Veinticuatro años como diputado (seis períodos consecutivos), ocho años en el Senado, presidente de ambas Cámaras.

Si hay alguien en el gabinete del Presidente Gabriel Boric que sabe de arquitectura política, negociaciones, alianzas y rupturas, ese es Carlos Montes. Y con toda esa trayectoria a cuestas, nada fácil le ha sido guardar silencio en el debate más importante que el país ha vivido en el último tiempo.

-Soy ministro sectorial, asumí mi rol, y me contuve de cualquier tentación de opinar sobre alguna de las materias.

Hasta ahora.

Carlos Montes, 76 años, socialista, está sentado en su oficina en el Ministerio de Vivienda, donde tiene como misión entregar 260 mil casas durante la administración Boric. Durante las noches, o en el horario poslaboral, cuenta que se junta con gente para conversar sobre el proceso constituyente y los tiempos que corren.

-Soy muy optimista. Creo que el país está viviendo algo muy potente, con muchas posibilidades. Chile vive una crisis que desembocó en un proceso muy democrático para tratar este tema, y se va a apreciar mucho más después, con la distancia en la historia. Es un tiempo de mucha riqueza para el país. ¿Cómo termina esto? Espero que termine muy bien. Esa es mi expectativa.

¿Y eso es independiente del resultado que tenga el plebiscito?

Sin duda que no. Obviamente, este es un proceso que termina con una propuesta y el país tiene que definirse frente a ella, y depende mucho de cuánta voluntad concita. Las propuestas constitucionales siempre tienen partes más sólidas, más convocantes y otras menos. Y aquí hay un debate. La gente está cada vez más interesada, descubriendo o reflexionando más. Ha habido un período de una enseñanza y un aprendizaje cívico fuerte, aunque todavía no es masivo. El grueso de la gente siente que no tiene que ver con ello, pero yo creo que hay un crecimiento del país. Hay mucho más debate de contenido que los que hay en las campañas en general. Aquí ha habido preocupación por entrar, gente leyendo, en fin, va a tener implicancias de futuro. La democracia va a ser de mejor calidad.

Pero eso corre también si se hace un nuevo proceso constituyente…

De alguna manera sí, pero también habría una actitud de decir “bueno, vamos a volver a todo”. O sea, la gente quiere un proceso que tenga su desenlace, su desarrollo y no quedarnos pegados al proceso. Ha sido bien interesante que esto no ha quedado sólo entre los buenos y malos, sólo entre los ricos y los pobres, por decirlo así, sino que se está pensando cómo se vive juntos en una sociedad. Lo más profundo de la política ha estado puesto sobre la mesa, y eso tiene relación con algo que es clave, que es la calidad de la democracia. Si los ciudadanos no entienden lo que se está discutiendo o se sienten demasiado distantes, es que la democracia no está bien.

Ahora, a juzgar por las encuestas, mientras más se involucra la gente en la discusión, más se consolida el Rechazo. La gente estudia y no le gusta el proyecto.

Yo no soy comentarista, usted sabe que no puedo meterme en eso. Estoy tratando de opinar en general...

¿Pero es un fracaso del proceso que gane el Rechazo?

Vamos a ver qué ocurre.

¿Pero a usted el proyecto constitucional le satisface como ciudadano?

Yo creo que en los temas profundos hay un avance muy importante. El tema de la democracia está muy central. Los temas civilizatorios, como el medioambiente, están ahí, y eso me parece muy importante. ¿Que están todos los temas asumidos en profundidad? Hay muchos temas que habrá que resolver a nivel legal, porque a nivel constitucional quedaron muy abiertos.

¿Pero el sistema político que queda establecido le parece correcto? Usted realmente sabe cómo funcionan el Poder Legislativo y su contrapeso con otros poderes del Estado.

Yo siento que el tema está bien puesto. ¿Está resuelto a nivel institucional? No, porque eso va a ser propio de otra legislación. Yo tengo preocupación por algunas cosas, por ejemplo, los partidos. Creo que el Parlamento también requiere un debate, porque por algo tiene una mala evaluación en la ciudadanía. Ahora, el tema de los equilibrios: hay que ver cómo terminan siendo las leyes específicas respecto de la relación entre las cámaras, cuestión que fue superándose y quedó bastante más armado. Las cámaras tienen que exigirse mucho más, porque el cambio no va a ser solo constitucional, tiene que ver también con sus leyes y con su forma de funcionar. O sea, no puede tratarse un proyecto sobre el nombre de una plaza igual que la discusión de un tema más global. Hay muchas cosas del Parlamento que son propias de otra época, así es que tenemos que reconstruir la manera de funcionar. Es una institución que requiere una renovación profunda.

¿Está de acuerdo con el compromiso de cambios que suscribió el oficialismo?

Me gusta la actitud de los partidos de decir “mire, aquí la matriz de esta propuesta tiene muchas cualidades, tiene mucho valor, recoge grandes temas de Chile, busca alternativas de futuro, pero también hay cosas que están ambiguas, que hay que precisarlas, que pueden interpretarse en un sentido u otro”.

¿Pero cree que eso es suficiente para dar vuelta la campaña?

No tengo bolita mágica, no soy comentarista. Creo que está puesto en la línea de si reconocemos que hay temas que hay que profundizar, y eso es un valor en el debate.

¿No cree que puede parecer una cocina política?

Este término de la cocina siempre me ha provocado distancia, porque la primera vez que tuvo relevancia fue por la discusión tributaria del 2014, y quien habló de la cocina fue una persona que no la dejaron entrar a la cocina... Siempre en el proceso hay grupos de distintas características que van debatiendo. Este es un debate nacional, abierto, no es un debate cerrado o un diálogo tramposo. Y mí me gusta mucho que, independiente de los contenidos, los partidos empiecen a recuperar su rol, porque es uno de los problemas que han tenido este período.

El acuerdo toca la plurinacionalidad, considerando que es uno de los asuntos conflictivos del debate. En el Rechazo se estima que los temas indígenas están sobrerrepresentados en el proyecto constitucional.

Mire, tanto usted como yo, siendo generaciones bien distintas, vivimos una formación que mirábamos en menos a los indígenas, a los mapuches. Y la sociedad entera, a lo más aspiraba a que se integraran, a trabajar. Ahora hay un cambio en el mundo, no solo en Chile, de decir “reconozcamos que esto tiene un valor”. Hay pueblos originarios que tienen su propia singularidad y, por lo tanto, eso hay que respetarlo. Pero, además, de ahí pueden surgir aportes que no nos imaginamos. Que los que fuimos formados de una determinada manera lo estemos viviendo, no es fácil. Hay un proceso de aprendizaje. Y que esto puede haber quedado pasado de la raya en algunos temas, probablemente es así, o interpretable en otro sentido. Pero de que esto tiene un valor profundo, lo tiene, y nos va a hacer a todos más humanos y nos lleva a entender que la diversidad es parte de la riqueza de una sociedad y que lo mínimo es reconocer a nuestros pueblos originarios.

El gobierno ha estado íntimamente ligado al debate constituyente. ¿Cómo lo está viendo usted?

Es importante pensar que este es un gobierno que tiene un proyecto transformador en una realidad de una tremenda complejidad. Se da un cuadro internacional, económico y político difícil, con efectos de la pandemia y, además, una guerra. Tenemos también una situación parlamentaria muy desfavorable para el gobierno, que requiere una experiencia y un talento de todos los actores muy grande, y que se pueden cometer errores, se pueden cometer. Y veo el gobierno con un Presidente que tiene una clara dirección, que tiene claro que las transformaciones se hacen con mayorías, desde la diversidad. A mí me gustó su discurso en la cuenta pública, cuando dice que hay continuidad en la historia, pero que las transformaciones se hacen desde ese marco. Esto es un aprendizaje que muchos lo vivimos en el gobierno de Salvador Allende también. Ahí uno de los errores más importantes fue entender que no se hicieron los esfuerzos que había que hacer para construir esa mayoría potencial, y eso terminó en situaciones políticas dramáticas como la que vivimos.

Si el Presidente ha entendido eso, ¿por qué da la impresión de que su primera línea no lo tiene claro?

Bueno, en un período como el actual hay más diversidad. Yo hago una comparación con los inicios de la transición, donde había bloques bastante diversos, pero había un orden mayor por la exigencia del momento. Hoy día, dentro de todo, en los temas fundamentales ha habido unidad en gran parte de los temas dentro de la diversidad que tenemos en edades, trayectoria, experiencia.

Pero es bien difícil valorar esa diversidad y esa riqueza cuando se trata de dos coaliciones en que una mira a la otra como si tuviera un pecado original.

Lo que pasa que tenemos distintas experiencias. A mí me tocó conocer por lo menos hace nueve años a Giorgio Jackson, cuando era candidato a diputado o antes, como dirigente estudiantil. También a la Camila Vallejo. En lo de Giorgio, yo no siento que él tenga esa sensación de que es superior. No lo he vivido en el tiempo que lo he conocido. Sí que es diferente, que no es lo mismo. Son generaciones distintas para todo. Incluso yo sigo a Zygmunt Bauman, que dice que hasta para amar somos distintos.

Pero cuando él dice que tiene principios y valores distintos a la generación anterior, apunta a la suya también.

Sí, pero yo sé que yo estoy en una generación que somos diferentes y entre nuestra generación no somos iguales en el valor que le damos a la política. Tenemos matices, tenemos diferencias y ellos también tienen, los más jóvenes también la tienen.

Principios y valores diferentes, porque tienden a ponderar las cosas. Por ejemplo, cuando Boric dice a los ministros “no podemos estar todo el día en esto de la política, tenemos que combinarlo con la vida”, la generación mía estábamos todo el día dedicados a esto, creyendo que estábamos construyendo un nuevo mundo y estábamos al borde del precipicio con la dictadura.

¿Entonces todas las personas que salieron a responder a Jackson -oficialismo y oposición- son unas exageradas?

Son vivencias distintas, porque a uno le parece que la opinión de alguien se siente por encima y a otro no nos parece. Uno aprende a convivir entre generaciones distintas, porque quizás lo clave es el diálogo entre generaciones. A Giorgio lo conozco más, o a Miguel Crispi, a Gonzalo Winter, gente que uno termina valorando sus impulsos. Ese aprendizaje es parte de lo que permite construir un mejor país y una mejor democracia, claramente.

¿Ha visto un proceso de maduración en esta generación?

Sin lugar a dudas.

¿En qué lo nota?

Lo noto porque la manera de pensar la complejidad de la vida no es diciendo “aquí están los buenos y aquí están los malos”, sino que asumiendo que los procesos sociales tienen determinadas complejidades, que la diversidad es propia de los bloques políticos y el problema es cómo, a partir de la diversidad, construir mayorías. Eso no es una cosa que se aprende en los libros, se aprende en la vida. Y yo veo a muchos de ellos claramente captando eso. Este es un periodo de crecimiento, no sólo de los más jóvenes, también de los más viejos, porque mirar lo hecho, mirar el desempeño en la vida, a partir del proceso que está viviendo, también lleva a remirar muchas cosas, a reponderarlas.

Si uno mira toda la transición, hay un momento que seguimos con una forma de hacer política en que deberíamos haber reponderado las prioridades. Nuestra capacidad para renovar la política en algún momento se quedó y sobre todo los que somos de izquierda no logramos captar las tendencias profundas de la sociedad. Una de las dimensiones que yo creo que más se ha aprendido es la de la subjetividad, porque en la política uno tiende a tener visiones más estructurales y no darse cuenta de que esto pasa por cómo la gente va percibiendo las cosas.

11/08/2022 FOTOGRAFIAS AL MINISTRO DE VIVIENDA, CARLOS MONTES Mario Téllez / La Tercera

¿Cómo se viene el día 5 de septiembre para el gobierno en caso de que gane el Rechazo?

Me tomo de las palabras de Gabriel Boric, cuando dijo que aquí, si no se logra producir la nueva Constitución, pero la ciudadanía quiere que se haga de una determinada manera, hay que ver cómo se construye esa manera para reiniciar un camino, porque eso es lo que permitiría responder a lo que la ciudadanía ha expresado en el plebiscito de entrada. Yo, en todo caso, espero que no sea ese el escenario.

Hay personas que trabajaron con usted mucho tiempo en el Congreso que cruzaron el Rubicón hacia el Rechazo, como, Ximena Rincón, Felipe Harboe... ¿Qué análisis hace?

No quiero hablar de otra gente, sobre todo con nombre y apellido. Lo único que diría es que todavía hay tiempo para repensar en lo que estamos. No les quiero imponer nada, no quiero condenarlos, pero decirles que tenemos que repensar muy bien las consecuencias que tiene uno u otro resultado desde el punto de vista de las posibilidades de construir una mejor democracia y un mejor país. La base de muchos de ellos es que habría condiciones en las que la derecha estaría dispuesta a cambios profundos. (Pero) cuando uno ha vivido tantos años en el Parlamento, le podría hacer un largo listado de temas que impidieron que la democracia operara como democracia por el control que tenían ellos sobre la Constitución. Yo tengo muy poca confianza en que se vayan a abrir. Y ahora, el Rechazo, para ellos es decir que están reviviendo. Es decir, “aquí estamos recuperando espacios de poder”.

O sea, ¿usted no cree que la derecha se abra a hacer un nuevo proceso constituyente en los términos que lo ha dicho?

O sea, yo veo que van a tener el control de la situación. Y cada vez que tuvieron el control, no estuvieron dispuestos. ¿Qué de nuevo hay para que estén dispuestos a hacerlo? Yo no lo veo.

Se bajó el quórum a 4/7 con los votos de la derecha.

Pero con las características del Parlamento chileno, sigue siendo un quórum muy alto. Pero está bien, eso puede dar lugar a algunas cosas. Pero, por eso, yo creo que lo que permite abrir un camino de transformación es más bien que este marco se logre sacar adelante, y eso sea la base para repensar con mucha más libertad el futuro de la democracia chilena, el futuro del proyecto para esta sociedad.

Hay otra cosa que está en compás de espera hasta el posplebiscito, que es el cambio de gabinete, ministro. ¿Le tienta cruzar la Alameda hacia La Moneda?

Mire, yo estoy en esta tarea. Es una tarea súper exigente y una tarea esencialmente política. Porque lograr hacer que el país vuelva a creer que hay un camino institucional, un arancel a la vivienda a los sectores que no la tienen, es un gran desafío y muy difícil.

¿Cómo evalúa usted lo que está pasando en el comité político? La ministra del Interior no ha logrado repuntar en su gestión y el ministro Jackson parece llevarse bien mal con el Parlamento.

Antes de responderle a su pregunta... Conociendo más tiempo a Giorgio y mucho menos tiempo a Izkia, yo los encuentro a los dos con mucho talento y muchas condiciones de carisma, de condiciones para representar un tipo de liderazgo para los tiempos actuales y para el futuro. Reconozco que se han cometido errores, pero ellos mismos han reconocido los errores, y han pedido hasta las disculpas por los errores. ¿Van a construir un espacio de liderazgo? Yo quisiera que así fuera. Creo que son personas que son necesarias para el tipo de país y para la manera, más bien, de hacer política, de construir.

Pero a lo mejor no están en el lugar indicado.

Puede ser, puede ser. Pero bueno, encontrar ministros del Interior en el actual contexto es bien difícil. O sea, usted lo vio. El gobierno anterior no tenía a quién poner de ministro del Interior, o sea, modificó la composición del gabinete en el momento del juramento.

Bueno, usted suena siempre como ministro del Interior.

Sí, pero yo soy de otra generación. Estoy en otra cosa.

¿Pero no era que no importaba la generación?

No, pero una cosa es la generación y otra cosa es la edad, poh. No confunda... (ríe) No. Y yo encuentro que Giorgio es una persona de gran talento. Ser ministro de la Presidencia, con un Parlamento empatado, con un bloque con mucha diversidad y heterogeneidad en construcción... Pucha que es difícil. Entonces, ha cometido un par de errores, pero que le han sacado mucho partido la oposición a los errores que han cometido. Pero ojalá que se solidifiquen y ojalá que terminaran siendo grandes ministros.