Por estos días la mayoría de los fabricantes de autos comparten la idea de que es necesario reducir las emisiones contaminantes lo antes posible, y es que el colapso medioambiental sigue siendo inminente.

En esta carrera, los autos eléctricos se han presentado como la solución más lógica. Así, entre baterías y estaciones de carga, se ha dejado en segundo plano el desarrollo de combustibles alternativos, que podrían funcionar en los motores a combustión de los autos que ya circulan por las calles.

Mientras prepara el lanzamiento de su primer eléctrico, MX-30, Mazda también se encuentra trabajando en un nuevo combustible, más específicamente, un biocombustible líquido de microalgas.

Este proyecto, desarrollado en colaboración con la Universidad de Hiroshima y el Instituto de Tecnología de Tokio, consiste en la modificación genética de microalgas para que adquieran un alto punto de inflamación, y que en esta solo emitan dióxido de carbono.

Aunque está en fase de pruebas, Mazda ya trabaja para reducir el costo del proceso y la transformación, mientras analiza si este combustible se podrá utilizar en sus motores o tendrán que modificar los actuales Skyactiv de alguna manera

Otras opciones

Pero el trabajo de Mazda no es único en la industria.

Hace ya algunos años Seat se encuentra trabajando en el proyecto Life Methamorphosis, que busca obtener combustible de la basura, algo así como en Volver al Futuro.

Aquí la idea de los españoles es convertir la basura en gas metano, el que, comprimido, puede ser fácilmente utilizado como combustible.

En conjunto con otras entidades españolas, Seat señaló que “con toda la basura orgánica que se genera en el área urbana de Barcelona se puede producir biometano suficiente para mover 10.000 autos unos 15.000 kilómetros cada año”.

Después del proceso de generación de biogás, los residuos pueden ser utilizados como fertilizantes.

Un camino diferente es el que está siguiendo Audi, que ya desde hace unos años se encuentra inmerso en el desarrollo del denominado e-diésel.

Diseñado en conjunto con la compañía tecnológica Sunfire, este combustible sintético se basa en agua y el CO2 de la atmósfera, no genera emisiones contaminantes y al mismo tiempo sigue siendo un tipo de diésel, por lo que funcionaría en los motores convencionales.

Este combustible se denomina como carbono neutral, ya que obtiene el CO2 directamente del aire, en una proporción mayor a la que posteriormente se genera en la combustión, por lo que se presenta como una alternativa ventajosa desde cualquier punto de vista.