"Hacíamos el aseo en las casas de los sacerdotes. Después de un tiempo, como había sido una niña buena, fui promovida, por así decirlo. Esto significó que el sacerdote me invitó a subir. Él decía que yo era especial", recuerda, acongojada, Anna Misiewicz, de 39 años, ante una cámara. Desde los seis años, Anna asistió junto a su familia todos los domingos a la iglesia en Topola, en el distrito Kazimierz, en la provincia polaca de Świętokrzyskie, donde conoció al sacerdote Jan A.

No se lo digas a nadie, un documental independiente de los hermanos Tomasz y Marek Sekielski, aborda casos de abusos sexuales contra menores cometidos por miembros de la Iglesia Católica en Polonia. El filme fue estrenado el sábado a través de la plataforma YouTube y durante las primeras horas superó las 3 millones de visitas en la página. Ahora, ya suma más de ocho millones.

El documental relata las vivencias de algunas víctimas de pederastia, como Anna Misiewicz, que junto a otras niñas debía hacer el aseo en las viviendas de sacerdotes, donde comenzó a sufrir violencia sexual cuando tenía apenas ocho años. En la cinta, con subtítulos en inglés, Anna llega a la Casa de los Sacerdotes Retirados en Kielce -donde viven los curas "jubilados" en pequeños departamentos privados- para enfrentar a su victimario, que reconoce haber abusado de menores frente a una cámara oculta.

"Ella era una buena niña", dice el párroco Jan A. cuando recibe a Anna, que llega para encararlo, y rápidamente su expresión cambia a medida que ella va relatando los abusos. "Pedirte disculpas no es suficiente", dice, después que la víctima, hoy madre de dos hijos, lo confronta diciendo que le destruyo la vida y que no se merece que lo llamen "sacerdote".

"Es difícil para mí hablar sobre esto. En mi examen de consciencia, a menudo me digo que nunca debería haberlo hecho, no debería haberte tocado o besado", sostiene el sacerdote en la cinta. "No he tocado a nadie más, pero eso no es justificación. Estoy seguro de que fue el diablo quien cobró su precio", afirma el sacerdote acusado de abuso.

Uno de los puntos de inflexión en el documental es cuando Anna, llorando, le pregunta a su abusador por qué ella y no otros. Ante la presión y la enumeración de lo que el sacerdote la obligaba a hacer cuando era pequeña, el párroco se lleva las manos a la cara para intentar ocultarse. "Es difícil para mí (hablar de) lo que hice, pero por qué ahora. ¿Qué debería hacer ahora? Si hubieras venido cuando no estuviera tan viejo te hubiera recompensado", finaliza el sacerdote octogenario, que finalmente termina admitiendo que Anna no fue su única víctima.

Medios polacos, como Gazeta Wyborczaa, han calificado el documental como "simplemente impactante", especialmente por contar con la admisión del crimen en pantalla. Los autores de la película solicitaron una entrevista con los jerarcas de la iglesia polaca, pero éstos se negaron a dar una versión de los hechos.

Aunque no es el único caso, uno de los más importantes es el que involucra al sacerdote Franciszek Cybula, capellán del expresidente, Lech Walesa. Una de las víctimas, Kaszub Gowidlin, narra los abusos que sufrió cuando tenía 12 años. Según el diario español El Mundo, la reacción de la Iglesia Católica en Polonia cambió desde pedir disculpas por "errores cometidos", hasta la actitud del arzobispo de Cracovia, Marek Jedraszweki que dijo que el documental era una forma de "hacer política miserable en base a mentiras". Según The Associated Press, "después del estreno, el primado de Polonia agradeció a los creadores del documental, los hermanos Tomasz y Marek Sekielski, por su valentía".

En tanto, Walesa rechazó conocer los antecedentes del caso Cybula y pidió que la iglesia enfrente los problemas sobre abuso sexual. Sin embargo, el líder del partido gobernante Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski, señaló que planean endurecer las penas en Polonia por abuso sexual contra menores, que actualmente son castigados con hasta 12 años de cárcel. "Previsiblemente las penas aumentarán hasta los 30 años de prisión", sostuvo Kaczynski.