La ciudad

La altura es una palabra recurrente en estas tierras. Son casi 4 mil metros sobre el nivel del mar en un constante sube y baja de cerros cada vez más construidos. Lo hermoso es cuando se empieza a develar Mi Teleférico, la impresionante red aérea de transporte público con diez líneas (y otras en construcción) que conectan la ciudad salvando del enroscado tráfico y regalando panorámicas increíbles que cambian con el sol. Moderno, impecable, tranquilo. Sí o sí la mejor mirada macro para entender La Paz, la que permite enamorarse de su caos y vida ambulante, una mezcla de ayer y hoy marcada por culturas indígenas, respetadas y continuadas. Las cholas (reconocidas porque siguen usando vestimenta tradicional) son las sabias que en los comercios varios cuentan las propiedades de los alimentos, arman altares y ofrendas con toda serie de peticiones, leen el futuro en hojas de coca o venden las mismas faldas abultadas que usan. No hay que perderse el Mercado de Las Brujas para conocer su hermoso paganismo, artesanías, tejidos. Y Mercado Rodríguez para maravillarse con el patrimonio alimentario de Bolivia. www.miteleferico.bo

Ñam Bolivia

El festival de cocina latinoamericana nacido en Chile mostró que su filosofía no tiene fronteras, esa que impulsa y valora el patrimonio cultural, alimentario y la conciencia ambiental, independiente de su escenario. Así se vio el pasado octubre en cuatro días donde la cocina boliviana fue tema de reflexión en Ñam Innova, con ponencias de gastronomía social que tocaron temas de patrimonio, sustentabilidad y salud alimentaria a través de relevantes cocineros sudamericanos que también fueron parte del Ñam Celebra, el encuentro al aire libre, una feria preciosa donde hubo clases de cocina, mercado de pequeños productores, coctelería, cocinerías, música e intervención urbana. Para anotarlo y ver su fecha 2020, porque se encuentra todo junto: usted aprende, come tradición de todo el país y confirma la expansión de #CambiemosElMundoComiendo, lema de Ñam aquí y allá.

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Mamani y la arquitectura andina

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"Pasé del rechazo de la academia a las cátedras. Yo soñé con espacios que hicieran sentir en casa a culturas que existen mucho antes que cualquier construcción. Honro sus símbolos, uso los colores que los dueños quieren y tengo libertad para crear. Así vamos, afortunadamente ya con llamados públicos y obras que reflejen de dónde somos".[/caption]

El tono café de El Alto, ciudad que corona a La Paz con casi 1 millón de personas, caracteriza la aridez del terreno baldío al que llegaron aimaras buscando oportunidades. Crece sin tregua entre ladrillos hasta que aparecen colores que chillan verdes, amarillos, rojos y azules. Podría ser una alucinación, pero es la destellante y profunda obra de Freddy Mamani, construcción que identificó a la etnia instalando la neoarquitectura andina –como se le llama hoy–, que sin tapujos reflejó idiosincrasia y contenido originarios. Cuenta, con extrema humildad, que dio vida a una necesidad comercial y fiestera. Había dinero y deseo social por reconocer tradiciones. Utilizó yeso para estructuras majestuosas basadas en la cruz andina y formas geométricas de la cultura precolombina tiahuanacota. La propuesta es extraterrestre desde el respeto y la admiración también por su recorrido: aprendiz de albañil, luego contratista, estudió ingeniería y supo que la grandiosidad era una virtud. Hoy, y con más de 100 edificaciones completamente rentables para sus dueños, como salones de eventos y vivienda, tiene a cargo obras públicas e instalaciones en Europa. Se hacen libros de su creación y un reciente documental valorando su obra arte, y actualmente trabaja en lo que será un hotel bajo su firma –de más de 500 mil dólares– exhibiendo la riqueza indígena, esa misma que ahora es parte de uno de los mayores atractivos turísticos de Bolivia. @freddy_mamani_silvestre

Destilados

Altiplano, llanuras, bosques, amazonia. Así es el jardín de Bolivia, una tierra que permite el cultivo de vides como una botánica excepcional reflejada en destacables destilados capaces de transmitir tanto su biodiversidad como creatividad. Ahí se brinda con vinos únicos por las condiciones climáticas como gin, whisky –aunque no se puede llamar como tal– a base de maíz y malta (Killa);  vodka (1825), Singani (su reconocida agua ardiente), vermut (entre espirituosos, un bravo para Cocalero a base de 17 botánicos) y cervezas artesanales. Allá vaya a Gustu por la gran y acertada selección de vinos que hace el sommelier Bertil Tottenborg. El resto se puede comprar en tiendas, y aquí en Chile celebramos la dicha de tener la ginebra de La República, Andina y Amazonia en La Vinoteca, un gin que representa paisajes y hacer ir más lejos que un salud. www.lavinoteca.cl 

Restaurantes

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El palmito fresco y deshilachado es de por sí una delicia, junto al vinagre es glorioso.[/caption]

La cocina paceña ha evolucionado y sus restaurantes dejan buen sabor. El premiado restaurante Gustu es glorioso, creativo y enraizado. Tiene un menú degustación con excelencias como: "palmito fresco y vinagre de plátano", la revelación de la "manzana de coco con flores", "trucha, zapallo y cochayuyo crocante", entre tantos otros que van desde lagarto, algas de lago de altura y  llama. Es de una delicadeza conmovedora, un paseo por los productos servidos con técnica y creatividad, imposible dejar pasar. Lo mismo para Ali Pacha desde la trinchera vegana, una explosión del mundo vegetal tan noble y rica que sus "ocas (papa) y champiñón ostra" lo demuestran humilde y soberbio; "yuca, agua de pepino, queso vegetal" y el "helado de betarraga, frutilla y jamaica" son frescores para la boca y la mente. Para tomar buenos cócteles o vinos bolivianos: Mercat, tapas y preparaciones tradicionales con acento en la quinua real: "camarones apanados en hojuelas"; "hummus", "chifa con vegetales". Una nueva alegría es Manq'a, escuela y comedores sociales que ahora tienen su restaurante con menús de platos típicos como "slipacho" o "sopa de maní", esencialmente bolivianos, bien hechos, baratos y bellos.

@gusturestaurant / @alipacha.restaurante / @mercat_tapas / @manqarestaurante

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Cuando el coco cae del árbol y pasan unos meses, su interior se comienza a deshidratar. Esa es la llamada manzana de coco, una maravilla. Ambos en Restaurante Gustu.[/caption]

Comer

En La Paz se puede comer las 24 horas en las calles con platos que levantan y acuestan. Mercados, estaciones, plazas en el centro histórico. Imperdonable: no comer las famosas salteñas, empanadas de carne, papas y arvejas a media mañana; anticuchos de corazón cortado delgadito a fuego directo; los sándwiches de chola, con cerdo y pickles de cebolla, sopas de fideos y todos los frutos secos que abundan en carretas.