respuesta me deja para adentro.

El doctor Sanhueza –que es bastante joven– y me explica que el tratamiento utiliza dosis hormonales potentes e implican un riesgo de sobreestimulación, que hay que hacer una punción para sacar los óvulos, que existe el riesgo de dañar el intestino, el útero, la vejiga que están alrededor del ovario. Y me habla un montón de rato sobre este procedimiento.

–Hoy las mujeres están congelando por razones sociales. Lo que en papers y revistas científicas llaman "social freezing", –dice.

Y se larga a darme una descripción de cómo son esas nuevas mujeres que aplazan la maternidad: chilenas que está buscando ser profesionales, tener un buen trabajo, después ojalá ser la jefa, agarrar una posición dentro de sus carreras. Me dice que muchas son solteras. Pero también casadas o con pareja que antes de tener hijos quieren viajar o estudiar afuera.

–El problema es que la sociedad y el rol de la mujer ha evolucionado y ha trasladado la maternidad hacia edades mayores, pero el ovario no ha evolucionado con ellas –dice.

Salgo de su consulta pensando que quizás lo más sensato es no postergar tanto la maternidad. Si tengo pareja, nos proyectamos. ¿No será un capricho proyectar ser madre después de cumplir todos mis planes?

Contando folículos

La noche antes de hacerme la ecografía que me indicó el doctor Troncoso, no duermo casi nada. Me imagino lo peor: que el doctor va a examinarme y voy a ser un caso rarísimo, no voy a tener un solo óvulo, o se va a dar cuenta de que tengo un tumor gigante en el útero. ¡Ufff! Lo paso mal. En ese insomnio decido que si se corrobora que tengo endometriosis, voy a congelar sí o sí. Entro a Google, pongo endometriosis y quedo peor: endometriosis e infertilidad son conceptos que se entrelazan.

Al día siguiente estoy igual de tensa que las demás parejas en la sala de espera. Mastico chicle, muevo los pies en círculos. Me llama el doctor para que pase a su consulta y empieza la ecografía.

–Este es tu útero y se ve normal. Esta es la cavidad del útero, donde se implantan los embriones. Se ve bien –dice el médico.

Me va volviendo el alma al cuerpo.

–Este es tu ovario derecho, ese que se ve ahí. Cada uno de estos puntitos negros se llaman folículos centrales, contienen un óvulo inmaduro. Lo ideal es tener más de 5 en cada ovario y tú tienes 10 en este puro ovario. Y en este otro ovario tienes como 11. Se ve muy activo. Súper bien.

–Entonces doctor, ¿ni rastro de endometriosis?, ¿soy fértil?

–Parece. Para asegurarse de eso tienes que tratar de embarazarte y ver si lo logras. Pero tu reserva ovárica está bien, quédate tranquila. Todo indica que cuando quieras embarazarte, lo lograrás. Trata de que sea antes de los 35 años. Si no, vuelve aquí y congelamos.

Salgo contenta y tranquila. Me siento una mujer bien informada. Pienso que desde los 15 años voy a mi ginecóloga sagradamente una vez al año y todo siempre se ha tratado de qué hay que hacer para no embarazarse. Nunca me ha preguntado si quiero tener hijos y a qué edad o qué proyecciones tengo. Tampoco de cómo preservar la fertilidad. Si tuviera una falla ovárica prematura ni siquiera lo sabría, porque nunca me había hecho los exámenes para pesquisarlo. Me imagino en cuántas mujeres con problema de fertilidad les hubiera servido que su ginecólogo de cabecera les hablara de esto y, de manera preventiva, les midiera la hormona antimulleriana, un simple examen de sangre que da buenas pistas sobre este asunto. Una información así, a tiempo, permite tomar decisiones.

Aunque sé que tengo un buen pronóstico, también sé que los óvulos que tengo hoy no serán tantos ni de la misma calidad en cinco años. Reconozco que me tienta la idea de detener el tiempo y guardar mi fertilidad actual. Pero, por ahora, congelo la decisión de congelar óvulos.

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Dos mujeres que congelaron

(Exclusivo Paula.cl)

En medio de mi indecisión sobre si congelar óvulos o no, converso con dos mujeres que lo hicieron para saber sus razones y cómo había sido el proceso para ellas. "El año pasado cumplí 30, estaba soltera y calculaba que no tenía para cuando ser madre, así que me empezó a rondar la opción de congelar", me cuenta Constanza Lagos, médico traumatóloga, quien con esa idea en la cabeza fue a ver al doctor Ricardo Pommer, de la Clínica Monteblanco. Pionero en implementar esta técnica en Chile, el médico le respondió: "Hazlo ahora. El concepto acá es 'para ayer'. Si vas a postergar la maternidad y a detener el reloj biológico, que sea en tu edad peak: es decir, entre los 20 y los 30 años".

A Constanza le hizo sentido: "Como soy médico, sé que lo más importante es la edad de los óvulos, entonces si vas a congelar es mejor hacerlo cuando eres joven". Y eso hizo el año pasado y está contenta con su decisión. "Esto da un montón de libertad: la tranquilidad de que uno va a estar eligiendo a su pareja por las razones correctas y también tomando buenas decisiones para desarrollarse profesionalmente, sin postergarse, algo que después muchas mujeres resienten", dice.

Justo cuando estaba en el proceso para hacerlo, Constanza empezó a salir con el que hoy es su pololo. "Le conté y lo tomó súper bien. De hecho, una amiga de él lo había hecho, así que lo encontraba súper normal. Respecto al futuro, nuestro plan inicial es tener hijos de forma natural, pero también es bueno saber que si cualquier cosa falla, tengo óvulos guardados".

El doctor Pommer, quien le hizo el tratamiento a Constanza, suele mostrarle a las pacientes un cuadro con cifras de la opción de embarazo natural según la edad. Ahí se lee que a los 20, la posibilidad es de un 25%. Y a los 40, de 3 a 5%. Por eso él le aconseja a las mujeres que lo consultan y aún no son madres, tomar ese camino. "La mayoría de las mujeres que no ha tenido hijos se empieza a urgir cuando está llegando a los 40; pero no entiende que esa edad ya es el final. Tienen que urgirse antes", dice el doctor Pommer.

Eso le pasó a Ana, quien pide reserva de su apellido. Tiene  40 años, es abogada. Hasta los 37 tuvo una relación estable con el que pensaba sería el papá de sus hijos. "Cuando eso terminó, me di cuenta de cómo había pasado el tiempo y fue la primera señal de alerta", dice.

Una amiga, que sabía cómo a Ana le gustan los niños, la impulsó a preguntarle a su ginecólogo sobre el congelamiento de óvulos. Pasó por varios doctores pero se demoró en tomar la decisión. "Al último doctor que fui me dijo: 'tienes 39 años, si ya no congelaste a los 30 no tiene mucho sentido hacerlo ahora'. Lloré como una Magdalena, es muy fuerte que te digan: 'no vas a poder tener hijos', y no por algo fisiológico, sino porque simplemente llegaste tarde", explica.

Poco después, en un intento final, llegó a la consulta Pommer quien la animó a hacerlo. La extracción fue un éxito y para sorpresa del doctor y de ella misma, se pudo extraer 7 óvulos, que hoy tiene guardados, pero que pronto espera usar.

"Si me preguntas qué le recomiendo a una mujer joven sin hijos, no lo pienso dos veces: le diría 'congela'. No sabes lo que te puede pasar más adelante: que te de endometriosis o un cáncer. O que te demoras en dar con al hombre correcto. Y los años pasan demasiado rápido", concluye.