Pedro Alonso, Berlín de La Casa de Papel: “Nunca he tenido el sueño de Hollywood, no creo que yo sea el perfil”

Foto: Rémy Tortosa

El actor español habla con Culto sobre su primera visita a Chile, que lo tendrá dando una charla el 3 de agosto y lanzando su primer libro. Además, detalla su debut como director y entrega las primeras claves del spin-off que traerá de vuelta a su personaje de la serie de Netflix. “Yo entiendo a Berlín como un vehículo que lo podrías poner en muchos lugares diferentes”, afirma.



Antes de la pandemia, debido a fines promocionales, recorrió Buenos Aires, Bogotá y Sao Paulo. Con el fenómeno de la serie La casa de papel como excusa, Pedro Alonso (Vigo, 1972), Berlín en la ficción española ya finalizada en el streaming, palpó en terreno el fervor de los fanáticos y disfrutó de estadías amables junto a sus compañeros de reparto en distintos puntos de Latinoamérica.

No fue el caso de su reciente visita a México, donde se movió principalmente por Chiapas, la Sierra Mazateca y el Valle de Bravo. Dice que en su regreso a España llegó destrozado, exhausto. Y con una lesión en la espalda -dos vértebras dañadas- que lo obligó a acudir al médico.

Guardando las proporciones, le resulta plausible evocar el titánico rodaje que emprendió Werner Herzog con Fitzcarraldo (1982), que filmó en la Amazonía peruana superando los estragos que causó la producción en su salud y en sus finanzas.

“Un ‘Fitzcarraldazo’ a lo loco”, indica el actor sobre un proyecto tras cuyo rodaje “he llegado roto como si hubiese vivido la odisea”.

Acompañado de un equipo de diez personas, Alonso se propuso ir a México con el fin de documentar una búsqueda de maestros relacionados con prácticas rituales indígenas. Un área de interés que hasta ahora había desarrollado en su fuero más íntimo, sin nunca exponerlo de manera pública.

“Lo he llevado con mucha discreción. Lo sabe alguna gente que me conoce mucho. Pero ahora mismo esa discreción va a saltar por los aires”, dice entre risas al referirse a un largometraje que dirige y produce y planea llevar pronto a la sala de montaje.

En la presentación del final de la serie. Foto: Juan Naharro Gimenez/Getty Images for Netflix

Explica: “Yo no planteo la película documental como llegar a un sitio, preparar un set y preguntar para que me cuenten. Yo procuro vivir una experiencia, una experiencia que tenía un itinerario en torno a un tema. Pero luego ruedo la materialización de esas certezas que yo tenía según la vida me la va ofreciendo. Va a haber momentos en que un público medio no sabrá si esto es una película (convencional) o es una película de lo que llaman cine de lo real”.

Es otra de las facetas de un intérprete hasta ahora conocido globalmente como el miembro más incorregible y contradictorio de la Banda de El Profesor (Álvaro Morte). Uno que habla con entusiasmo de presente y futuro, de su trayectoria profesional y de vidas pasadas. Y del spin-off que prepara Netflix sobre Berlín.

-¿Cómo sobrevive una persona con los intereses que Ud. describe a la fama que ha acompañado el éxito de La casa de papel?

Yo lo plantearía al revés. El fenómeno de La casa de papel, que ha movido mi barco y el barco de unas cuantas personas que han trabajado en los últimos años de una manera muy significativa, es algo que tiene un doble filo. Por una parte te da visibilidad, te da oportunidades. Yo estoy básicamente agradecido y muy contento del material narrativo que me ha ofrecido estar en La casa de papel. Me ha permitido como actor poner toda la carne en el asador. He trabajado con un equipo muy valioso. Pero el fenómeno mediático tiene muchísimas implicaciones, algunas buenas y otras delicadas. Yo lo que he hecho frente a este tipo de sacudida es reforzar una búsqueda de orden personal que venía practicando en mi vida. He compensado esos momentos de mucha exposición con trabajos de obra propia, donde hago lo que me nutre, lo que me permite renovarme, lo que me permite recuperarme. Y que de alguna forma es un retorno. Todo lo que me pone en foco, en vez de dirigirlo hacia temas legítimos pero más superfluos, lo estoy concentrando en un tipo de búsqueda que es una invitación -insisto, sin pontificar- a encontrar una forma más saludable de procesar lo que a cada uno le pasa.

-Concluyo que no está entre sus ambiciones tener más exposición que la que ya ha tenido.

Yo ya no calculo. A veces digo, medio en broma, que tengo un machete en mi mesita de noche, que afilo cada día para cortarle la cola a las expectativas. Las expectativas se te agarran al cuello y no te permiten estar en el momento presente. Entonces yo me concentro y afino, en la medida de lo posible, mis intenciones vitales. Una parte de mis actividades tienen que ver ahora mismo con el mainstream, con el puro entretenimiento. A mí no me genera ninguna controversia. De hecho, estoy muy agradecido con la gente de (la productora) Vancouver, de mi relación con Netflix. Pero atiendo otras facetas, porque a mí me viene bien. En los últimos años he reforzado mucho desde un lugar más tranquilo que yo soy multifaceta: me gusta escribir, me gusta colaborar en prensa, dirigir esta película.

En ese agitado presente, apunta, “Latinoamérica es un continente que cuanto más conozco, más me está dando”. En los próximos días agregará un nuevo país a su pasaporte: el miércoles 3 de agosto encabezará una charla en el Teatro Oriente (entradas a la venta en Puntoticket), donde hablará de las curvas de su carrera y del papel que lo convirtió en una figura reconocida mundialmente.

“Chile llevaba llamando la puerta yo diría que desde hace tres años. Este no es el primer intento’”, señala. Su visita también servirá para que lance localmente Libro de Filipo (2020), su primera publicación como escritor.

La historia que aborda allí es la de un soldado romano que conoce al líder de un grupo rebelde que le cambia su existencia. Puede leerse como novela, admite, pero su origen se remonta a una regresión a la que se sometió años atrás, mientras abandonaba un período crítico de su vida.

Foto: TAMARA ARRANZ

“Te puede parecer bien, o no, que haya alguien que crea en las vidas pasadas. Yo no tenía una opinión formada. Pero a mí me produjo un impacto muy grande. De pronto me vi envuelto en el proceso y le dediqué dos años de trabajo. En algunos países lo han publicado como novela, aunque yo lo concebí como no ficción”.

-En medio de su agitada actividad en múltiples frentes, ¿le ha dicho que no a algún proyecto audiovisual que parecía irrechazable?

Sí, sí (se ríe).

-¿Se arrepiente?

No. Pero me temblaron las carnes. Me temblaron las carnes muy duro. Y no sólo eso: se me cayó al poco el rodaje de mi película, que lo retrasé un año. Dije que no a unas cuantas cosas, que lo entiendo como un privilegio en este momento en el que estoy; a todos nos da vértigo y muchas veces uno ni siquiera se lo puede plantear. Resistir a la industria a mí ya me parece un milagro. Cuando el fenómeno de La casa de papel estaba declaradamente en marcha, sentí que mi vida, o que mi camino, no era hacer todo lo que me dieran, sino que cuidar de una forma más fina mi jardín creativo. Es verdad que ahora tengo la serie de Berlín. Eso es un principio de estabilidad. La estabilidad me permite de repente arriesgar como lo hecho.

-El rodaje de la serie sobre Berlín es inminente (su estreno fue anunciado para 2023). ¿Qué nuevas áreas del personaje cree que puede ser interesante explorar en esa producción?

Me han hecho venir a Madrid, porque está empezando la preparación, pero todavía queda tiempo. He estado unos días trabajando, reuniéndome, incluso probando un par de escenas. Álex Pina, creador de La casa de papel y ahora de Berlín, es un showrunner al que le gusta trabajar mucho en caliente, en la cocina. Mi experiencia con él me dice que lo que tenemos ahora entre manos no va a ser exactamente lo que tengamos cuando empecemos el rodaje, que será después del verano (para el Hemisferio Norte), todavía falta.

“Yo hice una primera y una segunda temporada en que el personaje tenía una vertiente mucho más turbia, mucho más oscura. Luego hice una tercera temporada en que era completamente luminoso, con algún destello de esa oscuridad. Y en la quinta no era ni lo primero ni lo segundo, era una especie de híbrido. Yo entiendo a Berlín como una especie de parque temático, o como un vehículo que lo podrías poner en muchos lugares diferentes. Ahora Álex habla mucho de que vamos a hacer una feel-good movie (película reconfortante).que venimos de un momento duro: Covid, guerra, que esto, que lo otro. Quizás esta sea más luminosa, pero todavía se está por afinar y determinar. Soy el primero que no quiere anticiparse. Cuando tengan los guiones más avanzados, ya vendré y me pondré fuerte con ello, a partir de agosto, creo”.

Foto: Roberto Garver

-Hablando de contextos, ¿cree que el fenómeno de La casa de papel respondió en gran medida al momento que atravesaba el mundo en 2017, cuando se estrenó en Netflix, o a las virtudes de la producción?

Podemos especular y uno va teniendo su opinión, pero ni siquiera pienso que sea la más pertinente. Yo creo que es una mezcla de factores, y un plus de alineamiento mágico. Recordemos que la misma serie se emitió en una televisión generalista española y no fue un gran éxito. Al principio la serie tuvo muy buenas críticas, pero hubiese pasado sin pena ni gloria si no aparece la variable Netflix. Lo que tenía un nicho pequeño en una televisión nacional de pronto encuentra nichos en 190 países. Tenemos una serie de corte anglosajón, una historia de ladrones hecha por latinos, más caliente, más eléctrica, más emocional, más transversal, que además tiene esa línea de crítica al sistema, con este grupo de Robin Hoods. Y en términos de factura, era competitiva, la acción tenía mucha fuerza. De pronto apareció el golpe de magia que nos ha traído hasta aquí.

-¿Lo han llamado desde Hollywood?

Esa puerta se ha mostrado, pero yo nunca he tenido el sueño de Hollywood. Primero, no creo que sea el perfil; hace falta un tipo de disposición. Hollywood tiene algo muy demandante, implica un recorrido, una presencia... Y a mí eso nunca me llamó mucho, nunca fue mi modelo. No quiero decir con esto que yo no haya apreciado el cine de Hollywood y mucho de lo que ha venido de allí. Pero digamos que el paradigma norteamericano no es con el que más me he sentido identificado. Además, ahora mismo, con el mundo de las plataformas, hay una efervescencia creativa mucho más jugosa en nuestros territorios. Eso no quiere decir que no sea capaz de llevarme la contraria mañana. Me muevo más por proyectos. La vida me está enseñando que lo mejor que uno puede hacer es tirar sus prejuicios por tierra.

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