El impacto del Covid-19 en el mundo se ha traducido en una alarmante escasez de varios de los artículos que podrían ayudar a frenar el avance de esta contagiosa enfermedad. Tanto el alcohol gel y otros agentes desinfectantes, así como las mascarillas de protección se han convertido en los bienes más preciados no solo por la población, sino que también por el staff médico que precisamente necesita estar protegido para poder proteger a la población.

Y en una situación global donde todos los países se pelean las unidades que se van produciendo, es que la única solución viable es que los países que puedan, comiencen a producir su propio material.

Así es como Empresas CMPC, de la mano de su filial SOFTYS, encargada de crear productos de higiene y cuidado personal, ha cerrado la compra de dos máquinas de fabricación de mascarillas quirúrgicas, para potenciar la distribución de este material en la región.

Las máquinas, cuyo proceso es totalmente automatizado -manteniendo así la higiene de las mismas- serán instaladas en dos plantas: una en Puente Alto y la otra en Caieiras, localidad ubicada en Sao Paulo. Ambas podrán crear entre 60 y 80 mascarillas por minuto, lo que se traduce en aproximadamente un millón y medio de ellas por cada máquina al mes.

Pero la cantidad no significa una baja en la calidad sino que todo lo contrario. Todas las mascarillas de SOFTYS incluyen altos estándares de calidad y protección entregadas por sus materiales:

-Una capa interior y exterior no tejida tipo Spunbond, que le entrega firmeza, resistencia al desgaste y a las temperaturas, incluso superiores a los 100 grados Celsius. Es un compuesto no tóxico derivado del polipropileno hecho especialmente para estos productos.

-Una capa intermedia que opera como filtro tipo Meltblown, un compuesto que es antibacteria, con alta eficacia al filtrar, impermeable y además ofreciendo una ventana respirable para un uso prolongado.

-Junto a ello, incluye una barra nasal de metal cubierto con plástico para mantenerla firme y sin filtraciones al conducto nasal, además de un material elástico de sujeción al rostro.

La inversión, cercana a los 850 millones de pesos chilenos, es vista por Gonzalo Darraidou, gerente general de SOFTYS como una ayuda a la región y no como un nuevo modelo de negocios.

"No estamos abordando este desafío como un negocio, sino como la respuesta que se espera de una compañía orientada al cuidado de las personas, tal como lo hacemos con nuestros productos de higiene y cuidado personal", señaló el ejecutivo, recalcando que la entrega de estas mascarillas será de forma gratuita a través de los servicios públicos de salud, reservando solo una cantidad para el uso de sus propios colaboradores y comunidades vecinas.

Se espera que tras su arribo vía aérea, las nuevas plantas estén en funcionamiento pleno en 30 días más.