Paula 1138. Sábado0 18 de enero de 2014.

CUMPLIR 70 AÑOS

"Cuando cumplí 70 años sentí que algo cambiaba en la forma en que me percibe la gente. Creo que me ven como una suerte de matriarca, de matrona, aunque yo no me veo así. Tal vez tiene que ver con el lugar en que vivo y la cultura de la juventud que me rodea. Estoy muy cerca de Silicon Valley, donde a los 30 años ya estás pasado, y además estoy muy cerca de Hollywood, donde todo el mundo trata de verse más joven. A veces me pregunto: ¿para qué vivir tantos años si el mundo es de los jóvenes? Uno hace todo lo posible por mantenerse al día y seguir, pero la verdad es que este mundo es de mis nietos, no es mío. También me he dado cuenta de que llega un momento en que espiritualmente necesitas irte para dentro. Ya no quieres exponerte, ya no quieres la foto, ya no quieres preguntas. Después de conversar con hombres y mujeres mayores he concluido que a partir de cierta edad hay un proceso de introversión cada vez más profundo, en que el cuerpo se va cerrando y el alma se va abriendo para prepararse para lo que viene. Tengo la suerte de que puedo escribir y la literatura permite trabajar hasta una edad más avanzada, pero no quiero terminar como perrito de circo. Lo que quiero es irme cada vez más a las cosas del alma, a lo más profundo. Y eso no le interesa a nadie más que a la persona que lo está viviendo. Es intransferible".

LA CREATIVIDAD DE UNA MUJER

"La creatividad es una adicción. Naces con esa cosa dentro y debes darle salida o estallas. Si no escribiera, no sé qué sería de mi vida. Aunque las mujeres debemos tener claras nuestras prioridades. Si estás criando o debes llevar comida a la mesa, la creatividad queda postergada. Pero llega el momento en que debes hacerte el espacio. Yo tenía casi 40 años cuando comencé a escribir La casa de los espíritus. Mis hijos estaban entrando a la universidad, me demandaban menos tiempo, aunque debía trabajar jornada completa administrando una escuela en Venezuela para mantener a mi familia. Entonces escribía de noche y los fines de semana en una máquina portátil. Llegaba a la casa, comíamos en familia, se lavaban los platos y, mientras el resto veía televisión, yo me quedaba en un rincón de la cocina escribiendo. Me iba a acostar pasadas las 12 de la noche, agotada, pero feliz de haber pasado ese rato conmigo y con mis personajes. Con el segundo libro, De amor y de sombra, vacié un clóset e instalé una tabla; ese fue mi primer escritorio de escritora. Con Eva Luna, el tercer libro, había empezado a recibir los cheques de los libros anteriores y mi hijo me convenció de que me comprara una computadora. Eran carísimas y me atormentaba pensar en que no sería capaz de aprender a usarla. Pero pude".

MI VIDA SE HA COMPLICADO

"Cuando escribí La casa de los espíritus, mi primera novela, no pensaba realmente en que estaba haciendo un libro. Había una ingenuidad. Nunca había leído una crítica literaria y no sabía que existía el mundo de la literatura. Tenía esa libertad. Eso se acabó. El éxito de mis libros ha traído consecuencias. Hoy tengo una oficina que emplea a no sé cuánta gente, hay un facebook, un twitter, un no sé cuánto más que no manejo yo, pero que debo supervisar, y está mi fundación, The Isabel Allende Foundation. Todas esas demandas hacen que me sea muy difícil tener el tiempo para poder encerrarme a escribir sin que me frieguen. Me encierro durante la mañana a hacerlo en una oficina en mi casa, y en la tarde me voy a otra oficina, también dentro de la casa, para recibir todo lo que me mandan de una oficina más grande ubicada en Sausalito. Respondo mails, tomo todas las decisiones y leo los contratos. Todo es muy agotador y estoy vieja para eso. Pero tengo ayuda. Mi nuera se ocupa de la oficina y de la fundación, y va conmigo a todas las  giras y se hace cargo de todo lo práctico. Lo único que yo tengo que hacer es no enfermarme, tomar un avión diario y estar lista para las presentaciones, las entrevistas y la televisión. Mi hijo también trabaja conmigo, mi marido revisa los contratos, tengo una secretaria y contadores".

MI DISCIPLINA

"Como escritora, mi gran aliada es la disciplina. A diferencia de mi marido, que escribe de a poquito, a lo más 11 minutos, ya sea en la sala de espera del doctor o en un aeropuerto, yo debo encerrarme 11 horas para que salga algo. Y debo fijar un día concreto para iniciar un nuevo libro o siempre existe la tentación de postergar, porque siempre hay cosas urgentes que resolver. Ahora que El juego de Ripper se publicó en distintos países, estoy dando entrevistas todos los días, partiendo de gira promocional a Europa y luego sigo en Estados Unidos. Entonces, sí o sí, el 8 de enero me encerré a escribir unas líneas que me permiten tener algo para retomar e ir alimentando en mi imaginación. Sin disciplina no podría ser escritora".

"No se puede andar por la vida con esa ansiedad de que te miren en la calle o te encuentren regia. Llega un momento, a los 50 o 60 años, en que esas antenitas sexuales en busca de testosterona dejan de estar alerta y eso te da una tremenda libertad".

LO QUE ME HACE BIEN

"Desde muchísimos años ya, todos los días me levanto a las 6:30 para meditar. Medito para poder centrarme, aclarar lo que está confuso, para priorizar y enfrentar el trabajo. Igual de importante que meditar es no hacer cosas que me desagraden: no voy a cócteles y no veo a gente que no me interesa".

VIVIR EN ESTADOS UNIDOS

"Me acomoda vivir en Estados Unidos, porque me permite tener privacidad. Nadie me molesta. Si alguien me para en la calle para saludarme, casi siempre es un latino. Los americanos nunca se acercarían a saludarme en un restorán. Y todo funciona perfecto desde la casa: desde pagar cuentas a pedir algo de urgencia en la farmacia. Esos detalles de la vida diaria me permiten mantenerme puertas adentro. Igual echo de menos la comunidad. Cuando voy a Chile y me quedo en la casa de mis padres, que ya son nonagenarios, es un desfile de gente todo el día: gente que llega, que se queda a comer. Las mujeres copuchamos, tejemos y seguimos copuchando. Eso en Estados Unidos no se da. No se me pasaría por la cabeza ir a la casa de mi vecina a tomar una taza de té si no me invita. Aquí se trabaja mucho. Este es un buen país para concentrarse y trabajar".

YO A LOS 40

"Hay un montón de rollos que nos pasamos las mujeres, que nos hacen complicarnos la vida demás. A los 40 años yo era de una inmadurez brutal y uno de esos rollos tontos que recuerdo era el de intentar ser sexy. Absurdo. No se puede andar por la vida con esa ansiedad de que te miren en la calle o te encuentren regia en la fiesta. Hoy a una mujer más joven que le diría yo: 'mijita, relájese'. Llega un momento, a los 50 o 60 años, en que esas antenitas sexuales en busca de testosterona dejan de estar alerta y eso te da una tremenda libertad: te puedes concentrar en relaciones más profundas, y en gustarte a ti misma, que es tan importante. Hacer cosas por ti misma da una tremenda felicidad. A mí, por ejemplo, me encanta bañarme con un rico jabón y luego echarme crema. Lo hago por mí, porque mi marido no se da ni cuenta".

MUJERES EN PELIGRO

"¿Qué espacios hemos conquistado las mujeres? Es cosa de recordar cómo era la vida en 1967, cuando partió revista Paula. La única revista femenina que había hasta entonces era Eva con recetas de cocina, moda, cómo arreglar la casa, cómo cuidar a los niños, cómo cambiar pañales. Cuando en Paula comenzamos a hablar de feminismo, en Chile no se hablaba de violencia intrafamiliar. Recién se conocía la píldora anticonceptiva, pero era inaccesible. Entonces, cuando mi hija Paula me dijo una vez 'ay mamá no hables más de feminismo que está pasado de moda' le contesté: 'por Dios, Paula, tú tienes todo esto gracias a las peleas que dio tu madre y las mujeres como tu madre. Y tú tienes que seguir con estas peleas para que tus hijas tengan una vida mucho mejor que la tuya y para que tus hermanas en el resto del mundo oigan la noticia de que existe el feminismo'. Mi fundación, The Isabel Allende Foundation, trabaja empoderando mujeres y niños, los más pobres de los pobres, en muchas partes del mundo. Y el panorama hoy es que aún las niñas son vendidas en matrimonio prematuro o en prostíbulos, son explotadas en trabajos forzados, son golpeadas, violadas y asesinadas con toda impunidad. Ochenta por ciento de los refugiados en el mundo son mujeres y niños. Cuando ves las cifras te das cuenta de que aunque se ha avanzado, aún queda mucho por hacer. Las mujeres aún están en peligro".