Cómo saber qué recipiente o táper es apto para el microondas (y cuál no)

Nada más sencillo que abrir la tapa, meter al horno y calentar. Pero no todos los táper pueden soportar el calor ni las ondas del electrodoméstico. Algunos, incluso, pueden ser tóxicos. Aunque no tengas miedo: con algo de precaución, tu almuerzo en el trabajo está seguro.




Cómo les gustaría, a quienes trabajan fuera de su casa, poder almorzar de lunes a viernes en un restorán, entregándose a la suerte del menú diario o eligiendo con curiosidad algo de la carta. Cómo les gustaría. Pero como no todos son ejecutivos, gerentes o asesores del gobierno, los números simplemente no calzan: a menos que uno se alimente de sopaipillas o alguna promo de dobladitas + bebida mini, no hay manera de llegar a fin de mes sin tener que recurrir a la comida traída desde casa.

Tampoco hay que mirarla en menos: aparte del ahorro en dinero que significa, también es más probable que sea más nutritiva y saludable que la mayoría de las opciones callejeras. Incluso, calentadas en el microondas hay ciertas preparaciones que se hacen todavía más seductoras. Unos tallarines con salsa de tomate, unos porotos con rienda o una tortilla de papas reciben un sabor extra cuando sus partículas son agitadas por estas ondas invisibles.

El único problema es que no cualquier recipiente es capaz de soportar una pasada por el microondas; aunque no lo notemos, algunos pueden contaminar nuestra comida al calentarse. No son noticias nuevas: el BPA (como se abrevia en inglés al bisfenol A), sustancia química que está presente en muchos plásticos duros y transparentes, se hizo famoso hace unos años cuando se descubrió que se liberaba con el calor y que podía ser peligroso para la salud al mezclarse con los alimentos.

Según varios estudios, la exposición al BPA puede tener efectos en la salud del cerebro y la próstata de fetos, bebés y niños, y también se lo relaciona con el aumento de la presión arterial, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular. Los plásticos también pueden tener dioxinas, contaminantes ambientales propios de ciertos procesos químicos, que en altas cantidades —y con una frecuencia crónica— es capaz de causar lesiones cutáneas, alteraciones de los sistemas nerviosos y reproductivos, y en casos extremos algunos tipos de cáncer.

¿Eso significa que todos nos vamos a morir? Sí, pero no por comer en potes de plástico, o no necesariamente. Desde que se conocen estos efectos nocivos, la normativa en casi todo el mundo ha avanzado hacia una mayor información. En algunos países, incluso, está prohibida la comercialización de productos con BPA para bebés y niños, como mamaderas, vasos y juguetes.

Lo mismo sucede con los recipientes de alimentos: en Europa el reglamento exige que este tipo de utensilios diga si es apto o no para el microondas, lo que se determina por su capacidad de no migrar sustancias químicas hacia la comida que contienen.

¿Cuáles sí?

Lo más seguro, por supuesto, sería no usar plástico y preferir los recipientes de vidrio, eso sí más caros y muy frágiles. Una cosa por otra: el vidrio es inocuo, soporta mejor el calor e incluso se puede usar en hornos de convección o a gas; pero tiene un valor más alto y si se cae o golpea fuerte, pum se rompe.

Si sufres de manos resbaladizas o necesitas un táper para que tu hijo lleve al colegio —donde de seguro sufrirá todo tipo de golpes, caídas y vejaciones—, el vidrio no será la mejor opción.

Pero para tranquilidad de los escépticos, existe un plástico seguro para guardar y calentar comida. Es el polipropileno de uso alimentario, ese cuyos envases tienen un número 5 dentro del clásico triángulo de flechitas del reciclaje. El recipiente además debe indicar que es apto para usarlo en el microondas, con certificaciones que indiquen que es libre de BPA.

Normalmente, al comprarlo lo dirá en su empaque, pero si quieres saber si ese pote de tu mamá en el que te llevaste las sobras del asado en su casa sirve para calentar la comida, entonces fíjate en que lo diga en su base o que traiga al menos dos símbolos: el de un tenedor y una copa —que significa que es apto para guardar alimentos— y otro con unas olitas dentro de un cuadrado, que es el que garantiza que soporta las ondas del horno.

Si lo tiene, entonces dale para dentro. Mejor aún si además tiene los otros símbolos —apto para el lavavajillas y apto para congelar— pues eso aumentará su utilidad dentro de tu cocina. Pero si se trata de la clásica casata de helado reutilizada, entonces mejor asegurarse y pasar la comida a un plato de loza antes de meterla al microondas.

No lo discrimines por sus manchas

Después de mandarte unos buenos fideos con boloñesa o un delicado curry recalentado en el micro, llega el momento de lavar el táper. Una, dos y hasta tres pasadas de detergente, pero la tintura roja del tomate o amarilla de la cúrcuma —o naranja si eran unas picantes longanizas artesanales— no sale de sus esquinas.

Por las cocinas corre el rumor de que cuando eso sucede, cuando el recipiente queda teñido por el color —natural o artificial— de la comida, le llegó el momento de decir adiós. Que es señal inequívoca de que su vida útil ha terminado.

Pero no es más que un mito. Según le dijo un especialista en plásticos al sitio de cocina español El Comidista, “cuando introduces un alimento graso con tintes, estos se cuelan por esas micro ranuras y no salen. Mucho más si el alimento está caliente o lo metes en el microondas. No es peligroso, porque el material plástico es inerte y no van a proliferar microorganismos”.

Más peligroso que las manchas sería que te quedaran restos de lavalozas en el táper, por lo tanto no hay que obsesionarse con ellas. Es cierto: no le dan un aspecto muy higiénico, pero quizá aparte de color acumulen también una capa de sabor extra, la que le da ese no-sé-qué a tus almuerzos en la oficina.

Qué recipientes no

Como dijimos, si tu opción es el plástico, entonces asegúrate de que sea apto para el microondas. Si no lo puedes comprobar, mejor sospechar y calentar la comida en otra cosa.

¡Pero no en cualquiera! Un envase de cartón, hoy tan populares con los delivery y los pedidos para llevar, sirve para envasar alimentos calientes y comerlos desde ahí, pero no para entrar en las complicadas cavidades de un microondas.

Con el calor, el pegamento que llevan estos recipientes puede derretirse, contaminando la comida y al mismo tiempo desarmando el envase, lo que terminará transformando nuestro almuerzo en una tragedia.

Tampoco conviene intentarlo en bandejas o potes de bambú o madera, también comunes ante la prohibición de los plásticos de un solo uso. Su gracia es que luego son desechos orgánicos y compostables, pero no que puedan resistir una calentada en el viejo microondas de tu pega.

¿Por qué? Porque la madera, al ser vegetal, contiene agua, y lo que hacen las ondas del horno es mover las partículas de agua para que generen calor. Así es como se calienta una comida o se derrite un queso, pero también una manera segura de deformar un recipiente de madera y hacerlo inútil para comer.

Por último, jamás de los jamases introduzcas un envase, recipiente, pote, papel o utensilio de aluminio al microondas. Ni siquiera como un experimento científico: dentro del electrodoméstico, los metales funcionan como una antena que modifica la orientación de las ondas y en muchos casos las redirigen al magnetrón —el oscilador que genera las microondas—, lo que puede terminar quemándolo y haciendo explotar el aparato.

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