Álvaro Henríquez lo define bajo un apropiado juego de palabras: "Este es para mí un viejo disco nuevo", puntualiza en referencia a su debut solista de 2004, el que escala sin problemas entre lo mejor de su obra, y que mañana sacudirá del olvido para revivirlo de manera íntegra en el Teatro Biobío de Concepción, con un conjunto armado especialmente para los festejos.

Pero cuando el penquista olvida los juegos de palabras —una de las rúbricas de sus composiciones— y muestra su cultura melómana —otra de sus rúbricas como creador— la definición es otra: "Este álbum lo siento como el que sacó Lennon con la Plastic Ono Band. Una cosa muy personal, donde hablaba de Yoko, de su madre y de asuntos muy privados", describe al levantar un paralelo con ese trabajo de 1970 en que el ex Beatle exorciza sus traumas más viscerales y asume su nueva vida fuera de los Fab Four como un cisma, ese minuto en donde nada volverá a ser lo mismo. Desde hace décadas, es el ejemplo que casi todo músico cita para referirse a trances turbulentos y descarnados que terminan transformados en canciones.

Y en el caso de Henríquez, las similitudes fueron elocuentes. En ese 2004 ya había separado a dos grupos —Los Tres en 2000 y Pettinellis cuatro años después— y su carrera adquiría una inesperada dirección en solitario para un hombre acostumbrado al trabajo colectivo. Fue el momento donde empezó a abordar algunos de los tópicos más personales de su vida, derribando las metáforas, las alegorías y las figuras literarias con que siempre había diseñado sus líricas en Los Tres.

Aquí hablaba de una distancia furibunda con ex parejas, de nuevos amores, desplegaba una emotiva sensibilidad al hablar de su hija y su sobrino, y lanzaba dardos contra ex amigos que ahora estaban del otro lado. Y para que no quedaran dudas: la carátula lo mostraba vestido de hombre rana en una fotografía arrancada de su niñez.

El músico lo explica mejor: "Para mí fue una época de bastante duda. Después de Los Tres, para nosotros fue bien pesado llevar eso a cuestas, ser un ex Los Tres. De hecho, cuando se acabaron, en ese momento dije: 'filo, no voy a hacer más música'. Así de heavy. Era muy difícil seguir, porque hubo una decepción con Los Tres y después con los Pettinellis. Entre medio me había divorciado, era una época muy turbulenta. Tuve un sentimiento muy fuerte de no querer seguir haciendo música. El punto es que continué haciendo canciones. Entonces me dije: '¿qué voy a hacer con estos temas? ¿Se los voy a regalar a alguien?' No pues. Y ahí se me ocurrió hacer un disco solista. Y uno muy personal".

Entre esas composiciones están "Marcas en el alma", "Sirviente y no patrona", "Amada", "Vida o muerte", "Tengo más alcohol que sangre" y la simbólica "Jefe de jefes", original de Los Tigres del Norte, pero también responsable de crear una histórica etiqueta que hasta hoy está adherida a su personalidad.

"Eso fue una broma, la gente se lo tomó muy en serio. Hay gente que me dice 'Jefe de jefes' y me da mucha risa. Los propios Tigres del Norte me presentaban como el verdadero 'Jefe de jefes', lo que para mí es todo un honor", rememora.

Después sigue: "Hay varias canciones que me gustan mucho de este disco. Se me paran los pelos cuando las he vuelto a escuchar, casi de decir: 'oye, ¿y yo escribí todo esto?' Revisar esos temas ha sido una recapitulación de todo lo que uno ha hecho, que ha sido harto. Por ejemplo, 'Vida o muerte' es la que más me gusta. 'Amada' también me devuelve a esa época, está dedicada a mi hija Olivia. 'Nicanor', una instrumental, está pensada para mi sobrino, que en esos días eran guagüitas, chiquititos, ahora son más pailones. Todos crecemos".

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Sin apoyos promocionales

Pese a la intensidad que retrataron esas composiciones, y a las puertas que abrieron para conocer la existencia de un artista cuya intimidad siempre se ha mantenido cercada, su debut en solitario contó con escasa promoción. Fue presentado muy poco en vivo, los singles sonaron apenas un tiempo en radios y terminaron por diluirse con el curso de los años. Recién hace unos meses llegó a Spotify y se reeditó en formato físico como preludio del concierto de mañana.

"Fue justo la etapa maldita de los sellos, se empezaron a acabar, a terminar, los productos no se trabajaban, las canciones tampoco", rememora, como si la incertidumbre que él mismo atravesaba también hubiera sido parte de la afligida escena discográfica de principios de siglo.

"Como no fue bien trabajado, tampoco hubo muchos recitales para mostrar las canciones. Y esta idea de revivirlo fue de mi hermano Gonzalo, quien una vez me dijo 'oye, ¿y si hacemos el disco solista?'. Al tiro pensé: 'no es mala idea'. No se me había ocurrido. La gente no lo conoce mucho, pero yo le tengo mucho cariño".

Y en ese trabajo de resurrección, de arqueología de su propia historia, el cantante ha contado con un escudero fundamental: Ismael Oddó, integrante de Quilapayún que ha ejercido como director musical del espectáculo de este fin de semana.

"Ismael me dijo que este álbum es como un auto precioso, pero que está estacionado a la sombra y hace mucho tiempo que la gente no lo ve. Entonces ahora la gente lo tiene que ver".

Y para que el auto se pueda exhibir en su mejor estado, Henríquez y Oddó sumaron a nuevos músicos: Paolo Murillo y Felipe Ortiz (guitarra); Pablo Freire (bajo); Boris Ramírez (batería); y el primo Rodolfo Henríquez. "Los ensayos han sido hartos y muy bien logrados. Tocar estas canciones además me hace retroceder en el tiempo. Y no son fáciles, por eso teníamos que armar todo esto", comenta.

El tiempo invertido en ensayos es quizás directamente proporcional a la variedad estilística del trabajo: en el título homónimo hay rock, blues, rockabilly, música mexicana, cuecas, folclore y una constante reverencia a Brian Wilson, de The Beach Boys, héroe de toda la vida del chileno, pero en particular de esos años de exploración y camino en solitario.

"Te diría que es un álbum que resume todos mis gustos musicales", subraya Henríquez en torno a una obra que se convirtió en su manifiesto: introspectiva, íntima, variada, incierta. Olvidada por los años, pero mañana lista para tener una segunda vida y reivindicarla entre lo más sobresaliente de su historial.

La cita de mañana en el teatro Regional del Biobío, en Concepción, también se emitirá por streaming a través de la web de Chilevisión. Las 1200 entradas gratuitas ya se distribuyeron en las boleterías del lugar hace algunos días.

Al principio del concierto se emitirán imágenes relativas al vínculo del cantante con su natal Concepción. Luego interpretará el álbum homónimo íntegro, para rematar con material de Los Tres y Pettinellis.