La preocupación más grande de esta semana para el productor Jon Landau (Nueva York, 1960) consistía en que todos los invitados a la premiere en Londres contaran con su asiento correspondiente y llegaran a tiempo para, en sus palabras, “vivir una gran experiencia”.

No es algo trivial, pero parece poca cosa al lado de los retos que semanalmente ha enfrentado durante los años de realización de Avatar: El camino del agua, la superproducción de James Cameron que continúa el filme de 2009, la película más taquillera de todos los tiempos.

Foto: Courtesy of 20th Century Studios

Estos incluyeron descubrir y determinar la viabilidad de nuevos avances tecnológicos, enfrentar el cambio en la propiedad del estudio responsable de la franquicia (Fox fue comprado por Disney en 2018, apenas unos meses después del inicio del rodaje en Nueva Zelanda) y una pandemia que suspendió las filmaciones. ¿Fue eso más épico y desafiante que la misma aventura que encaran los protagonistas en esta segunda parte?

“Creo que lo que (Jake) Sully enfrenta en la historia es mucho más épico que lo que enfrentamos nosotros”, afirma a Culto a través de videollamada. “Lo que enfrentamos al hacer una película son nuestros desafíos comerciales. Lo que los Sully enfrentan son desafíos personales. Hay peligros reales para la familia, una familia en la que el público creerá. Cada vez que hay peligros de tipo familiar estos superan a cualquier cosa que pueda haber en el lado comercial”, añade.

Con fecha de estreno para este jueves 15 en salas chilenas, la cinta reintroduce al personaje de Jake Sully (Sam Worthington), el marine –e invasor– que en el primer filme se involucró sentimentalmente con Neytiri (Zoe Saldaña), la hija de los líderes de la tribu que en la trama se ve amenazada por la codicia de los humanos.

Luego de defender al bando contrario, él ahora luce permanentemente como un Na’vi y está casado con su enamorada. Juntos tienen tres hijos y además han adoptado a un niño humano (Jack Champion) y a una adolescente Na’vi huérfana (Sigourney Weaver, gracias a los milagros de la tecnología), formando un clan tan numeroso como el del propio Cameron. La amenaza no tarda en cernirse sobre ellos y, en su intento por preservar su mundo, terminan estrechando lazos con los Metkayina, una comunidad que vive alrededor del océano.

Foto: Courtesy of 20th Century Studios

Es la historia que James Cameron imaginó luego de sumergirse en un riguroso proceso creativo que terminó con guiones que permitirían completar una saga de cinco largometrajes, lo que se podría materializar en la medida que el fenómeno comercial se vuelva a repetir.

Jon Landau, su socio desde Titanic (1997), explica: “Creo que lo que intentamos hacer con la secuela de Avatar es tomar las semillas que estaban en la primera película y reproducirlas en un nivel completamente nuevo. Nunca habíamos estado en los océanos de Pandora. La gente se sorprenderá y resaltará eso. Nunca hemos visto adolescentes Na’vi. Los vamos a conocer”.

Como en el blockbuster original, vuelve a estar presente un trasfondo sobre el cuidado del medio ambiente, a lo que se suma una reflexión sobre la familia y el choque generacional. “Nos inspiramos en nuestras familias, así como en (otras) películas. También observamos a la sociedad y nos inspiramos en lo que vemos que sucede en el mundo, con adolescentes que luchan por encontrar su propia identidad, y padres tratando de equilibrar ese sentido de responsabilidad, amor y cuidado”, describe. “Realmente, es un producto de nuestras propias vidas”.

El realizador cuenta que uno de sus referentes fue El Padrino, “que se desarrolla como una trilogía de películas y, sin embargo, cada una es independiente de la otra. Creo que eso es lo que queremos que logren las secuelas de Avatar: que cada película sea independiente, pero cuando las mires como un todo sea una épica saga”.

James Cameron, Alan Bergman y Jon Landau en la premiere en Londres. Foto: StillMoving.net for Disney

Una aventura bajo el agua

James Cameron es un amante del mundo marino. Entre los trabajos que ha dirigido sobre el tema está Ghosts of the Abyss (2003), documental en torno a una expedición a los restos del verdadero Titanic, y en 2012 se transformó en la primera persona en solitario en completar una inmersión en la Fosa de las Marianas, el área más profunda de los océanos de la Tierra.

Por tanto, no le debiera sorprender a nadie que parte importante de los 192 minutos de Avatar: El camino del agua transcurra bajo la superficie. Y a los miembros del elenco seguramente tampoco les asombró la tarea asignada: aprender a bucear para que pudieran completar las escenas ellos mismos en los estudios en los que se rodó la superproducción, en Wellington, Nueva Zelanda.

“Creo que, de todos los ámbitos del filme, el agua fue el mayor desafío. Nadie había hecho nunca captura de movimiento bajo el agua, por lo que tuvimos que encontrar la solución tecnológica a eso. Pero sólo podíamos lograrlo si nuestros actores podían darnos actuaciones bajo el agua”, sostiene el productor.

Foto: Courtesy of 20th Century Studios

“Nuestro elenco lo aceptó como un desafío. En su primer día, Sigourney (Weaver), que no creía poder contener la respiración ni 20 segundos, alcanzó el minuto y medio”, detalla. Tras avanzar en su preparación, la estrella detrás de Ellen Ripley llegó a registrar seis minutos y medio, pero la marca mayor la obtuvo Kate Winslet, quien en la ficción asume el rol de una integrante de la tribu Metkayina: siete minutos.

Antes incluso de llegar a los cines del mundo, lo nuevo de Cameron ha acumulado importantes reconocimientos: la National Board of Review y el American Film Institute la incluyeron en sus listados de las diez mejores películas de 2022, obteniendo un impulso clave en la carrera por los Oscar (la original recibió nueve nominaciones). Además, las primeras reacciones de la prensa han sido elogiosas y los pronósticos de su rendimiento financiero son optimistas, por lo que la tarea parece bien encaminada.

Nada de eso parecía tan sencillo de conseguir hace unos años, cuando las principales novedades de la franquicia eran los retrasos y caían críticas sobre su supuesta falta de impacto cultural a pesar de haberse convertido en el título más taquillero de la historia.

“Nos reímos un poco”, dice Landau, “porque si no hubiera impacto cultural, ¡no estarían hablando de eso! Si no hubiera generado impacto cultural, nuestra base de fans de Facebook no habría pasado de 18 millones de personas a 42 millones en diez años”.

Foto: Courtesy of 20th Century Studios

El productor adelanta que el rodaje de la tercera entrega está prácticamente terminado y hay avances importantes con la cuarta. “Están progresando muy bien”, afirma. Ambas, según el calendario actual de Disney, aterrizarían en la pantalla grande en diciembre de 2024 y 2026, por lo que esta década estará marcada por los enormes seres azules del realizador de Terminator (1984). Y, de paso, se prolongará su sociedad creativa con quien, según dijo hace poco, “no hay problema que no podamos resolver”.

“Para nosotros, desde el punto de vista de la industria, lo que esperamos hacer con cada una de las películas es darle al público algo que tenga que experimentar en el cine”, advierte Landau. “Pero, igual de importante, ilustrar a otros cineastas respecto a que, en el mundo de hoy, si lo sueñan, lo pueden hacer realidad. Ya no estamos limitados por nuestros sueños. Nuestros sueños pueden ser cualquier cosa. Y hoy la tecnología existe para contar esas historias. Creo que eso es muy emocionante”.

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