Lo supe poco antes de las 9 de la mañana de ayer: la gran actriz y muy amiga mía además, Nelly Meruane, había muerto. Me quedo con el recuerdo de ese viernes 22 de diciembre del 2017, cuando junto a un grupo de actores celebramos su cumpleaños número 90, en un almuerzo en un restaurante de Providencia. Ese día llegó junto Juan Carlos Bistoto, el gran amor de su vida, y se veía tan animosa, simpática, amable y divertida como siempre lo fue.

Hicimos un recorrido juntos: Nelly y yo compartimos durante años en el Teatro Ensayo de la Universidad Católica, y recuerdo que en la segunda obra importante que hice en mi vida, que fue Árbol viejo de Antonio Acevedo Hernández en el año 1963, ella hizo de mi madre. En realidad, era también la madre de Leonardo Perucci, de Tito Noguera y de Gaby Hernández, quienes hoy deben recordarla tanto como yo. Con los años y en sucesivas obras, como la brasileña La moratoria (1966), también fui su hijo en la ficción y sentí el amadrinamiento artístico de su parte. Lo mismo en La pérgola de las flores, el gran clásico del teatro chileno y de la que pocos saben que la señora Nelly Meruane, cinco días antes de su estreno el 17 de abril de 1960, tuvo que tomar el rol protagónico de doña Rosaura, la jefa de las pergoleras, ya que la señora Ana González, que hacía el personaje de la Desideria, se había enfermado. Nelly lo estuvo haciendo durante un mes o 20 días, algo así, hasta que la Anita se recuperó y volvió.

Nelly, mi querida Nelly, quien primero fue profesora de liceo antes de convertirse en actriz, formó parte además de ese grupo de intérpretes que se encantaron con el oficio teatral mientras hacía clases a niños. Y tenía una voz maravillosa, una presencia radiante arriba del escenario y una simpatía a prueba de cualquier cosa, como buena maestra. Se distinguió también haciendo compañía con Silvia Piñeiro, en Juani en sociedad (1967), haciendo a la Cotocó, pero el gran papel de su vida, decía ella y decimos todos ahora, fue la Mama Rosa (1982).

Nelly dedicó gran parte de su vida al teatro, tanto aquí como en sus años en Venezuela, entre los 70 y 80. Y estuvo, además, muy activa en el teatro en sus últimos años: su misia Elisa en Coronación, donde estuvo bajo la dirección de Alejandro Castillo, es una de las mejores interpretaciones de ese papel que yo he visto en mi vida. Pero éramos también muy amigos, y muchas veces pasamos la Navidad juntos. Y a ella, que nunca supo decir adiós cuando se despedía de los demás, yo la despido ahora con un aplauso en medio del escenario.