“Llegué a México en el año 76. Nunca pensé que iba a tener la vida que he tenido. Pero de todas las sorpresas, la más grande, por lejos, fuiste vos. Haber hecho lo que hicimos juntos, Micky. Tener el privilegio de haberte visto crecer”.

De esa manera, en el capítulo estrenado anoche de Luis Miguel, la serie -el quinto del segundo ciclo de la producción de Netflix-, el personaje del mánager argentino Hugo López (César Bordón) le comienza a revelar a Luis Miguel su agonía. Lo que desembocará en su adiós definitivo: el representante que convirtió al mexicano en el astro más grande de Latinoamérica le comunicaba que estaba afectado de un grave cáncer que tenía su vida en los descuentos.

El cantante fue uno de los últimos en enterarse. De hecho, cuando López parte con sus dichos, el artista -interpretado por Diego Boneta- le responde: “Y lo que falta”. Pero el ejecutivo lo ataja de inmediato: “Lo que falta, no me va a tocar verlo”.

López fue una suerte de segundo padre para “Micky”. O, si se quiere, una contraparte al carácter déspota y oportunista de Luisito Rey. O, también, el arquitecto que construyó una carrera hasta solidificarla como una de las más relevantes del pop global, generando una identidad donde una estrella infantil realizó una brilante transición a figura juvenil.

El empresario tenía un generoso recorrido como hombre de negocios vinculado al espectáculo, manejando durante los 70 las carreras de la argentina Valeria Lynch y del brasileño Roberto Carlos para el mercado hispanohablante. También fue director de Televisa Argentina en la primera parte de los 80.

En ese mismo rol llegó por esos días a México, donde se radicó junto a su esposa, la modelo Lucía Miranda. Según cuentan algunas biografías, el flechazo con “el Sol” fue casi inmediato, aunque sólo se materializó con los años . Se conocieron en 1981 y el cantante se fue acercando a él con la marcha de la década, ya hastiado por el trato de su padre, pero sobre todo por sus movimientos en las sombas, vinculados a desfalcos, estafas y otras truculencias.

Según el libro Oro de Rey, cuando “Luismi” descubrió los manejos oscuros de su progenitor, buscó a los 18 años ayuda en López, quien de inmediato trazó una hoja de ruta: profesionalismo, trabajar con los mejores equipos discográficos de la industria y apostar en grande. En resumen, dejar de mirarlo como una cría infantil, y sacarlo de un circuito de mercachifles y estrategas de baja monta.

López estuvo detrás de la selección de las canciones del disco Busca una mujer (1988), ayudó en la producción de 20 años (1990) y reclutó a Armando Manzanero para Romance (1991).

En una reciente entrevista, Lucía Miranda lo ejempificó así: “Hugo quiso como un padre a Micky, lo aconsejó y fue una persona que lo fue llevando, él le hacía mucho caso y Luis Miguel era como su hijo”.

De hecho, quizás como su último gran gesto de afecto, el mánager decidió no contarle de su enfermedad a su hijo artístico. Al menos no en lo inmediato, pese a que parte de su círculo privado ya estaba impactado y golpeado por el tema.

No sólo quería mitigar a principios de los 90 un eventual daño a una carrera que estaba en pleno ascenso y sólo sabía de éxitos, sino que también quería evitar adherir otro trauma a una vida ya agitada por demasiadas pérdidas, desde la desaparición de su madre hasta el fallecimiento del propio Luisito Rey en 1992.

De esa manera, “Micky” se enteró del cáncer al colon de López sólo 14 días antes de su deceso. Todo fue demasiado rápido: entre el diagnóstico de la enfermedad y su muerte, apenas pasaron ocho meses.

Murió a los 51 años, cumpliendo cierta mirada profética de sus días de juventud, cuando le repetía a sus íntimos que él moriría joven.

Luis Miguel junto a Hugo López, encarnado por César Bordón. CAMILA JURADO/NETFLIX © 2021

“A principios de 1993, mi marido se enteró que tenía cáncer de colon. Su papá había muerto tres años antes de antes, de la misma enfermedad. Cuando lo conocí, Hugo siempre decía: ‘Yo voy a morir muy joven’. ‘No decretes eso’, le decía yo. ‘Sí, yo sé que yo voy a morir joven’”, contó Miranda hace un tiempo a Infobae.

López le escondió su situación a una parte importante de sus colaboradores y siguió trabajando con el hombre de Suave a la distancia, sin alertarlo de nada, manejando incluso tres celulares para poder monitorear todo lo que hacía.

¿Cómo fue el momento en que el cantante se enteró de la enfermedad de su mentor? “Ese día no se me olvidó más. Estaba internado en el Centro Médico ABC, en México, y Luis lo fue a visitar. Hugo siempre le inventaba distintos problemitas de salud para justificar sus recaídas. Ese día, cuando lo ve, como si nada pasara, Hugo le dijo: ‘Ahora vas a ver todo lo que vamos a hacer, vamos a grabar un nuevo disco, vamos a hacer una gira internacional…’. Luis Miguel lo miraba y se le caían las lágrimas, como diciéndole ‘sí, Hugo, sí, sí…’”, dijo su viuda en entrevista con Teleshow.

Luego agregó: “No me olvido de esas lágrimas al salir de la habitación. Luis Miguel golpeaba las paredes y decía: ‘¡Puta, esta pinche enfermedad del cáncer! ¡¿Cómo puede ser que ahora me pase esto con Hugo?!’”.

“Después de la muerte de él, la vida de Luis Miguel cambió. Hugo siempre lo contenía, lo aconsejaba mucho porque era muy paternal con él. No solo con él, con toda la gente. Y después vino otra etapa que fue muy difícil porque pierde al padre y después pierde a Hugo”.

Diego Boneta como Luis Miguel. Cr. MAYRA ORTIZ/NETFLIX © 2021

Mariana López, hija de Hugo, relató en una entrevista con Excélsior que Luis Miguel estuvo todo el tiempo en el funeral, tras su partida el 30 de noviembre de 1993. Y que unos días después de la muerte, por petición de López, el cantante dio un concierto en el Auditorio Nacional. “Mi papá, una noche antes de morir, dijo que ni aunque se acabara el mundo iban a dejar de dar esos concier­tos, entonces, en honor a él, se dieron y durante ese show Luis Miguel le dedicó unas palabras de agradecimiento”, recordó en 2018.

La carrera de “Luismi” después siguió sin variaciones luciendo su corona como el astro mayor del pop en nuestro idioma. La misma que López, aunque construyó, no alcanzó a disfrutar del todo.