Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

El Deportivo

El Hippie Eduardo Jiménez


Destacó por su rapidez y fuerza en la punta derecha en los clubes Deportivo Nobel y Celtic, del barrio La Central, entre Coronel y Camilo Olavarría. Llegó a las juveniles de Lota Schwager en 1973 y debutó en primera división en la Copa Chile del año siguiente. Eduardo Humberto Jiménez Coronado nació el 24 de julio de 1955 en Coronel (cumplió 62 años). Medía 1,72 metros y pesaba 71 kilos.

¿Por qué Hippie? “Era lolo, 13-14 años, y según un amigo de la infancia yo hacía con la mano un gesto de hippie al echarme el pelo hacia un lado. Y quedé como Hippie para todo el mundo”, dice.

Jiménez integró la nómina de la selección que iba al sudamericano juvenil de Lima 1975. “En un partido en Antofagasta, choqué con el arquero Jaime Berly y caí mal. En Santiago, el médico dijo que estaba lesionado de cuidado y me dejó afuera del torneo. En mi puesto viajó un jugador del mismo club del médico…”

Chile, dirigido por Orlando Aravena, fue finalista y cayó en definición por penales ante Uruguay. Jugaban Óscar Wirth, René Serrano, Juan Soto, Juvenal Vargas y Gustavo Moscoso, entre otros.

Estuvo en Lota Schwager hasta 1978 y pasó a Cobreloa, cuyo entrenador era Andrés Prieto. En 1980 llegó Vicente Cantatore, quien empezó a utilizar a Jiménez en todos los puestos: “Sólo me faltó jugar de arquero. Actuaba en el mediocampo, con Armando Alarcón y Víctor Merello, mi compañero en Lota Schwager. Más tarde fui volante de contención y zaguero central”.

Cobreloa dio la vuelta olímpica en 1980 y fue dos veces vicecampeón en la Copa Libertadores de América: 1981 y 1982, al perder frente a Flamengo y Peñarol, respectivamente. Jiménez fue figura en la primera Copa y se transformó en regalón de los hinchas naranjas al tumbar de un derechazo a Anselmo, en el tercer partido en el estadio Centenario de Montevideo. El atacante brasileño había ingresado en el minuto 87 únicamente para agredir por la espalda a Mario Soto. El Hippie fue el vengador:

“La imagen está en Youtube. Me arrepiento hasta hoy, no tendría que haber reaccionado así. No importa lo que hubiese hecho Anselmo”.

Además de buenos jugadores, Cobreloa contaba con tres atletas como Héctor Puebla, Raúl Gómez y Jiménez. “Los tres rotábamos ganando todos las pruebas físicas y el test de Cooper”.

En 1982, Jiménez sufrió la rotura del tendón de Aquiles derecho: “Fue en un partido sin importancia en Copiapó. No había para qué arriesgar, el profe Cantatore me apuró y me hizo jugar. Estuve parado todo 1983. Fui a Santiago Wanderers con Pedro Morales de entrenador, a los seis meses llegó Luis Ibarra, dijo que estaba en sus planes, pero me enteré por los diarios que yo no seguía. Me recuperé en Lota Schwager 1984, jugué un año en Deportes Concepción y otro en Huachipato, volví a Lota Schwager 1987 y descendimos en la liguilla de Talca”.

¿Un puntero derecho? “Carlos Caszely, el mejor. Otro, Mané Ponce por la forma en que sacaba los centros en velocidad”. ¿Un marcador difícil? “Tres: Pablo Valenzuela, de Audax Italiano; Juan Ubilla, de Universidad Católica, y el flaco Luis Ganga, de Santiago Morning”. ¿La selección? “Estuve en la de Luis Santibáñez, quien también era entrenador de Universidad Católica. Cuando no firmé por la UC, se enojó y no me llamó más”. ¿Una anécdota? “En Cobreloa, puse un balde con agua en la parte superior de la puerta para que al entrar a mi compañero Luis Ahumada le cayera encima. Se demoró, me olvidé y al salir de la habitación me mojé yo mismo. Hace poco me llamaron por teléfono el Hualo Ahumada y Óscar Wirth, porque se habían acordado de la talla”.

Seguir leyendo