Al hablar de cáncer, el nombre del doctor Michel Coleman es conocido mundialmente en el campo de la investigación. El científico británico y profesor de la Escuela de Medicina Tropical de Londres, publicó la primera comparación mundial de la supervivencia al cáncer, incluyendo datos de 1,9 millones de pacientes de 31 países de los cinco continentes.

El especialista aterrizó en Chile este martes para asistir a la inauguración del Centro para la Prevención y el Control del Cáncer (Cecan), organismo del que forma parte como integrante del Consejo Asesor Internacional, proyecto liderado por las universidades de Chile y Católica y que tiene como objetivo contribuir a mejorar la respuesta de Chile a la enfermedad por medio de una plataforma de investigación. En medio de esas actividades, conversa con La Tercera.

Luego de todo lo que ha sucedido en los últimos años con la crisis sanitaria, ¿cómo ve la realidad del cáncer en el mundo y en Chile particularmente?

Todo el mundo sabe que la pandemia causó una enorme destrucción, no sólo a nivel económico o personal, sino en el manejo de enfermedades, porque las personas no iban a atenderse porque creían que podían contagiarse. La pandemia fue un enorme problema de salud pública, un problema político, un problema económico, pero está en retirada, y el cáncer, no. La Organización Mundial de la Salud estima que al menos 7,5 millones de personas murieron de Covid en el mundo desde enero de 2020, y en ese mismo periodo por lo menos 30 millones de personas murieron de cáncer. Y no lo digo como una competencia, sino para poner en perspectiva. El cáncer ha estado aquí por décadas y estará hasta el final del siglo. El cáncer va a continuar matando a millones de personas todos los años, y, además, creciendo. Eso explica por qué tenemos un problema de salud pública con el que necesitamos lidiar.

¿Es el cáncer una enfermedad a la que no se le da la necesaria importancia?

Sí, eso creo. Y no porque el cáncer no se tome en serio; todos los gobiernos entienden que tienen un problema. Pero cuando tenemos políticos ansiosos por ser reelectos los problemas urgentes como el Covid le ganan a los problemas como el cáncer, que siempre ha estado ahí. Y eso fue muy visible durante la pandemia. Algo que vimos fue la velocidad con la que los gobiernos encontraron una forma de saber cuánta gente estaba desarrollando o muriendo de Covid a diario, fueron capaces de decirnos cuántos hombres y mujeres, y de qué edades. Y ese tipo de información no está disponible para el cáncer y debería estarlo, porque en el largo plazo es un problema de salud pública más importante. En Chile, por ejemplo, una de cada cuatro personas que muere, lo hace de cáncer. Eso es diez veces más que el número de quienes mueren por cualquier infección. Eso debería darles a los políticos algunas razones para pensar más seriamente sobre el cáncer. No digo que lo ignoren, pero es un problema que tiene que tomarse en serio porque es grande y de largo plazo.

¿Cuáles son las medidas que deberían tomarse para detener el incremento del cáncer?

Lo primero que hay que hacer para controlar el cáncer es prevenirlo. Y para prevenirlo se necesitan al menos dos cosas: saber cuáles son las causas y ser capaz de hacer algo para reducir la exposición a esas causas. Eso involucra iniciativas de gobierno, pero también el entendimiento público sobre el tipo de conducta que se debe adoptar para reducir su propio riesgo, aunque aun hay muchos que no sabemos cómo prevenirlos. Para eso se necesita dar a entender que no se debe fumar o que se debe evitar la exposición a ciertos químicos, pero también mejorar los programas de testeo y hacerlos más accesibles. Eso es crítico para mejorar la sobrevivencia. Y también los tratamientos: hacer mejores y más óptimos tratamientos y accesibles para todos por igual, que no es el caso de Chile.

En esa línea, ¿cuán importante es tener un registro de cáncer a nivel país?

Es crucial. Fui el director médico del registro de cáncer más grande del Reino Unido por varios años y una organización así capta la información básica sobre la persona, el cáncer, el tratamiento y el resultado para todo el territorio cubierto por ese registro. Puede ser algo acotado, como el Biobío o Antofagasta, o todo el país. En muchos países de Latinoamérica tienen registros nacionales de cáncer. Y los registros los necesitan para informarle al gobierno cuánta gente desarrolla cáncer, qué cáncer, si en hombres o mujeres, si en el norte o en el sur, como en Antofagasta, que tienen más cáncer de pulmón de lo común y pareciera estar relacionado al arsénico. Ese es un ejemplo de cómo un registro provee información y puede guiar al gobierno a prevenir exposiciones a químicos tóxicos. Pero un registro así también puede decirle al gobierno que tenemos tal cantidad de pacientes de cáncer al año, por lo tanto, qué vamos a hacer para asegurarnos de que todos tendrán acceso a un tratamiento. Chile no tiene suficientes máquinas de radioterapia en el país acorde a los estándares internacionales. No es razonable que alguien se tenga que trasladar 3 mil kilómetros para recibir tratamiento.

No es fácil implementar ni organizar un registro así.

No, no es fácil, pero necesitas información básica. Y eso fue hecho muy rápidamente por el Covid. Los mismos hospitales que diagnosticaban Covid son los que diagnostican cáncer. Los sistemas que hacían esas cosas por la pandemia pueden hacer lo mismo por el cáncer. Los mecanismos para recolectar esta información son fáciles y se podría decir que es caro, pero no lo es. El costo para registrar un paciente es lo mismo que cuesta una radiografía. Eso no es caro como un instrumento de salud pública crucial para controlar el cáncer.

¿Qué opina de las medidas que ha tomado Chile para prevenir el cáncer?

Creo que son buenas. La ley del cáncer ordena un plan nacional, un instituto nacional, una comisión nacional, y un registro nacional. Esas medidas son excelentes.

¿Cuál es su opinión sobre el Cecan?

Es un proyecto muy ambicioso. Tiene muchas cosas positivas. Es una propuesta ambiciosa de investigación científica. Reúne a científicos y personas de muchas partes de Chile, del sector público y privado, y es a largo plazo.