"No voy a ceder. Que quede claro", dijo el lunes 10 el senador Alejandro Guillier en uno de los salones del ex Congreso en Santiago, al inicio de la reunión de coordinación de su equipo de campaña y cuando recién se comenzaban a abordar las críticas al comando de algunos dirigentes de los partidos políticos que respaldan la candidatura del parlamentario por Antofagasta.

Eran las 10.30 horas y Guillier llegó de manera sorpresiva a la reunión que tienen todos los lunes los coordinadores de áreas de su comando. En el salón estaban el secretario general del PR, Osvaldo Correa; la diputada comunista Karol Cariola, el senador socialista Juan Pablo Letelier, el economista Osvaldo Rosales, la senadora PPD Adriana Muñoz, el concejal por Providencia Jaime Parada y el coordinador del área municipal Santiago Rebolledo, a quienes el abanderado agradeció la forma en que estaban trabajando, aunque los instó a ser más proactivos y asignar tareas específicas a los partidos.

Guillier nunca asiste a esa reunión, por lo que su presencia ese día no tenía otro propósito que dejar en evidencia el apoyo a su equipo en medio de las críticas provenientes de la Nueva Mayoría.

"El comando de campaña necesita pasar de una etapa amateur -que fue hasta ahora- a tener un comando más profesional, porque cerramos un ciclo y viene otro", había dicho a fines de la semana pasada el senador Guido Girardi, uno de los principales controladores del PPD, al plantear la necesidad de que se nombrara un generalísimo o jefe de campaña que coordinara de mejor forma el trabajo de los partidos con el entorno más estrecho de Guillier.

No era el único que pensaba eso. Hace algún tiempo que los partidos que apoyan a Guillier venían reclamando en privado un mayor grado de participación en la toma de decisiones y que se sumaran sus cuadros políticos a las estructuras de campaña de una inédita candidatura "ciudadana" e "independiente" que aún les cuesta digerir.

La tensión entre el candidato y los partidos de la Nueva Mayoría que lo sostienen volvería a quedar de manifiesto ese mismo lunes 10 a la hora de almuerzo. Guillier se reunió con Correa y la coordinadora del comité estratégico del comando, la senadora Adriana Muñoz (PPD), quien insistió en la idea de contar con un jefe de campaña que coordine el trabajo y se estructure una orgánica tradicional, algo a lo que se oponen Guillier y su núcleo más cercano.

Para mejorar la coordinación, acordaron crear un pequeño comité estratégico, de cuatro a seis personas de plena confianza del candidato y que asumieran tareas más operativas, de respuesta inmediata. Una idea que ya había utilizado en su última campaña Michelle Bachelet. Guillier respaldó los nombres que se sugirieron para ese grupo, entre los que figuraban Sergio Bitar y el ex secretario general del PS Pablo Velozo, el radical Carlos Maldonado y el comunista Juan Andrés Lagos. Pero a las pocas horas, todo quedó en nada. Apenas trascendieron los nombres, desde los mismos partidos comenzaron los vetos. Bitar habría sido bloqueado desde el girardismo, mientras que Velozo recibió el rechazo de los diputados socialistas Daniel Melo y Daniela Cicardini, quienes reclamaron que se le diera protagonismo a un ex laguista.

En un principio, Guillier respaldó los nombres de Bitar Veloso, Maldonado y Lagos para formar el comité estratégico. Pero fueron vetados por los partidos.

Para entonces, las críticas a la marcha de la campaña se habían desatado y eran casi transversales. El martes 11, por ejemplo, durante la reunión de secretarios generales y coordinadores electorales de los seis partidos que respaldan a Guillier para ver el tema del acuerdo parlamentario, el abogado radical Isidro Solís se quejó de que el PR tampoco era escuchado en el comando, pese a ser la colectividad que respaldó primero a Guillier.

Los partidos, afirman dirigentes del PPD y el PR, comparten la idea de Guillier de que haya una campaña de carácter ciudadano, más horizontal, pero eso no excluye ni se contrapone, aseguran, con el hecho de que es indispensable tener a alguien o "algo" que coordine y ordene, que baje la línea y sea interlocutor con los partidos.

Desde las colectividades afirman que a Guillier le han propuesto que nombre un gerente, un secretario ejecutivo, un coordinador, un generalísimo o un jefe de campaña, "que lo llame como quiera, pero que forme una estructura de coordinación", afirman las mismas fuentes.

Y añaden algo más. Lo que puede ser bueno de la perspectiva del candidato: mantener distancia de las colectividades políticas no lo es desde el punto de vista de la campaña, cuyo sostén básico son los militantes.

"El candidato tiene que dejar de ningunear a los partidos", reclamó el radical Isidro Solís el martes pasado en la noche, durante un encuentro en Valparaíso convocado por el comando y al que asistieron representantes de las mesas directivas y los jefes de bancadas de los seis partidos que respaldan a Guillier. La instancia de coordinación que encabeza Osvaldo Correa se reunirá cada 15 días, como forma de mejorar la interlocución entre el equipo de campaña y los partidos.

"Desde Pedro Aguirre Cerda a Macron, siempre ha existido un jefe de campaña. Vamos a respetar y apoyar con mucho entusiasmo a Guillier, pero él no es el dueño de la campaña, porque lo que está en juego aquí es el proyecto político de la centroizquierda", argumentó en ese mismo encuentro el senador y ex presidente del PPD Jaime Quintana.

Las quejas desde los partidos también apuntan a algunas desprolijidades del comando, como el hecho de que se privilegiara sólo a algunos candidatos en las invitaciones a los actos con el abanderado presidencial, al protagonismo que tiene la vocera Karol Cariola, a la falta de un despliegue territorial fuerte e incluso la falta de definiciones programáticas. Todo ello, afirman desde las colectividades, redundaría en la baja en las encuestas que ha experimentado Guillier. También critican la demora en la recolección de las 33 mil firmas que requiere para inscribir su candidatura.

Los partidos comparten la idea de Guillier de que haya una campaña de carácter más horizontal, pero eso no excluye el hecho de tener a alguien que sea interlocutor con los partidos.

En sordina, sin embargo, van más allá. Acusan a Guillier de negarse a ceder siquiera un poco el control de la campaña, de no escuchar a los partidos y de encerrarse solo en su equipo de confianza, conformado por el periodista Juan Forch, Osvaldo Rosales, Enrique Soler y en su ex jefe de gabinete Juan Carlos Soto, quien fue reincorporado recientemente en tareas operativas de la campaña, luego de que en abril pasado fuera sacado a un lado a petición de los partidos.

Ofensiva

Fue precisamente con los miembros de ese equipo de colaboradores estrecho que Guillier montó la primera fase de la estrategia de su campaña, alejada de los partidos a los que, en cierta medida, descalifica por su incapacidad para ponerse a tono con los cambios que ha experimentado la sociedad chilena. "Los partidos son estructuras piramidales que vienen del siglo XIX y del XX, pero estamos entrando al siglo XXI", les enrostró el martes pasado, al dar un portazo a la idea de nombrar un generalísimo de campaña como exigían las colectividades.

Para entonces, Guillier y su círculo de confianza estaban convencidos de que enfrentaban una ofensiva de los partidos por coaptar la campaña. Y que el único camino era resistir. En menos de dos semanas, afirman en el grupo más estrecho del senador por Antofagasta, Guillier va a estar inscrito ante el Servel como "candidato independiente con apoyo de los partidos, por eso se apresuraron algunos camarillas y poderes fácticos al interior de los partidos en salir esta semana a debilitar el comando, porque o metían a toda su gente ahora y tomaban el control o después les sería mucho más difícil incidir", sostiene un asesor del senador por Antofagasta.

Guillier, añade, buscó desde un principio entenderse con las mesas directivas de los partidos. Pero no encontró en ellos, aseguran, interlocutores fuertes. Por el contrario, muchas de las tensiones internas de las colectividades y las pugnas de poder dentro de las diferentes facciones habrían terminado por afectar al comando.

Guillier se ha quejado en privado que los partidos lo único que buscan es imponer nombres en las jefaturas de las estructuras del comando, para después, a partir de ahí, seguir incorporando a sus operadores políticos.

Con su entorno más estrecho, también, Guillier tomó la decisión de seguir adelante con una candidatura independiente, tras la determinación de la DC de desechar las primarias legales y llevar a Carolina Goic directamente a primera vuelta. La prioridad, a partir de entonces, fue recolectar las más de 33 mil firmas que requiere para inscribirse como candidato presidencial.

La forma en que Guillier y su entorno abordaron este proceso generó otro foco de tensión con las colectividades. "Hubo un choque cultural muy fuerte. Algunos dirigentes partidarios nunca entendieron nuestro diseño, que convertía el proceso de recolección de firmas en el primer gran acto movilizado de la campaña. Fue la forma de suplir la falta de exposición pública por no tener primarias, pues permitía a Guillier entablar un diálogo directo con la gente, poner definiciones programáticas. Durante estos 40 días, Guillier recorrió dos y hasta tres veces las regiones de Antofagasta, Tarapacá, Valparaíso, La Araucanía, Biobío y la Región Metropolitana", señalan miembros del equipo chico de Guillier.

Para los partidos, sin embargo, el proceso era un mero trámite administrativo para inscribir la candidatura, por lo que debió haberse completado en el menor tiempo posible. Prolongarlo sólo ha causado problemas, desde generar la sensación de que el candidato no prende en la ciudadanía hasta la dificultad de no poder hacer gastos de campaña ni crear las estructuras de comando.

El lunes pasado, tras la masiva firmatón por Guillier organizada por los partidos políticos, en la que consiguieron casi 15 mil firmas de independientes en solo dos días, algunos dirigentes le sacaron en cara al candidato el rol jugado por las colectividades. "No habría sido exitoso si no hubiera sido porque yo estuve antes en cada una de esas comunas", les replicó Guillier.

Guillier se ha quejado en privado de que los partidos lo único que buscan es imponer nombres en las jefaturas del comando para después incorporar a sus operadores.

No es el único cruce que ha tenido el abanderado con las colectividades. Hace tiempo que Guillier viene reclamando en privado a los partidos la falta de acuerdos políticos respecto de los ejes programáticos. Guillier ha resentido que le critiquen no dar definiciones, sin embargo, afirman en su entorno, cada vez que les ha pedido a los partidos que fijen hasta dónde están dispuestos a llegar en las reformas, no hay una sola respuesta. El temor es que si hace anuncios, de inmediato comiencen los matices y las diferencias entre sus partidarios.

Acuerdo parlamentario

En los partidos reconocen que a esta altura no hay "plan B" y que Guillier es el único candidato competitivo de la centroizquierda. Pese a eso, afirman desde los partidos, "por no hacer política", el abanderado abdicó de imponer sus términos, dirimir en las controversias internas o de construir una red ciudadana paralela a los partidos con la suficiente fuerza para garantizar su autonomía. Así, Guillier pasó de la independencia total a la dependencia total de los partidos, recalcan diputados guillieristas.

Prueba de lo anterior, añaden, fueron los nombres que integró el jueves 13 al comité estratégico, en el que incluyó a representantes de las diferentes facciones de cada colectividad para resguardar los equilibrios.

En lo que sí se ha involucrado activamente ha sido en presionar al PR para que acepte ir en la misma lista parlamentaria con la DC. "Conversé con los partidos exclusivamente para decirles 'no aíslen a la Democracia Cristiana'", señaló Guillier.

El acuerdo es rechazado por el presidente del PR, Ernesto Velasco, y por parte de la directiva radical. El martes, antes de viajar a Estados Unidos, Velasco pidió a los seis partidos guillieristas cerrar ya la negociación, pese a que aún faltaba calzar seis cupos a diputados y había otros cinco candidatos que no tenían distritos asignados, pues temía que de prolongarse las discusiones la presión sobre el PR por parte de Guillier y la DC serían insostenible y terminarían cediendo a un acuerdo con la falange.

Guillier es consciente de la importancia de ese acuerdo para dar una señal de gobernabilidad y al mismo tiempo disolver la sensación de derrota que se reinstaló en las últimas semanas en la Nueva Mayoría. De no hacerlo, corre el riesgo de que los partidos terminen parlamentarizando la campaña y cada cual se concentre fundamentalmente en sacar el mayor número de diputados y senadores, olvidándose de la presidencial.

En medio de la tensión entre el comando y los partidos, algunos ya ven las primeras señales de este riesgo de desafección. El presidente del PS, Alvaro Elizalde, por ejemplo, desde hace tres semanas está en Santiago lunes y martes. El resto de la semana está recorriendo la Región del Maule, donde pretende disputar una senaduría.

En el comando de Guillier confían en que la campaña irá tomando un nuevo ritmo en los próximos días. Por lo pronto, la inscripción de Guillier ante el Servel como candidato presidencial no debiera pasar de una semana más. El organismo electoral ya certificó más de 20 mil firmas recolectadas por el equipo del senador y falta aún chequear las cerca de 15 mil firmas recogidas por los partidos el fin de semana pasado. A estas se sumarán las que puedan obtener este fin de semana, durante una segunda firmatón masiva. El objetivo, asegura el entorno del abanderado, es no dejar pasar más tiempo e iniciar la fase final de la campaña lo antes posible, aun cuando no se haya resuelto la tensión que los enfrenta con los partidos por el control del comando presidencial.