La malaria o paludismo es una enfermedad producida por un parásito. No se transmite entre personas y requiere de un mosquito para que a través de su picadura el parásito ingrese al torrente sanguíneo. Estados Unidos, Canadá, Uruguay y Chile son los únicos países del continente que hoy no tienen casos de malaria endémica (producida en su territorio). Los casos más recientes registrados en el país corresponden a casos importados, es decir, personas que se infectan en el extranjero, pero que desarrollan la enfermedad tras ingresar al país.

Otra posibilidad de contagio se da cuando el mosquito pica a una persona infectada, el parásito se aloja en el mosquito y de esa manera puede propagar la enfermedad. Pasó en Grecia, donde una persona entró al país con la enfermedad, un mosquito la picó y transmitió la malaria. Desde entonces se han registrado varios infectados, luego de 40 años sin casos. “En Chile el riesgo también existe, por eso es importante la vigilancia sobre vectores y la vigilancia clínica de los médicos", señala Thomas Weitzel, infectólogo de Clínica Alemana.

CLIMA PROPICIO

El último caso "endémico" en Chile data de 1945. Ocurrió en el norte, donde habita el mosquito (anopheles) que transmite la enfermedad, el que se desarrolla especialmente en los valles de Lluta, Azapa, Camarones y Chaca (ver infografía).

Weitzel explica que en Chile, al igual que en los países donde también habita el vector (el anopheles), existen posibilidades de que bajo ciertas condiciones surja un brote de malaria autóctono.

Según expertos, los cambios climáticos de la zona en los últimos años, particularmente el alza de lluvias, ha provocado que el mosquito se esté multiplicando, lo que ha aumentado el riesgo de la que la enfermedad reaparezca en el país. Esto, porque la "tropicalización" de las ciudades y el aumento de las temperaturas y precipitaciones permite a los mosquitos tener un hábitat más extenso.

El norte del país no sólo está más expuesto porque hay zonas donde habita el mosquito, sino también porque hay más tránsito de extranjeros provenientes de países donde existe la malaria.

En la Seremi de Salud de Arica y Parinacota reconocen que, aunque la población de anopheles está bajo control, "desde 2010 se ve un alza en el número de focos (charcos o pozas de agua en sectores rurales) y en 2011, un alza en focos positivos (charcos de agua con larvas de anopheles)".

Según el Instituto de Salud Pública (ISP), en 2013, cinco personas resultaron positivas, aunque todas se infectaron en el extranjero. Este año van tres.

VIGILANCIA DEL VECTOR

La jefa de la sección Parasitología del ISP, María Isabel Jercic, confirma que el riesgo de que la malaria reaparezca "está presente y por eso se realiza control y vigilancia" sobre los vectores.

Para evitar la propagación del mosquito, las Seremis de Salud de Arica y Parinacota y de Tarapacá realizan constantes visitas al valle de Lluta, la quebrada de Tarapacá y Huarasiña. En 2013, recolectaron 106 ejemplares y en lo que va de este año ya van 158.

A través del Laboratorio de Entomología Médica, el ISP apoya esta labor. Jercic explica que han capacitado a funcionarios de las Seremis para que salgan a lugares donde históricamente se ha encontrado el mosquito. "Van después de las lluvias y toman muestras de los adultos y larvas que encuentran. No es fácil distinguirlos y se pueden confundir con el zancudo común. Recién cuando son adultos adquieren diferencias más notorias", señala.

Su hábitat, explica, son las pozas que se forman cuando llueve o hay deshielos. "Si hay más lluvias, los ríos crecen más, se van formando más pozas y las hembras del anopheles ponen más huevos. Eso es histórico", concluye.