En una fecha que combinaba a alterlatinos como Los Tres y Aterciopelados, con leyendas del post punk como Love and Rockets y glorias del hip hop como Cypress Hill; Cave y su banda no pudieron completar su tercer tema y volvieron a regañadientes para interpretar unos 4 más, ante la impotencia de los fans propios y la silbatina y escupitajos de los ajenos. "Do you love me, Chile?", se habrá preguntado el King Ink. Ese día, algunos cientos sí, Nick; pero varios miles, no tanto.

Adelantemos el calendario un par de décadas para entender mejor todo esto. En el último Lollapalooza se generó una polémica por la violencia que sufrieron las fans de una cantante pop como Camila Cabello a manos de algunos seguidores descontrolados de una banda garage como Royal Blood. Una situación repudiada por la organización (que, en su diseño original, los tenía en escenarios diferentes), pero que era llamativa por su carácter sorpresivo en este tipo de eventos masivos.

Aunque rasguen vestiduras algunos, en los últimos años hemos sido testigos de cómo Metallica no tiene muchos problemas en compartir escenario con The xx, ni Rancid de aparecer en un cartel con Melanie Martinez. Poco de eso se daba hace 2 décadas en un momento de industria incipiente de conciertos, con un público más militante, si se quiere. En un mundo sin hashtags y memes con los que molestar inofensivamente a los vecinos, qué mejor que un buen escupitajo para dejar las cosas en claro.

Volvamos al 27 de Noviembre de 1996. Luego de una actuación bajo una lluvia de objetos contundentes de los colombianos Atercipelados y otra bastante más apacible de Los Tres, llegó el momento de Nick Cave and the Bad Seeds. Si el público de Cypress Hill, que eran la inmensa mayoría esa noche, había mostrado algo de consideración con los penquistas, la situación posterior, cuál canción de Cave, se tornó oscura, peligrosa y algo violenta. El inicio con el clásico "Black Betty" de Leadbelly desconcertó, "Stagger Lee" fue recibida con cierto silencio, pero sería la molestia la emoción que, derechamente, predominaría a partir uno de los temas fundamentales de los Bad Seeds, la rabiosa y cacofónica "From her to eternity".

https://www.youtube.com/watch?v=mK8113unCVE

Lo que siguió fue una lluvia de salivazos, amagos de pelea entre el público y unos músicos que no lograban comprender el problema. Gente curtida en situaciones caóticas como Blixa Bargeld (Einstürzende Neubaten) o Mick Harvey (Birthday Party), históricos de los Bad Seeds, miraban con una mezcla entre incredulidad y fastidio. El propio Cave, amagó con el inicio de "Red right hand" para luego hacer un gesto de que la batalla estaba perdida y la toalla estaba tirada, retirándose cigarro en mano.

Tal vez haya sido el pedido de un productor desesperado o la consideración de algunos débiles gritos de apoyo, lo que hizo que el australiano volviese a escena a intentarlo una vez más. Ahí, en un entorno de tensión palpable interpretaría con un extra de enojo, temas de por sí rabiosos como "Loverman" (versionado por gente tan disímil como Martin Gore o Metallica) o "The Mercy Seat", con el que concluiría el abortado show de sólo 6 canciones y media. Luego, algún grito destemplado hacia la barra enemiga y la vergüenza y resignación de ver cómo Love and Rockets iniciaba el mismo derrotero de Cave, aunque con el cuidado de tener una toalla a la mano para secarse de tanto cariño húmedo de la fanaticada hip hopera local.

https://www.youtube.com/watch?v=iJMBXbNUltU

Anunciado hace unos días atrás, la segunda actuación de Nick Cave and the Bad Seeds en Chile, nos muestra un panorama completamente diferente. No sólo es que el músico esté transformado en una suerte de Leonard Cohen (aún) más oscuro, con una tendencia a la sobriedad por sobre la provocación sonora; sino que es alguien que, luego de unas tristísimas pérdidas familiares, ha incluido una mayor fragilidad en su discurso, como lo comprueba el muy alabado The Skeleton Tree (Bad Seed Ltd, 2016).

Tampoco los Bad Seeds son los mismos, luego de la salida de Harvey y Bargeld, transformándose en una orquesta más sutil (aunque menos fiera) bajo la batuta del violinista Warren Ellis. Y, por último, el público tampoco será igual, independiente de la ubicación con el nombre de aleación química (Cuproaluminium Vip o algo así) en que se esté en el recinto. A la pregunta de si lo aman, Cave ya no debiese de temer la respuesta.