Tiene un millón setecientos mil seguidores en Instagram, más que toda la población de su natal Chechenia. Cuenta con una suerte de ejército de 30 mil hombres leales y tiene de aliado a nada menos que el Presidente ruso Vladimir Putin. Se trata de Ramzan Akhmadovich Kadyrov, hijo del ex mandatario checheno, Akhmad Kadyrov, que desde 2007 ocupa el mismo puesto que su padre.

Su nombre estuvo en los titulares esta semana luego que el partido opositor ruso Parnas (Partido Republicano de Rusia- Partido de la Libertad del Pueblo) diera a conocer un informe en el que se lo acusa de constituir “una amenaza para la seguridad nacional”.

El informe constata que Kadyrov ha ido “subiendo el tono” en los últimos años en su relación con el poder central de Rusia, porque “sabe que tiene detrás al poderoso Ejército checheno que le ha jurado lealtad personal”. Uno de los capítulos del documento está dedicado al “Ejército privado” que, según los expertos, está integrado por 30.000 hombres que responden ante su líder y no ante el poder federal.

Son “antiguos separatistas” que lucharon contra Rusia en las dos guerras que enfrentaron a Chechenia con Moscú y fueron amnistiados por Kadyrov, y muchos de ellos formalmente pertenecen al Ministerio del Interior de Chechenia (en el Cáucaso Norte ruso) o a las propias Fuerzas Armadas rusas pero, de hecho, sólo son leales al jefe de la región. Según los autores del informe, este Ejército es “posiblemente el grupo militar con más capacidad de lucha en la Rusia moderna”.

Sin embargo, muy en su estilo  y en una nueva provocación a la oposición, Kadyrov se adelantó  a Parnas y publicó en sus redes sociales el informe que calificó como “charlatanería”.

Puño de hierro

Kadyrov nació en Tsenteroi en octubre de 1976 en el seno de uno de los clanes más antiguos y respetados de Chechenia. A comienzos de la década de los 90, justo cuando esta región se encaminaba hacia la primera guerra de independencia, Ramzan y su padre se unieron al movimiento rebelde para luchar contra las fuerzas federales rusas.

Para la segunda guerra de Chechenia, en 1999, tanto padre como hijo dieron un giro de 180 grados y cambiaron sus lealtades. Desde entonces se convirtieron en aliados de Moscú.

Según explica la cadena BBC, ambos fueron importantes en marginalizar la influencia del islamismo radical que comenzó a tomar fuerza en la región en medio de la devastación de la primera guerra (1994-1996).

Akhmad fue elegido presidente de Chechenia en unos comicios que fueron cuestionados por los observadores internacionales. En 2004 murió en el atentado al estadio Grozny Dinam, lo que llevó a que Ramzan siguiera sus pasos impulsado por Putin.

Gracias al respaldo del Kremlin, Ramzan se ha posicionado como una de las figuras políticas más poderosas de la región. Sin embargo, organizaciones como Amnistía Internacional, lo han acusado de torturas, asesinatos y abusos de derechos humanos.

Según el diario The Guardian, la región ahora goza de una relativa estabilidad bajo el “puño de hierro” de Kadyrov pese a la insurgencia islamista. Sin embargo, el autor del informe, Ilya Yashin, una importante figura de la oposición rusa, señaló al diario que la política de Putin de dar libertad a Kadyrov en Chechenia a cambio del fin del conflicto ahora amenaza con estallarle en la cara del Kremlin. “Putin puso una bomba de tiempo en Chechenia  que puede llevar a una tercera guerra u otra crisis”, dijo Yashin.

A su poder político se suman sus extravagantes hobbies y gustos. Así, entre sus mascotas cuenta con un tigre en peligro de extinción y un león; le gusta el boxeo, al punto que tiene como amigo a Mike Tyson.

En las últimas semanas despertó la indignación al hacer públicas amenazas en contra de críticos del Kremlin. Por ejemplo, subió un video del ex primer ministro, Mijail Kasyanov, que era apuntado por un rifle.

El reporte lanzado por Parnas se conoció cuando se conmemora un año del asesinato del líder opositor ruso, Boris Nemtsov, que ocurrió el 27 de febrero de 2015 en una calle cerca del Kremlin. Los partidarios de esta figura crítica del gobierno han culpado de su muerte a los aliados de Kadyrov.

Cinco chechenos, entre los que se incluye un vicecomandante de un batallón del ministerio del Interior han sido acusados de haber sido pagados para matarlo, pero ninguno de los autores intelectuales ha sido detenido hasta la fecha.

En marzo del año pasado se reveló que uno de los chechenos, Zaur Dadayev, confesó haber cometido el crimen y Kadyrov confirmó sus lazos con él calificándolo como un “devoto de Rusia”.