Sonó el teléfono. Al otro lado de la línea, el asistente de los Beatles, Mal Evans, confirmaba la noticia. John Lennon, junto a Yoko Ono, se dirigían al estudio. El músico se había ausentado de las primeras sesiones de grabación del que, a la postre, sería el último disco del grupo, Abbey Road, a causa de un accidente que sufrió mientras manejaba por Escocia. Tras cinco días hospitalizado, 17 puntos en el rostro y algunos rasmillones, por fin estaba listo.

"A todos nos preocupaba su estado físico (había sido un accidente grave y tenía suerte de seguir con vida)- detalla el ingeniero de sonido Geoff Emerick en sus memorias -pero también había una inquietud no expresada acerca de cómo iba a afectar la presencia de John y Yoko a las vibraciones relativamente buenas que se habían detectado hasta entonces".

De súbito ambos llegaron al estudio. Estaban vestidos totalmente de negro. El resto del grupo se acercó a saludar y a enterarse de los primeros detalles. Ahí John les dijo que estaba bien, y les invitó a ver como había quedado el Mini Cooper. Resultó que Lennon había hecho recoger lo que quedó del vehículo y lo hizo instalar en su mansión como una suerte de instalación artística. Entonces, como quien muestra las fotos del verano, había pedido a la grúa que antes de ir a su hogar llevaran la chatarra hasta el estacionamiento de Abbey Road para que el resto la viera.

Desde que había conocido a Yoko, en noviembre de 1966, el de Liverpool parecía estar abierto a nuevos intereses. Juntos habían creado un par de discos experimentales -en que grabaron gritos, ruidos extraños, entre otras cosas- y habían llevado a cabo sus famosos bed-ins, o protestas en la cama tanto en Amsterdam como en Montreal.

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"Nuestra relación es de maestro y alumno. Eso es lo que la gente no entiende. Ella es el maestro y yo el alumno (…) Yoko me despertó realmente. Se enamoró de mí, no del famoso, y a través de eso sacó lo mejor de mí", relató el músico a Playboy en 1980.

Por ello es que la unión entre ambos había resultado muy fuerte. No solo eran amantes, sino compañeros creativos. Además, tenían en común que ya contaban con un matrimonio fracasado a cuestas, e hijos. De ahí que decidieran pasar cada instante del día juntos.

Pese a que Lennon estaba algo más repuesto, la japonesa había resultado con lesiones más graves. Por ello aún estaba convaleciente y, según detalló el escritor Bob Spitz en su biografía del cuarteto, la artista además estaba embarazada. De modo que, fieles a su promesa de acompañarse a cada actividad, ese día hicieron traer una cama al estudio. Sí, una cama.

"Boquiabiertos, todos contemplamos como la entraban en el estudio y la depositaban cuidadosamente junto a las escaleras, frente al rincón del té y las tostadas - recuerda Emerick-. Aparecieron otros batas marrones con sábanas y almohadas y procedieron a hacer gravemente la cama. Entonces sin decir palabra, Yoko se metió en ella y se tapó meticulosamente con las sábanas".

Y de allí no la movieron en un par de días.

La felicidad es un arma caliente

Había pasado poco más de un año tras la ruptura de su matrimonio con Cynthia Powell. Hasta entonces, John había estado con agenda copada. Las frustradas grabaciones del proyecto Get Back, en enero, los viajes a Amsterdam y Toronto, y un par de singles, habían tomado su atención. Por ello, antes de volver al trabajo con los Beatles, Lennon quiso pasar unos días de asueto junto a Yoko, su hija Kyoko y su primogénito Julian quien se encontraba de visita. Decidió llevarlos a Escocia, donde solía veranear de niño.

Pese a que había sacado licencia de conducir en 1965, el músico era un conductor incompetente. A menudo lo llevaba un chofer, pues muy pocas veces se animaba a manejar su Rolls Royce debido a su miopía. Le sucedía que le costaba trabajo distinguir el tráfico. Pero en esta oportunidad, se envalentonó y anunció, campante, que él mismo se sentaría al volante.

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Era el 1 de julio. Mientras el resto de los Beatles entraba a grabar, el autor de "Strawberry Fields Forever" conducía por una carretera estrecha, con mal tiempo. De pronto le entró el pánico, pues desde la pista contraria vio venir un auto a alta velocidad. Como solo lo notó muy encima se asustó, perdió los nervios, el control del vehículo y la idea de un buen fin de semana. El vehículo cayó a una zanja. Él y Kyoko resultaron cortados en la cara, mientras que Julian tuvo heridas menores. Yoko, la más afectada, apenas pudo salir del auto con lesiones en la espalda.

Fueron atendidos en el Hospital Lawson Memorial de Golspie. Cuando se enteró, Cynthia viajó de inmediato para ver a su hijo y encarar a John, pero este se negó a tratar con ella. De todas formas, todos se habían salvado.

La siesta más difícil

Apenas habían pasado unos días, cuando la presencia de Yoko en cama se hizo difícil de llevar para los otros Beatles. Ello había generado tensiones durante la grabación del Álbum Blanco y parecía que la historia se repetía. Y esta vez, como comedia tal como afirmó algún filósofo.

Yoko vestía un camisón, y con una diadema ocultaba la cicatriz que le había quedado del choque. Con el paso de los días, comenzó a reponer fuerzas y el ánimo. John había hecho instalar un micrófono encima de ella para que todos pudieran oirle, entonces comenzó a intervenir en las sesiones con comentarios, que por cierto, no le habían pedido. Según Geoff Emerick ello les molestaba a todos. En especial cuando se refería al grupo en tercera persona como "Beatles", sin el artículo "los", lo que irritaba sobremanera a Paul McCartney.

Incluso comenzó a recibir visitas. Como si estuviera en una sala de cuidados en una clínica, se reunía con gente que llegaba a saludarla o dejarle obsequios. Todo ello con el cuarteto trabajando en un disco. "Mientras varios Beatles intentaban grababan a un extremo de la sala, ella estaba allí tumbada en el otro extremo, charlando con las amistades, haciendo que su presencia fuera todavía más evidente (y enervante) para el resto del grupo", recuerda Emerick.

Para el ingeniero, la inusual situación afectó en parte el ambiente de trabajo. Por su lado, John no se sumó a las sesiones sino hasta algunos días y no quiso participar en la grabación de temas como "Maxwell's Silver Hammer", la que desdeñaba a muerte (decía que era "música para abuelas").

En esos días, una cara nueva llegaba al círculo del grupo. Linda, la reciente esposa de Paul. Como era fotógrafa iba por algunas horas a tomar algunas instantáneas. De hecho, ella les tomó algunas imágenes durante la fiesta de lanzamiento de Sgt.Pepper's Lonely Hearts Club Band, en la casa del mánager Brian Epstein -ahí conoció a "Macca"-. Pero procuraba no quedarse mucho rato. De todas formas, hay algunas fotos en que está junto a Pattie Boyd -la mujer de Harrison-, el roadie Mal Evans y, por supuesto, Yoko.

Al final, Yoko Ono se recuperó. Pero las heridas en la interna del cuarteto más famoso de todos los tiempos, perduraron. La cama fue retirada y los músicos lograron completar el álbum. Mas, la tensión había hecho insostenible recuperar el ambiente de creatividad que los fab four procuraron mantener con celo durante toda su carrera. Pero de todas formas, alcanzó para dar forma a un LP que contenía el último esfuerzo por crear música soberbia y duradera. Mucho más que cualquier siesta.

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De izquierda a derecha: Pattie Boyd, Mal Evans, Linda McCartney y Yoko Ono.[/caption]