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The Smashing Pumpkins en 1995[/caption]

Mellon Collie and the Infinite Sadness: la noche ha llegado para mantenernos jóvenes

Por Nuno Veloso

"De gira con los Smashing Pumpkins, chicos de la naturaleza. Yo/ellos no tenemos función. No entiendo lo que dicen y en realidad me importa una mierda", cantaba Stephen Malkmus en "Range Life", del ya clásico Crooked Rain Crooked Rain (1994), el segundo álbum de los californianos Pavement. Una letra que le valió ser eternamente baneado y odiado por Billy Corgan. En cierta forma, Mellon Collie & The Infinite Sadness, el tercer disco de los Smashing Pumpkins, editado en 1995 y sucesor del exitoso Siamese Dream (1993) es la antítesis de esa piedra angular del indie noventero, repleta de ironía, desparramo, y poesía errática. Si en el disco de Pavement, en el folleto interior, aparecen una serie de alternativas para la frase "Estoy en una 1) Brigada del rock 2) Caballería del rock 3) Roca del desierto 4) Tienda de rock 5) Ópera Rock, pues Mellon Collie and the Inifinite Sadness intenta abarcarlas todas y más.

Corgan dudó tanto de sus compañeros James Iha y D'arcy Wretzky mientras esculpía Siamese Dream que quiso grabar él mismo la mayoría de las guitarras y bajo hasta alcanzar lo que estaba adentro de su cabeza. Pero también dudó tanto de sí mismo que quiso acabar con su propia vida. Y, aunque no lo hizo, sí optó por otra estrategia: el suicidio comercial. En Mellon Collie es donde Corgan se acepta como el perfeccionista del rock —la antítesis de Pavement— y también acepta la humanidad dentro de sí y de sus compañeros, dando espacio y permitiendo que la dinámica en vivo de la banda sea atesorada en la placa, entendiendo que un grupo es un organismo vivo y confiando en ella como único vehículo posible para su materialización. Gracias a Alan Moulder y Flood, captura la potencia en vivo ("Jellybelly", "An Ode To No One", "Bodies") y a la vez expande sus capacidades ("Love", "Cupid de Locke" o "We Only Come Out At Night"). Acá hay ambición de vieja escuela, y me refiero a los Queen del A night at the opera —están las 70 partes de guitarra de "Thru the Eyes of Ruby"— y al Yes de Tales from topographic oceans —en el vinilo no hay cuatro lados, sino seis: Dawn / Tea time / Dusk / Twilight / Midnight / Starlight. Este es un menú de seis tiempos, diseñado para capturar el día, y todos los días ("and you can make it last forever, you", dice Corgan en "Thirty three").

https://www.youtube.com/watch?v=4aeETEoNfOg

Corgan es un obsesivo total. Escupe todo lo que tiene adentro, y aun así siente que algo le queda ("a pesar de mi rabia sigo siendo un ratón enjaulado", gruñe en "Bullet with butterfly wings"), pero acá rompe el dique de su ansiedad contenida y deja que adopte multitud de formas: 28 canciones en dos CDs, 30 en tres vinilos, más un volumen de outtakes de calidad que dio para un box set aparte, llamado The Aeroplane Flies High (uno de los mejores packaging de la era). Si Pavement es frescura y descuido, Corgan es la tiranía de la emoción —y del fuzz, por supuesto. Con Mellon Collie liberado al mundo, Corgan se ganó el derecho de hacer lo que quisiera después, y así fue para bien o para mal. Esta obra es para la posteridad. Es una biblia pensada para jóvenes de entre 14 y 24 años, y justamente el próximo 24 de octubre cumple 24 años de existencia. Toda nueva generación debería atesorarla.

https://open.spotify.com/album/55RhFRyQFihIyGf61MgcfV?si=rtUW9wP9TjGCIFZnfj_QaQ

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The Smashing Pumpkins en 1998[/caption]

Adore: no podemos evitar sentir que algo se ha perdido

Por Andrés Panes

Tras saborear la gloria con Mellon Collie and the Infinite Sadness, Billy Corgan nunca volvió a ser el mismo. El aire enrarecido de la cima del mundo lo apunó. Alguien tan ambicioso no sabe qué hacer cuando llega al final de la subida. Desorientado por el mal de altura, vio cómo su banda se caía a pedazos, dañada por un cóctel explosivo de cansancio, malas relaciones humanas, despotismo y abuso de heroína. El golpe más terrible fue el carrete donde el baterista Jimmy Chamberlin y el tecladista Jonathan Melvoin sufrieron una sobredosis: el primero fue despedido y el segundo no vivió para contarlo. Desastre total mientras en las radios no paraba de sonar "1979". La segunda mitad de los noventa se avecinaba hostil desde el inicio para el autoritario líder de los Pumpkins, recién separado de su novia de toda la vida luego de un par de años de matrimonio. Poco después, el cáncer se llevó a su madre. De hacer un conteo, Corgan hubiese andado por ahí con los 99 problemas de Jay-Z.

Demasiadas emociones juntas para un músico que construyó un imperio en base a su extraordinaria sensibilidad. En pleno vendaval, The Smashing Pumpkins fue, por un instante, la banda más grande del planeta. Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Una escenario así solamente podía dar pie a un disco tan temperamental como Adore, supeditado por completo a los vaivenes anímicos de Corgan. Los embates que resistió el frontman lo hicieron envejecer rápidamente, como delata "Perfect", la secuela espiritual de "1979" que toma lugar en el mismo universo, pero con los otrora vitales personajes ya abatidos por el tedio y la rutina, como muestran en el videoclip unos Pumpkins con mucha nostalgia de sí mismos. Una sensación de pérdida y luto predomina a lo largo del disco. El tema épico que Corgan le dedica a su mamá, "For Martha", ahonda en la insalvable distancia entre vivos y muertos: "Algún día voy a seguirte y te veré al otro lado".

https://www.youtube.com/watch?v=VKYY8DxVZHE

Adore ensaya sobre la ausencia y los espacios que deja una persona al irse, literal o metafóricamente. Aunque hay sesionistas y máquinas a cargo de percutir, nadie intenta tocar como Chamberlin. El vacío que dejó el batero debería aparecer en los créditos porque de verdad puede sentirse. Está claro que Corgan sufría de inclinaciones tiránicas, pero el respeto que le tuvo a su colega siempre fue gigantesco. Chamberlin imprimía fuerza rockera y humor, y con él se fueron las guitarras y las sonrisas. El semblante de Adore es lejos el más triste del catálogo de los Pumpkins, pero el disco también funciona como un refugio para que un genio musical de su época oxigene su lado vulnerable. De cara a la negatividad de un mundo personal en ruinas, Corgan bajó la guardia en vez de entregarse a su instinto de grandilocuencia, el rasgo que lo distinguía entre las luminarias de la era del rock alternativo, la mayoría demasiado cool como para mostrar tanta afectación. Las expectativas de los fanáticos y del sello, las tendencias de la época y una serie de factores ajenos a la música conjugaron para convertir al disco en una manzana de la discordia, pero 21 años cambian la perspectiva. Es una obra maestra.

https://open.spotify.com/album/7ysKTnHt4ve0MvIWm3vPdz?si=-1SmspDuQpSnlTVZp7PFyw

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