China abre la ruta para “eternizar” a Xi Jinping y convertirlo en el Mao del siglo XXI

El Partido Comunista chino propuso eliminar el límite de dos mandatos consecutivos de cinco años. Así, el máximo líder chino, de 64 años, podría extender su gestión más allá de 2023.


En octubre pasado, durante el XIX congreso quinquenal del Partido Comunista chino, Xi Jinping fue elevado a la altura de Mao Zedong después de que su nombre fuera incluido en los estatutos del partido por su “pensamiento para la nueva era del socialismo con características chinas”. Pero ahora, el PCch dio un paso más allá, al proponer eliminar el límite de dos mandatos consecutivos, lo que en estricto rigor, podría “eternizar” a Xi, quien tendría el camino despejado para extender su mandato mucho más allá del año 2023, cuando expira su gestión de 10 años.

En un movimiento que se esperaba tras el congreso comunista pero que no tan pronto, el Comité Central del PCch propuso un cambio en la Constitución para que se elimine el artículo que estipula que el Presidente y el Vicepresidente deben servir “no más de dos mandatos consecutivos”, según señaló la agencia Xinhua.

Con este movimiento, analistas como Willy Lam, de la Universidad china de Hong Kong, citado por France Presse, ya hablan de que Xi logró su propósito: “Creo que se va a convertir en emperador vitalicio y en el Mao Zedong del siglo XXI”. “Si su salud se lo permite, desea seguir en el poder 20 años, esto es, hasta 2032, como secretario general del Partido y hasta 2033 como Presidente del Estado”, añadió Lam. En 15 años más, Xi, de 64 años, tendrá 79.

Mao, el “Gran Timonel”, fue el máximo líder chino desde que las fuerzas comunistas lograron el poder en 1949, hasta el año de su muerte en 1976. Es decir, el fundador de la República Popular estuvo al frente del partido y del país durante 27 años. Después de Mao y del líder reformista de la economía china Deng Xiaoping, Xi se convirtió en octubre en el tercer líder del partido que logró que su nombre se incorpore a los estatutos del PCch.

Xi nació en junio de 1953, cuatro años después de que el PCCh derrotara a los gobernantes nacionalistas y estableciera la República Popular. El actual gobernante, que accedió a la Presidencia en 2013, está en el último año de su primer mandato. Así, será reelegido en términos formales para su segundo gobierno en la reunión anual del Parlamento chino, contemplada para el próximo 5 de marzo.

Es precisamente en ese evento que se espera que la propuesta del PCch conocida ayer obtenga la luz verde definitiva. Los límites de dos mandatos de los funcionarios chinos han sido implementados desde 1982, año en que se abolió el liderazgo de por vida.

“Poder mundial”

“El cambio es importante, sin duda, porque abre la posibilidad de que Xi disponga de un tercer mandato, que ya se intuía a la vista del resultado del XIX Congreso del PCch que no estableció un sucesor claro”, señaló a La Tercera Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China. “La justificación del cambio tiene que ver con las tareas diseñadas en el congreso, las dos zancadas (2035 y 2050) que deben llevar a China a la cima del poder mundial”.

En ese sentido, los expertos en China sostienen que el PCch podría justificar el cambio constitucional para extender los mandatos en el marco de la visión que tiene Xi sobre establecer una sociedad próspera para 2050.

“Ahora bien, un tercer mandato no es lo mismo que la permanencia de por vida en el poder como ocurría prácticamente durante el maoísmo. En cualquier caso es una manifestación de los riesgos que encara la política china”, agregó Xulio Ríos. Para Patrick Baert, corresponsal de France Presse en Beijing, “desde su llegada a la cabeza del partido, en 2012, Xi Jinping concentra todos los poderes como ningún otro líder chino había hecho en los últimos 25 años”. Ello, por encima de sus dos predecesores, Jiang Zemin (1993-2003) y Hu Jintao (2003-2013).

Hombres clave

En octubre pasado también quedó conformada la nueva estructura del Comité Permanente del Politburó, el organismo más importante después del Secretario General (Xi Xinping). Además de Xi, está compuesto por otros seis dirigentes chinos. A excepción del premier Li Keqiang y de Wang Yang, considerado uno de los principales reformadores en el liderazgo chino, que responden a la facción del ex Presidente Hu Jintao, el resto forma parte del círculo de Xi.

En otra muestra del enorme poder del Presidente, los analistas también destacan que Xi debería lograr que otro de sus cercanos, Li Zhanshu, sea el titular de la Asamblea Nacional Popular. Li es considerado como la “eminencia gris” del mandatario y en octubre escaló a “número tres” del régimen, detrás del Presidente y de Li Kekiang (ver infografía).

Pero hay más. Según el diario The New York Times, en lo que podría ser otro quiebre de la tradición, Wang Qishan, quien ha encabezado la lucha contra la corrupción y las “deslealtades” partidistas, podría regresar en gloria y majestad como Vicepresidente.

El “zar anticorrupción”, cuya razia le ha costado la carrera política a 250 altos cargos chinos, como Bo Xilai, no fue incluido en octubre en el poderoso Comité Permanente del Politburó. Ello, debido a su edad: 69 años. La normativa no escrita del partido establece que los dirigentes deben abandonar sus cargos a los 68 años. Wang es un hombre de máxima confianza de Xi Jinping.
“Desafortunadamente, esto significa que China, al igual que la Unión Soviética en su momento, no ha podido resolver el problema de la sucesión institucionalizada. Las posibles ramificaciones para el mundo son enormes”, advirtió el experto Jude Blanchette, citado por el diario The Washington Post.

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