John Lennon reconoció que lo único que valía la pena en Inglaterra antes de su banda era The Shadows. George Harrison, un entusiasta de su música, les aconsejó abandonar los temas instrumentales y ponerse a cantar. Pero The Shadows ya lo hacía a través de Hank Marvin. Con él “la guitarra finalmente encontró su voz”, apunta Brian May en este documental estrenado por la BBC y disponible en Youtube, The Shadows at sixty, sobre el conjunto instrumental que el Reino Unido considera un tesoro viviente, influencia para una generación extraordinaria de las seis cuerdas con fans como David Gilmour, Pete Townshend, Eric Clapton, Tony Iommi, Jimmy Page y Mark Knopfler, entre otros. En Chile son recordados por clásicos de título traducido como Sonambulismo y Te veré en mi batería, éxitos coincidentes con los días de La Nueva Ola, creando una cápsula de espacio tiempo de características románticas y nostálgicas hasta hoy. 

A partir de los 60 años del lanzamiento de “Apache” que se conmemoran en julio, single fundacional del sonido western con la guitarra prístina y evocadora en primer plano, se relata la biografía de un grupo que en la antesala de la beatlemania marcó pautas. The Shadows, liderados por Hank Marvin y el guitarrista rítmico Bruce Welch, fue la primera banda con estatus de superestrella oficializando la alineación de guitarra, bajo y batería en los albores de los 60, etapa dominada por solistas carilindos en ambos lados del Atlántico. 

The Shadows creó un sonido único e imperecedero combinando una Fender Stratocaster amplificada maravillosamente en un equipo Vox, logrando una resonancia con boletos a Hawaii, el surf, el western o un paisaje musical con ecos hispánicos y gitanos perfectos para una trama de Tarantino con Morricone traducido al rock & roll y pizcas de jazz. A falta de palabras (aún cuando grabaron un puñado de temas cantados más que convincentes), las composiciones poseen cualidades cinematográficas arrebatadoras con cada instrumento delineado a la perfección. 

The Shadows

Siempre adelantados The Shadows fue el primer grupo de rock inglés millonario, el primero en adoptar trajes para conquistar familias en shows de televisión, el primero que hizo películas junto a Cliff Richard, el Elvis británico a quien acompañaron en su etapa de mayor éxito, el primero en separarse tras una década redonda y el primero que regresó en grande mediante un fenómeno naciente en la cultura pop de fines de los 70, la nostalgia por un pasado cercano. 

En 1973 estando el grupo disuelto, el legendario hombre de radio John Peel presagió a Hank Marvin que en poco tiempo sería cool reconocer el gusto por The Shadows. Años después un empresario hizo un estudio de mercado. Sospechaba que la generación criada con sus canciones en la primera mitad de los 60 tenía ganas de rememorar. En apenas 48 horas una inédita campaña nacional por televisión en medio de la popularidad del punk, convirtió en número uno al álbum recopilatorio 20 Golden greats (1977). 

La historia de The Shadows at sixty también retrata la rapidez vertiginosa del pop de los 60 para dar vuelta la página, y la incapacidad del grupo para adaptarse a una nueva generación artística. El punto de quiebre llegó en la premiación de la revista NME en 1964 con The Beatles arrasando tras conquistar EE.UU., territorio inexpugnable para The Shadows por falta de promoción, y porque lucían empaquetados como el Rat Pack a pesar de ser veinteañeros. “No puedes invadir América con cuatro tipos de smoking” asume Bruce Welch. 

En pleno apogeo, The Beatles hablaba de The Shadows con la virulencia de un Jorge González veinteañero refiriéndose al rock clásico. Sin embargo la primera composición original grabada por los Beatles en Hamburgo en 1961, es una parodia y homenaje al grupo de Marvin y Welch. Firmada por Lennon y Harrison (combinación sin más registros en la bitácora beatle), “Cry for a shadow” es un instrumental más reverente que sarcástico. Por lo demás, “Apache” integraba el repertorio de los chicos de Liverpool en Alemania. 

Convertidos en sinónimo de una época previa a la revolución cultural protagonizada por John, Paul, George y Ringo, The Shadows envejeció antes de tiempo. Fue una de las consecuencias por pisar el acelerador a fondo en la escena británica, en un camino que a la vez pavimentaban con música inmortal.