Expertos enjuician las razones que están detrás del alza del PIB tendencial

En el último Informe de Política Monetaria, el Banco Central mantuvo la estimación de PIB tendencial entre 3%-3,5% en tanto que Hacienda a fines de agosto lo subió de 2,6% a 2,9%, dato que es clave para la construcción del Presupuesto 2019. Los expertos se dividen: ¿Es conveniente que esa proyección esté influida por el ciclo económico?


Es un debate que ha estado desde hace varios años presente entre expertos, y sobre el que sigue sin haber consenso: cómo se mide la capacidad de la economía chilena de crecer en el largo plazo.

Y aunque podría considerarse un tema académicomás que de la gente de a pie, su definición incide en la construcción de la Ley de Presupuestos y por lo tanto, en la disponibilidad de recursos del Estado para proveer de bienes y servicios a la ciudadanía.

De su correcta ponderación depende también que las cuentas públicas estén sanas, que el país crezca y en último término que haya empleo y buenos salarios. Una de las dudas persistentes entre los expertos es cuánto “contamina” un determinado ciclo económico a las variables de largo plazo, lo que quedó aún más en evidencia con la entrega del último Informe de Política Monetaria (IPoM) en que el Banco Central entregó los rangos para las dos formas en que lo evalúa: PIB tendencial y PIB Potencial.

Respecto del primero, no hubo variaciones y el BC lo mantuvo entre 3-3,5%. Pero sí lo hubo respecto del segundo, que corrigió desde 2,7% a 3,1%. Las definiciones del Central son claras: el tendencial se refiere a aquel crecimiento en ausencia de shocks transitorios de productividad y cuando los insumos se usan a capacidad normal. El PIB potencial se refiere al nivel actual de la capacidad productiva, incluyendo los diversos shocks de productividad transitorios y problemas de asignación de recursos en la economía en un momento dado.

Estas definiciones y sus resultados a dos semanas que se envíe a discusión el proyecto de Ley de Presupuestos 2019, cobran especial importancia. A fines de agosto, el Ministerio de Hacienda dio a conocer el resultado de la consulta a los comités de expertos de PIB Tendencial y Precio de Referencia del Cobre, insumos claves para la construcción del erario fiscal y calificados como estructurales por la autoridad, ya que de acuerdo con la regla de balance estructural, determinan el nivel de gasto estructural posible para la economía. Sobre el primero, está definido como variable de largo plazo y aislado de shock coyunturales, en un mix de productividad, capital humano e inversión y se corrigió desde 2,6% a 2,9%. Es ahí donde surge nuevamente el debate: si el tendencial de Hacienda es simil del tendencial del BC, ¿por qué varió?

¿Cuestión de metodología?

Según la economista de Libertad y Desarrollo Carolina Grünwald no es raro que el crecimiento tendencial del BC no se haya movido dado que su evaluación apunta a cambios estructurales y reformas profundas, lo que sí recoge el potencial, influido por las mejores perspectivas de inversión (el BC aumentó la proyección a 5%).
Respecto del que calcula Hacienda, sostiene que si bien se acerca al del Central “si se entiende como tendencial y está dejando fuera los shock, no debería moverse tanto, sobre todo considerando que “desde el 2000 estamos muy estancados en productividad”. Desde esa perspectiva, afirma, “al ser de largo plazo no debería tener movimientos tan ligados al ciclo: cada vez que la economía crece o deja de crecer el PIB tendencial de Hacienda se mueve y no debería ser así, sino más estable en el tiempo”.

Una opinión que comparte Alejandro Fernández, de Gemines, quien es tajante en señalar que “en términos de productividad no ha pasado nada en absoluto” que pudiera influir en los cambios de las proyecciones de largo plazo. En ese sentido, explica que “Hacienda estima un PIB total, mientras que el Banco Central un PIB no minero, lo que puede explicar parte de las diferencias de comportamiento, porque el sector minero es más volátil por su naturaleza, más difícil de proyectar”.

Por lo mismo, subraya que “deberíamos transitar hacia un cálculo de PIB tendencial como el del Banco Central que es mucho más representativo de lo que ocurre con la economía en el mediano y largo plazo y menos sensible de lo que ocurre en la coyuntura”.
Una visión distinta tiene la economista de la Universidad de Los Andes, Cecilia Cifuentes, quien señala que más allá del nombre, para la definición de la política fiscal -que en último término es el objetivo del parámetro estructural de crecimiento de largo plazo- a su juicio “hay fundamentos que hacen que se mueva al alza, básicamente por el aumento en la inversión: esa es la variable detrás de la estimación del BC sobre PIB Potencial y de la de Hacienda”.
En esa línea, agrega que “si se recoge una mejor perspectiva de la inversión y es más cíclico, no veo problemas en la metodología, porque cualquier movimiento de la inversión sí recoge un efecto que puede ser permanente”. Coincide que en términos de productividad hay un estancamiento que atribuye a las últimas reformas -educacional, laboral-, ausencia de grandes obras en infraestructura, rezago en las concesiones y particularmente la ausencia de reforma profundas para la modernización del Estado, pero destaca que “es muy difícil de medir la productividad aislándola del efecto cíclico”.

Una mirada completamente diferente es la del economista de Pacífico Research Igal Magendzo, quien afirma que cualquier medición de la capacidad de crecimiento futuro de la economía es “necesariamente cíclica. No tenemos cómo saber cómo va a ser el crecimiento de largo plazo, pero en la medida que crecemos más, es natural pensar que hay potencial de hacerlo y lo mismo ocurre cuando dejamos de crecer o crecemos poco”.

Por lo mismo, plantea que la metodología vigente “es razonable, con el tiempo nos vamos ajustando, lo mismo con el precio del cobre” y que lo importante “es que la regla de balance estructural cumpla el objetivo que permita que en el largo plazo tengamos un nivel de deuda que sea sostenible”.

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