—Me ha pasado en otros países que no son el mío que ponen como el nombre real, ¿viste?... te ponen como el nombre real y después, ponele, "Carlos Carcacha llamado Carca" y no sé por qué. Quizás es una costumbre de otros países, que acá no pasa. Acá no te preguntan si sos Carlos o si sos Carca, qué sé yo.

Hablar con Carca, como prefiere que lo llamen, se trata un poco de eso: de conocer a un músico que parece sentirse cómodo, en su hábitat, cuando se lo cuestiona todo. Definido, tal vez por eso, tal vez por su aspecto o tal vez por su obra, como un rockero atípico, inició su trayectoria —"carrera no me gusta, porque parece que uno está corriendo detrás de algo"— en Tía Newton y luego, desde hace 25 años, como solista, protagonizando la movida alternativa de los 90s, aunque tampoco le guste ese mote —"alternativo se le puso para vender determinada estética y eran bandas de rock: buenas o malas, pero bandas de rock"—.

Carca es físicamente desproporcionado, altísimo, flacucho, y cultiva un look —con afro y patillas— que difícilmente pase desapercibido. Su obra, prolífica, distinta, cuenta con la bendición de Calamaro y Juanse, colaboró con Melero, Flavio (Cadillacs) y con Attaque 77, y durante la lucha de Gabo Manelli —y su posterior deceso en 2008— se sumó a Babasónicos, primero como bajista y hoy como multiinstrumentista —"y hacedor de fantasías sonoras"—. Es, quizás, el último bicho raro que ofreció el rock argentino. Y lo sabe: "Basta con conocerme, supongo que desde físicamente hasta incluso a través de una entrevista en un medio escrito: hay un millón de formas que describen cómo soy y qué soy. Y mi música es como yo".

Sabe, también, en este periplo se transformó en una suerte de espejo para la nueva generación. "Todos tenemos música dentro y yo me animé a mostrar la mía con orgullo, con seguridad y con hidalguía —explica—. Y parece que, bueno, a través de todos estos años, llega un punto que te convertís en referente de las bandas nuevas, de las bandas más jóvenes. Después de tantos años de una búsqueda iconoclasta en la música, uno llega a eso, medio a como convertirte en un clásico".

—Un clásico de lo alternativo...

—Pero un clásico de lo alternativo en el mejor de los sentidos, no del alternativo como lo usan los medios, lo rock alternativo, ¿viste? Rock alternativo se le puso para vender determinada estética y eran bandas de rock: buenas o malas, pero bandas de rock. Nirvana, por ejemplo, no me parece rock alternativo…, es un hito de la historia y mirá que no soy ni fan. Pero sí admirador de ese tipo como compositor, y como todo, como performer. Después, la parte de inmolarse no la comparto. Pero habrá que estar ahí, en sus zapatos. Y nada, me fui, qué sé yo, todo este palabrerío es para buscar la forma más descriptiva de mostrar qué música puede hacer la persona de la foto que estás viendo.

—Con Miss Universo, en 1994, te diste a conocer. Hoy, mirando hacia atrás, ¿cuál es el balance que haces?

—Fue una de las etapas más hermosas de mi vida. Igual que este presente también, que me llena de escenarios, de aprendizaje constante y de anécdotas increíbles. La verdad que lo recuerdo, como te digo, como uno de los momentos más hermosos. Yo nunca tuve un plan. Siempre exorcicé, de alguna manera, una energía dentro mío que no sé si oficiará de canal o de otra cosa, no lo sé, pero hay una energía dentro mío que me hizo ir construyendo músicas que yo creía necesarias para mí. Pero creo que la existencia de esa música tenía que concretarse. Y bueno, fui tras eso, experimentos constantes en la música y no por eso música experimental... es intentar buscar nuevas formas de quizás de decir lo mismo, porque todo el rock es viejo, pero bueno, ahí está la gracia de caminar sobre la cuerda floja, ¿no? Si no, no tiene gracia. Otro disco es otro desafío, otro show es otro desafío, otra etapa, otro cambio, son todos desafíos que vos vas sorteando principalmente con dignidad, con orgullo, con fuerza y divirtiéndote mucho también. Porque más allá de toda la vida y todo lo que cuesta generar todas las cosas, concretarlas, desde niño tener guitarra o lo que fuese... No la tuve fácil, pero divirtiéndome también te decía. Es eso, más o menos.

—Alguna vez mencionaste que adoptaste la política de enfrentarte a públicos no tan habituados a escucharte. ¿Cómo es tocar en Chile?

—Espectacular, hermoso, la verdad que fue mi primera vez en Chile como solista —ya había ido varias veces con Babasónicos—, y me llevé una grata sorpresa, un público muy cálido, dividido supongo entre curiosos y conocedores. La pasé bárbaro. Bueno, todo es frases hechas en esta situación: uy el público, uy esto y lo otro. Uno se da cuenta apenas las pronuncia, pero realmente, más allá que sea trillado y lo digan todos, en mi caso te lo digo de corazón: fueron muy cálidos, porque se siente esa energía en el lugar antes de tocar: había buena onda.

—También te presentas con Babasónicos. ¿Qué es, para ti, Babasónicos?

—Somos familia desde incluso antes que sea Babasónicos un grupo. Somos muy amigos desde hace muchísimos años. Mi inclusión fue triste porque es un lugar que me dejó mi hermanito Gabo, miembro fundador y alma de Babasónicos, compositor brillante y un bajista más brillante aún. Entonces, bueno, fueron épocas difíciles, muy difíciles, para todos, y bueno, me puse a tocar el bajo ahí con los chicos porque me lo pidió y porque, básicamente, era el único que lo podía hacer: porque entiendo perfectamente el pensamiento y el sentimiento de Babasónicos, porque soy uno más. Y soy un babasónico de corazón, ¿más vale? De alma. Después, lo empecé a disfrutar, a disfrutar y a disfrutar estos últimos años. No es que no lo disfrutaba antes, pero era estar en un lugar que no hubiese querido estar jamás. Hubiese querido tener el lugar que tengo ahora en Babasónicos, de multiinstrumentista, de hacedor de fantasías sonoras, un poquito de mil cosas, eso es hermoso, este presente. Ahora, de tocar bajo, yo quería en ese momento a Babasónicos con Gabo tocando el bajo, es obvio.

https://www.youtube.com/watch?v=PfMfinVk7eM

—¿Cómo ha sido trabajar en tu carrera solista y, a la vez, ser el multiinstrumentista de Babasónicos? ¿Muy exigente?

—No, porque hay tiempo para todo y yo no tengo una..., a ver, no me gusta decir carrera porque parece que uno está corriendo detrás de algo. Ponele que mi trayectoria, a través de todos estos años, fue muy mía. No es común. No sé si hay otro Carca. Hay un Melero, ponele. Pero corresponde a otra generación. No hay artistas que puedan ser… y ni siquiera lo digo por mí, es un análisis que se me ocurre ahora al estar expuesto a verme y a hablar de mí. Pero no creo que haya otros con tantos años que puedan seguir desobedeciendo todo. Y con esto no tiene que ver que sea incorrecto o prohibido para menores, no pasa por ahí, pasa por una situación artística que sostuve y defendí durante años y que sigo haciendo. Y por eso tengo la bendición de seguir haciéndolo y la compañía del público que me sigue la locura. Así que, ¿viste?, no sé si hay otro Carca, seguro que no.

—¿Y qué es lo que te hace distinto?

—Hay artistas que capaz hace mucho tiempo que están, pero hicieron cualquier cosa. Tuvieron gestos de hacer reggaetón, de prenderse en cualquiera y buscar pegarla, llegar. Para mí, y quizás soy el peor de los tontos, pero siempre siempre siempre uno tiene que llegar con lo suyo, sin modificarlo. Sin tener una intención indigna de decir, bueno, quizás la pego con esto. Vos tenés que hacer las músicas más hermosas que puedas, y lo que a vos más te convenza y te toque el corazón, y si eso por cosas del destino se vuelve un éxito, bienvenido sea. Pero buscarlo, buscarlo, buscarlo, podés buscar una buena canción que vos creas que a la gente le va a encantar, pero porque es una buena pieza. Mirá a Freddie Mercury con "Bohemian Rhapsody". O sea, no creyó, la pegó y rompió todo porque hizo una pieza maestra, y a la gente, por más que el tema estaba muy fuera de lo común, le encantó. ¿Viste? No estaba buscando el hit. Freddie Mercury podría haber hecho cualquier música y cualquiera hubiera sido bueno, sin embargo, estaba haciendo algo por el arte. Crear belleza que luego pueda convertirse en un hit radial... y, bueno, eso es como tener un hijo y que puede salir campeón mundial de fútbol, o doctor o guitarrista. Hace 25 años yo vengo haciendo la música que me encantaría la gente escuchase.

—Hace un tiempo criticaste la escena argentina por eso de siempre querer "pegarla". Dijiste que el rock argentino estaba siendo absorbido ideológicamente por el mainstream...

—Ahora no, porque por suerte, y por resistencia, por pura resistencia, hay como unos submundos, que no son tan sub tampoco, de bandas de géneros extraños. Ahí se pudo armar una escena stoner después de tantos años, entonces, qué sé yo, ahí hay gente que el hit no lo busca. Seguro que no. Haciendo stoner rock, no. Pero es eso: hay más desinterés. Los pibes ya saben que tienen que ir a laburar y después, si podés, seguir para adelante con la música. Entonces, pueden hacer una música relinda, porque se pueden mantener económicamente con un trabajo y no depender de vivir de la música, que es algo reimposible y utópico. No sé si el rock argentino está mejor que antes, pero no hay tanta boludez. En ese momento, todos los grupos estaban armados para pegarla. Es como moscas atrás de la miel, del dulce, y se notaba mucho, no había otra cosa.

Carca se presenta este jueves 26 de septiembre, en Bar El Clan, Bombero Núñez 363, Barrio Bellavista.