Por Carla Alonso / Fotografía: Estrella Herrera

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Hay un recuerdo con su tío Jorge Bergoglio, hoy el Papa Francisco, que a José Ignacio le da risa. Ocurrió el día de su confirmación en 1997 en la Iglesia San Judas Tadeo, en la capital argentina. Él tenía 15 años y el sacerdote a cargo de la ceremonia era su tío Jorge. La costumbre argentina indica que cuando alguien recibe la confirmación, el sacerdote le da una palmadita en el rostro. "Yo ya me la veía venir. Sabía que algo me iba a hacer. Cuando fue mi turno, la palmada fue bastante más fuerte que la de mis compañeros, seguida por un guiño de ojos y una sonrisa cómplice", recuerda al teléfono desde Buenos Aires.

José Ignacio Bergoglio es el hijo menor de María Elena (69), la única hermana viva del Sumo Pontífice y muy cercana a él. De los 12 primos Bergoglio, José Ignacio es el más chico. Vive en Ituzaingó, al oeste del Gran Buenos Aires, muy cerca de la casa de su madre, quien ya no da entrevistas: fue tanto el estrés emocional que le generó que su hermano se fuera a vivir al Vaticano y la hiperactividad que siguió a su nombramiento, que prefiere no exponerse. "Los primeros meses fue bravo, porque era una constante y no estábamos preparados para eso: ni para recibir esa noticia en lo interno como familia, ni para convivir con toda esa emoción que se generó con mi tío y también con nosotros", explica.

Hoy es José Ignacio quien se encarga de hablar con los medios. Trabaja como empleado administrativo en Anses -la Administración Nacional de la Seguridad Social-, perteneciente al Estado, y en Haciendo Lío, de la que es presidente y fundó con su novia: una ONG que asiste a personas en situación vulnerable; los capacita de forma gratuita y los ayuda a insertarse laboralmente. Además, abrieron una escuela de capacitación llamada Papa Francisco.

Sabe que la visita del Papa a Chile en enero atraerá las miradas nuevamente hacia el clan Bergoglio. "Hoy es algo mucho más tranquilo y llevadero. Todos somos muy similares a mi tío, tenemos un perfil muy bajo. No es que andemos pululando por los canales de televisión o afamándonos, sino que simplemente mantenemos nuestra rutina de vida", dice.

Cuando hablas con tu tío, ¿cómo le dices: Jorge o Papa Francisco?

Le sigo diciendo tío. Cuando lo nombraron Papa, él se comunicó con nosotros por teléfono. Mi casa era una locura ese día: sonaba el timbre, el teléfono constantemente, venían de todas partes. Y una de esas veces que sonó el teléfono atiendo y escucho: "Hola". Yo pregunto: "¿Quién habla?". Y del otro lado me dicen: "Soy Jorge, pavote" (risas).

¿Y qué pasó luego?

Me quedé helado, miro a mi mamá y le digo: "Tío, ya te paso con mamá que quiere hablar con vos". En ese momento era ella la que necesitaba desahogarse y recibir la calma que siempre te transmite Jorge cuando habla con vos. Él le dijo: "Gordita, no pude decir que no". Trató de calmarla, pero la verdad es que con todo lo que estábamos viviendo tampoco se pudo calmar mucho la pobre viejita.

¿Dijo algo más esa vez?

Fue una comunicación muy breve, acá en Argentina eran como las 9 de la noche y en Italia son 5 o 6 horas de diferencia. La siguiente comunicación fue el domingo y ahí le dijo: "Quédate tranquila, ya nos vamos a volver a ver". Lamentablemente todavía no se ha podido dar el reencuentro con ella. Ellos son muy unidos: de conversación constante, de mucho cariño.

¿Los vecinos le piden favores al Papa Francisco a través de ustedes?

No. Al principio estaban muy presentes por la emoción de la noticia y por contención hacia nosotros. Después, al bajar la intensidad, volvimos a la relación habitual de cruzarnos en la calle, o parar cuando volvés de una compra y ponerte a tomar mate con el vecino o a conversar.

¿Quiénes eran los que venían hasta aquí a hacer algún pedido para el Papa?

(Al principio) venía gente de todas partes a nuestra casa: nos pedía hacer llegar alguna carta o algún pedido de oración. Me acuerdo que la gente de la localidad de Azul, si no me equivoco, nos ofreció hacer una "vaquita" para que fuéramos a ver a mi tío. Estaban intrigados de que no lo habíamos visitado, lo que no se ha dado por una cuestión económica y por lo conversado con mi tío, por la austeridad que marca Francisco. No se concretó, pero conmemoro el gesto porque era toda gente laburante, como nosotros. Eso fue emocionante.

¿Sigue siendo un sueño para tu mamá viajar al Vaticano?

No, el sueño es encontrarse con él, pero acá (en Buenos Aires).

El mate amargo

¿Qué recuerdo de infancia tienes con tu tío Jorge?

Era un tío muy presente, muy consejero. Independientemente de que uno siempre lo hablaba con toda la familia, cuando necesitaba un consejo, la palabra de Jorge te invitaba a reflexionar para que tomes vos la decisión más correcta. Y bueno, si tenía que regañar, te regañaba, y cuando te tenía que felicitar, te felicitaba. Siempre ha sido una persona muy carismática, fue muy dado con los jóvenes, con un sentido del humor muy especial. Bueno, él es muy futbolero, es hincha de San Lorenzo. Y el resto de la familia somos hinchas de River y cuando se cruzan River y San Lorenzo hasta el día de hoy están las cargadas cruzadas dependiendo del resultado: si gana San Lorenzo él me carga a mí y si gana River, él me tiene que aguantar.

¿Cómo eran esas cargadas?

Mucho la verdad no se puede reproducir (risas). A los hinchas de San Lorenzo les dicen cuervos y a los de River, gallinas. Entonces, si San Lorenzo le ganaba a River, él me dice: "Bueno, gallina amarga, les ganamos", y si era al revés, yo le decía: "Cuervo amargo, perdieron, ¿qué van a hacer ahora, dónde te vas a esconder?".

¿Tu tío tenía la camiseta de San Lorenzo? ¿Iba al estadio?

Era hincha, socio, pero no iba a la cancha. Hoy el club lo convirtió en socio honorario.

Entiendo que hoy no ve los partidos, pero tiene un guardia suizo en el Vaticano al que le pregunta cómo van los resultados.

Hay un guardia suizo que le va contando los resultados, pero él hace mucho tiempo que no ve televisión. Incluso el guardia como que se hizo también hincha de San Lorenzo.

¿Qué costumbres tenía tu tío antes de llegar al Vaticano?

Cuando él iba de misión pastoral en una villa o iba a algún evento fuera de la catedral, tenía la costumbre de parar en una pizzería a comer dos porciones de pizza. También es fanático del mate. Lo toma amargo.

¿Sabes si lo sigue tomando?

Sí, sigue tomando.

La llamada del domingo

¿Cuán seguido hablas hoy con tu tío?

Todas las semanas, habitualmente el domingo. El que llama siempre es él y lógicamente las conversaciones no son muy extensas, porque imagínate que si tiene que hablar con toda la familia, se hace muy largo. Son conversaciones pequeñas a menos que uno tenga que hablar algo importante. Él llama a la casa de mi mamá, donde estamos todos almorzando. Y habla con los que estamos presentes. Llama de teléfono fijo a teléfono fijo.

¿Cero tecnología? ¿No ocupa Skype ni redes sociales?

No, en ese sentido es un poco anticuado. Le gustan las reliquias.

¿El Papa Francisco usa WhatsApp?

No, no, no. Me imagino que allá al Vaticano debe haber llevado el viejo teléfono a disco, porque es bastante clásico (risas). Pero me consta que no maneja tecnología. La cuenta de Twitter la maneja gente designada por él en el Vaticano para manejar las redes sociales, lo que sería algo así como un community manager, que se encarga de hacer las publicaciones. Lo que sí, él va y le dice la frase que quiere publicar.

¿Usa celular?

No.

¿Por qué es tan chapado a la antigua en lo tecnológico siendo que es moderno en sus ideas?

Calculo que tiene que ver con costumbres de aquella época en que se crió, donde la dependencia de la tecnología no existía. En aquel entonces había un teléfono por manzana, como mucho.

Cuando hablan por teléfono, ¿te pregunta por tu ONG? ¿Por la política argentina?

De política no hablamos, ese es un lema familiar. De fútbol por ahí es difícil no hablar (risas). Cuando tengo alguna actividad puntual o un viaje con la ONG, le cuento y nos encomendamos a sus oraciones. Es como si él no se hubiera ido nunca, por decirlo de alguna manera. Si bien hablamos menos que antes, mantenemos la misma costumbre que cuando él estaba acá. Por ejemplo, cuando él visitó Paraguay, dos o tres meses antes le pregunté por teléfono: "Tío, ¿te molesta si voy a Paraguay?". Me dice: "Mirá, vos poder ir a cualquier parte del mundo que tengas ganas. Pero si vos venís a verme a Paraguay, no te puedo garantizar que te reciba, porque en realidad estoy 100% abocado a la actividad pastoral del viaje". Me encontré con él allá y al regresar le pregunté si le había gustado la sorpresa. Me dijo que sí. Eso fue en 2015. Hace dos años que no lo veo.

Se dice del Papa Francisco que es revolucionario y progresista. ¿Estás de acuerdo con esa etiqueta?

Primero habría que definir el concepto de revolucionario o progresista. Creo que está haciendo una suerte de revolución en la Iglesia y que tiene que ver con ciertos cambios, con ciertos hábitos, que antes la Iglesia no tenía. Con gestos muy puntuales. No nos olvidemos que el mismo 13 de marzo, cuando él fue nombrado Papa, lo primero que hizo al salir al balcón y en vez de bendecir al pueblo, pidió al pueblo que lo bendiga.

Ha mostrado una apertura con el mundo homosexual. ¿Tuvo algún amigo homosexual de joven?

No sé. Lo que sí creo es que tiene que ver con la evolución de la Iglesia. Él lo dijo desde el primer momento: la Iglesia no tiene que ser sectaria, tiene que ser abierta, llegar al pueblo. Y la comunidad homosexual es parte de ese pueblo. Él dice que uno no puede juzgar a un homosexual por su condición de tal, si es una persona que busca a Dios.

¿Qué cosas de las que ha implementado te hacen sentido porque reflejan las cosas que vivió antes de ser Papa?

Bueno, su vivencia pastoral por sobre todas las cosas. Él se ha acercado mucho a las villas de emergencia y ahí te encontrás con todo tipo de personas, con madres solteras que han vuelto a formar una pareja. Te voy a contar una anécdota: una mujer que quería bautizar a su hijo y que el padrino que ella había elegido no estaba bautizado. Entonces en ninguna iglesia lo querían bautizar. Y le había escrito una carta a mi tío, a Jorge. Él la recibió y automáticamente llamó por teléfono a esta mujer: "No hay ningún problema, vénganse a la catedral, que los bautizo a los dos, al padrino y al ahijado". Digo, si uno quiere que la Iglesia esté cerca del pueblo, la tiene que llevar de verdad cerca del pueblo. Si no, solo con los dichos no sirve. Él se ha cruzado, en distintos momentos de su vida pastoral, con situaciones a las cuales ha tenido que encontrarle una respuesta para acercar a Jesús a estas personas. ¿Me explico? Entre esos casos se ha cruzado con homosexuales o con madres solteras. Por ejemplo, mi mamá es una mujer que ha sido madre soltera: se separó, después formó una pareja y me tuvo a mí.

¿Planeas venir a Chile y darle una sorpresa como hiciste cuando viajaste a Paraguay?

Lo estamos planificando, viendo la posibilidad, que podamos ir a darle una sorpresita. En principio iría yo, mamá prefiere un encuentro mucho más íntimo en Buenos Aires, porque sería muy emotivo para ella.