¡Qué rápido pasó el verano! Quisimos conservar parte de él y qué mejor manera que enfrascándolo en mermeladas, jaleas o chutneys, ahora es cuando hay que hacerlo, cuando la fruta está con todo su potencial, cuando los tomates son pura carne roja y todo tiene un sabor intenso.

Tuve la suerte de crecer en una parcela, donde las estaciones marcaban lo que comíamos y recuerdo claramente la época en que hacían mermelada de damasco, diciembres calurosos y muchos frascos de vidrio que se iban llenando y que después, al abrirlos en invierno, era volver a probar esa fruta dulce y sabrosa.

Dejando de lado la parte romántica, aprovechar la abundancia frutal de estas semanas es también una manera de comer más sano, con menos preservantes, y sabiendo con certeza lo que contiene cada frasco o pote. Y también para probar algo nuevo, hoy basta con investigar un poco para llegar a nuevas recetas donde se combinan ingredientes de manera innovadora y que pueden perfectamente acompañar un plato principal.

Para cerrar, una casa de campo, que parece haber estado ahí desde siempre, mientras crecían los árboles nativos que la rodean. Pero la historia fue al revés, fue emplazada ahí hace no tanto por su dueña para sacar el mejor partido a las vistas y el entorno crecido. Una selección entre muebles heredados y toques provenzales la han convertido en la escapada familiar perfecta.