El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 encontró a Roberto Parra Sandoval (1921-1995) en una casa de calle Las Perdices, en La Reina. El poeta y autor de La negra Ester no hizo caso a la prohibición de salir a la calle, dejó su guitarra a un lado y caminó todo un día y una noche hasta la avenida San Pablo, en Pudahuel, para saber cómo estaba su madre Clarisa Sandoval. Lápiz y papel en mano, plasmó en décimas un retrato fiel de lo vivido en el trayecto en el primer manuscrito de El golpe, obra de teatro que se estrena el 30 de mayo en el GAM.

"Roberto y su mujer Catalina Rojas vivían frente a la Academia de Guerra, en La Reina. Era un gran terreno con un jardín enorme que servía de motel. El dueño les dio alojamiento y vivieron ahí un buen tiempo. Eran cabañas muy bonitas con vitrales. Esas casas ya no existen, las derribaron. A un par de cuadras vivía Nicanor en calle Julia Bernstein", cuenta Florencia Martínez, dramaturga a cargo de la adaptación.

"Tiempo después los militares entraron a allanar la casa de Pudahuel y Clarisa se puso el manuscrito de la obra en el pecho y esperó a los militares con una espada perteneciente a Sofanor Parra que había peleado en la Guerra del Pacifico. Así defendió la madre el texto de su hijo. Nicanor quedó asustado y ante el peligro decidió esconder el manuscrito", agrega Martínez.

Aunque Nicanor guardó el texto, esa primera versión de El golpe, escrita en 1973, está perdida. A principios de los 80, Roberto lo volvió a escribir y en 1989 lo reconstruyó otra vez de memoria durante una gira de La negra Ester en la casa del actor Oscar "Cuervo" Castro en París y ayudado por el músico Alvaro Henríquez. Existen tres versiones de la misma obra, espaciadas casi por una década entre ellas.

En el texto, Roberto Parra describe diferentes lugares y poblaciones de Santiago con una impresionante escritura basada en la transcripción de la oralidad popular. El poeta escribía tal como sonaban las palabras: "En la Nueva Matucana hay operación peineta. Están tocando retreta a las tres de la mañana. Los sacan desde la cama, con las lluvia torrenciale. Los tratan como animale a todos los pobladore. Estos caimane traidore, ratone de los zorzale... En la población la Victoria matan todo mis hermano. Niños, jóvene, ancianos, los sepultan en las noria. Estoy perdiendo la memoria, se me rompen los cristale. Son las primera señale de milicos y marinos, guiados por mal camino, corazones de chacale... En la Academia de Guerra, al frente de Las Perdice, vivitas las cicatrice tan grabadas en la tierra. La herida ya no se cierra esperando la bonanza, no queremos la venganza bajen de la cordillera las palomas justiciera, que castiguen sin tardanza".

Roberto escribía a mano y su grafía era como la de un niño, muy diferente a la de Nicanor ya casi una marca registrada. Los cuadernos fueron donados por la viuda Catalina Rojas a la Biblioteca Nacional, que promovió su rescate patrimonial.

La adaptación teatral se presenta a cuatro meses que se cumplan 45 años del golpe de 1973 e incluye material inédito. El factor común de los dos últimos manuscritos es la descripción de casos de violaciones a los Derechos Humanos en dictadura y el inicio con los mismos rabiosos versos: "Un relato de memoria/ un once por la mañana/ Masacre má inhumana /no ha registrado la historia".

En décimas

Cada manuscrito de El golpe habla de casos de muerte y tortura ocurridos cerca de los años en que fueron escritos, algunos emblemáticos y la mayoría anónimos. La dramaturga seleccionó estrofas de ambos cuadernos que tocaban los mismos temas. Aunque fueran dos versiones distintas del mismo hecho, finalmente hablaban de lo mismo y seguían siendo una misma obra. Así se fue ordenando una versión teatral en siete capítulos: el golpe, la calle, la tortura, los muertos, el exilio, la justicia y la frustración.

El proceso creativo, junto a las reuniones con Catalina Rojas, le permitieron a la dramaturga conocer su "anti método" y las circunstancias en las que escribía Parra. "Él tenía un proceso de escritura y al poco tiempo todos comprendimos que ese proceso, donde aparecían y desaparecían cuadernos, tenía que ser parte del relato. Por eso finalmente la obra también tiene un eco sobre la escritura misma, sobre el acto de escribir", explica Martínez.

Al proceso se suman los aportes de la directora Soledad Cruz y el actor Nicolás Pavez, quienes terminan de conjugar la versión.

A juicio de la directora, la obra se caracteriza por la belleza del lenguaje en décima, el humor, la picardía del protagonista, su ternura y la poetización de los hechos. Lo trágico se materializa en el dolor de un hombre que, al ser testigo de sucesos horrorosos, va perdiendo la esperanza.

"Una influencia importante fue el montaje de La negra Ester. Hay varias características que pueden emparentar a ambos montajes; el protagonista es Roberto, está escrita en décimas y sus personajes son reconociblemente populares. La diferencia es que en El golpe hay un sólo relator, un protagonista que interpreta a todos los demás", apunta Cruz.

"Parra es un testigo sensible que no deja indiferente a nadie, incluso rompiendo la línea confrontacional de los de derecha y los de izquierda, revelándonos un dolor humano que traspasa las fronteras políticas. Esto fue el puntapié inicial para la propuesta de dirección: poder sensibilizar al público, más allá de las convicciones políticas", añade la directora.

A la puesta en escena se sumará la música en vivo a cargo del pianista Nicolás Láscar, inspirada en la trayectoria musical de Parra: la cueca chora, el jazz guachaca y el canto a lo humano y a lo divino.

El texto de esta versión teatral será publicado por la Biblioteca Nacional y contará con un prólogo del fundador del Teatro Aleph, Oscar Castro, quien tuvo un rol clave en la escritura original de Roberto Parra.