Mi rincón verde no es solo mío, es comunitario. Vivo en Cerro Alegre, Valparaíso, en un edificio que me tiene todo el tiempo maravillado. Mi departamento está en el primer piso, es bien pequeño, pero lo mejor es que tengo salida directa al enorme jardín que lo rodea. Yo creo que paso más tiempo ahí que en mis cuatro paredes.

Este edificio es bien particular, como un edificio 'consciente', porque respeta la altura de las otras casas. No es invasivo y está escondido entre la naturaleza. Llegué aquí por necesidad. Necesitaba un cambio en vida y buscar un nuevo hogar. Antes vivía en el centro, rodeado de edificios, y sentí que era como estar en Santiago. Justo en ese periodo me independicé y empecé a pasar mucho tiempo en mi casa, a ocupar mi espacio, y me sentí ahogado sin la presencia de plantas.

Llegué para acá gracias a la recomendación de una amiga, y el panorama me cambió totalmente. Creo que necesito verde en mi vida, sobre todo para inspirarme. Yo soy periodista y escritor aficionado, y se me hace mucho más fácil y agradable trabajar en el jardín. Además, toda la fachada de mi departamento está hecha con ventanales, entonces la separación que tengo con la naturaleza es súper leve. Estoy todo el tiempo en contacto con ella, es como si fuese parte de mi hogar. Amo vivir acá, disfruto un montón del entorno y me genera una tranquilidad interna impresionante. Es algo súper pacifico.

No soy un experto en plantas, pero me gusta ir aprendiendo. Cuando la Ale, que es la encargada de mantener el jardín, viene a trabajar, trato de acompañarla lo máximo posible. La ayudo a regar y a revisar si tienen algún bichito. Todos en la comunidad somos súper preocupados.

Soy un convencido de que la naturaleza suma un montón en la vida de las personas. Y eso tiene mucho que ver con mi decisión de no irme a trabajar a la capital. Me gusta la calidad de vida de acá, me fascina el mar y, sobre todo, me encantan los espacios verdes que van quedando en la ciudad. Para mí tenerlos es un respiro. Creo que si pierdes el contacto con las plantas, te deshumanizas. Te olvidas de tus raíces.

Sebastián Labra tiene 34 años, es periodista y trabaja freelance.