A partir de la sugerencia que hizo la OCDE de igualar la edad de jubilación de hombres y mujeres en Chile, queda en evidencia una vez más la realidad que enfrentan las mujeres en materia laboral, lo que, sin duda, se traduce en bajas pensiones.

Un factor que explica el hecho de que las pensiones de las mujeres sean inferiores a la de los hombres es el aumento en las expectativas de vida: vivimos hasta los 91 años en promedio y nos pensionamos 5 años antes, lo que significa que el ahorro acumulado durante toda la vida laboral debe cubrir más de 30 años de pensión.

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En este punto nos enfrentamos a otro problema, y es que en promedio las mujeres cotizan 15 años, ya sea porque se dedican al hogar, al cuidado de los hijos, de un familiar enfermo, o pasan de un trabajo formal a uno informal, lo que hace aún más complejo el panorama.

Según información entregada por el INE esta semana, la participación laboral femenina alcanzó a un 48,5% el año 2017 versus el 71,2% de los hombres.

Del total de mujeres ocupadas, un 31,9% se desempeña en el sector informal, lo que las deja fuera de los beneficios de la seguridad social, desde previsión, salud, hasta seguridad laboral y derecho a un seguro de cesantía.

Por otro lado, la brecha salarial de género alcanza a un 31,7%: una mujer que tienen la misma formación y cumple las mismas funciones que un hombre percibe ingresos hasta un tercio menos.

Otra cifra alarmante lo entregó la Superintendencia de Pensiones, y es que sólo el 5,4% de las mujeres cotizan en una AFP por el tope imponible, la mayoría de ellas en el grupo etario de entre 35 y 45 años.

Ante este escenario resulta evidente la urgencia de mejorar las condiciones laborales para las mujeres, y esta es una tarea que nos involucra a todos como sociedad.

Es necesario mejorar las condiciones salariales de las mujeres, que no exista brecha y que se respeten todos los derechos en materia de seguridad social, es decir, que tengan un contrato de trabajo, que les coticen por el total de su renta y que sus empleadores estén al día en el pago de sus cotizaciones.

Al mismo tiempo, los empresarios deben procurar una mayor participación femenina, que considere el acceso a salas cunas para que puedan dejar a sus hijos pequeños y otorgar flexibilidad para aquellas que deben cuidar a un enfermo o a un adulto mayor.

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También es urgente que haya oferta laboral para personas mayores, con planes de capacitación y facilidades que permitan que los mayores de 60 años que se sientan en condiciones de seguir trabajando puedan posponer su jubilación y así mejorar su pensión.

El Estado, a través del Pilar Solidario que introdujo la Reforma al Sistema de Pensiones de 2008 ha permitido beneficiar a mayores de 65 años pertenecientes al 60% más vulnerable de la población, la mayoría de ellos son mujeres que reciben una Pensión Básica Solidaria o un Aporte Previsional Solidario. Asimismo, el Bono por Hijo ha ayudado a incrementar el ahorro previsional de miles de madres.

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Sin embargo, se requiere un esfuerzo aun mayor para aumentar los montos de estos aportes y, al mismo tiempo, ampliar la cobertura para beneficiar a la clase media que queda fuera de estos beneficios.

La industria, por su parte, ha hecho un gran esfuerzo en mejorar los canales de información y cercanía con sus afiliados y en llevar la Educación Previsional a jóvenes, trabajadores y personas en edad de retiro, pero no es suficiente. Es necesario duplicar los esfuerzos para que las personas conozcan cómo funciona el sistema, tomen conciencia de la importancia e impacto del ahorro y puedan tomar decisiones informadas, sin slogans y con el único objetivo de mejorar las pensiones y su bienestar futuro.

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*La autora es gerente de Educación Previsional Asociación de AFP.