Maldita sincronía

26/03/2020 TEMATICA PASEO AHUMADA Mario Tellez/La Tercera

Como casi todo en la vida, las cosas solo se aprecian cuando las hemos perdido. Lo que está viviendo la economía de Chile y del mundo es un ataque cardíaco sincronizado. Todas las naciones, unidas por las redes, las cadenas de abastecimiento y los medios de transporte, en un inédito espasmo de dolor simultáneo.




Muy temprano, cada mañana, una señora entrega sándwiches y ensaladas a un restaurante de Providencia. Casi todos los días, a eso de las 13.00, un programador hace su pedido a través de un servicio de delivery. Un chofer venezolano toma una ensalada César, recorre algunas cuadras y la entrega las 13.30 en el piso de la oficina del programador, una Fábrica de Software cuyo proyecto más importante es un nuevo Sistema de Logística para una empresa de retail. La gran tienda ha financiado su expansión con la emisión de acciones, bonos y el apoyo de los bancos locales. Todos ellos, a su vez, financiados por inversionistas locales e internacionales: ahorristas, fondos de pensiones, soberanos y endowments.

La crítica respecto al supuesto individualismo secular del capitalismo queda brutalmente desacreditada con este sencillo ejemplo, en el que, además, estamos dejando de lado miles de otras interacciones. Porque la señora compra las lechugas en la vega, el venezolano le hecha bencina a su moto, pasa una transacción de tarjeta de crédito por los sistemas bancarios, etc.

Una increíble sinfonía de cooperación se gatilla todos los días. La vapuleada “Mano Invisible” coordina a millones de personas en todas partes del mundo para que cada transacción se concrete. Un esfuerzo colectivo que quizás solo tiene un correlato en el cuerpo humano, donde decenas de órganos y sistemas diferentes trabajan en sincronía todos los días y en cada segundo. Millones de células coordinadas durante décadas. Hasta que uno falla. Y se para el sistema…

Como casi todo en la vida, las cosas solo se aprecian cuando las hemos perdido. Lo que está viviendo la economía de Chile y del mundo es un ataque cardíaco sincronizado. Todas las naciones, unidas por las redes, las cadenas de abastecimiento y los medios de transporte, en un inédito espasmo de dolor simultáneo.

Pareciera que con el virus toda esta sincronía se rompiera. Pero en realidad continúa, en un “Rewind” macabro, igualmente coordinado: Los inversionistas nacionales e internacionales se asustan y se corta la liquidez de la cadena de retail, especialmente cuando se enteran que tuvo que cerrar el 80% de sus tiendas. Una de las primeras medidas, como era esperable, es congelar el proyecto del Sistema de Logística. La Fábrica de Software, pensando en su propia supervivencia, decide recortar su planilla al mínimo. El programador es despedido y baja el ascensor con una caja en las manos. La empresa de delivery no recibirá el pedido de la ensalada César. El chofer venezolano no lo entregará. Seguirá esperando sobre su moto. El restaurante de Providencia no comprará la ensalada a la señora. De hecho, está cerrado hace días y no puede pagar arriendo ni sueldos. La señora no venderá su ensalada. Teme por su futuro y el de sus hijos.

Nadie sabe cuánto durará esta pausa siniestra y el daño que generará esta sincronía en reversa. Se auguran trimestres con caídas de sobre 10% del producto. En la crisis del 82 el PGB de Chile cayó un 14%. El desempleo se elevó a un agonizante 30%. Algo parecido pasó en Argentina el 2001. Esas son crisis de verdad. Con hambre. Con millones que regresan a la pobreza. Es lo que tenemos que evitar. Solo la unión y solidaridad de nuestro pueblo y la habilidad y grandeza de nuestros gobernantes y parlamentarios, todas tan ausentes en los últimos meses, podrán ayudarnos a superar este desafío. Porque todo se termina. Y cuando acabe, ojalá logremos surgir renovados, frescos y redimidos después de tanto sufrimiento. Y que podamos volver a caminar, con la cabeza en alto, abrazados bajo la luz del sol.

-El autor es empresario, economista y conductor de Información Privilegiada

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