Maduro intenta seducir a su base ante división del chavismo

Maduro, junto a su esposa Cilia Flores, saluda junto a Maradona, durante su cierre de campaña.

El Presidente venezolano cerró ayer su campaña de cara a las elecciones del domingo, en compañía de Maradona. En su discurso prometió paz y diálogo.


Con las principales vías de la ciudad completamente bloqueadas, la tradicional avenida Bolívar de Caracas se transformó en epicentro del multitudinario acto de cierre de campaña del aspirante a la reelección por el Frente Amplio de la Patria, Nicolás Maduro, para las elecciones generales del domingo, no reconocidas por la oposición.

En medio de la severa crisis que desborda las fronteras, una vez más el líder del chavismo intentó animar a sus adherentes, por sobre voces disidentes de sus filas y cuando la fidelidad ideológica sufre importantes cuestionamientos.

Sin embargo, ni el apoyo del Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ni la presencia del exfutbolista argentino, Diego Armando Maradona, bailando y ondeando una bandera venezolana arriba de una tarima frente a cientos de miles de asistentes, garantiza que en caso de mantenerse en el poder, Maduro podrá garantizar gobernabilidad.

“Las figuras más representativas de (Hugo) Chávez fueron expoliadas del madurismo, que es una cúpula de poder que comparten Nicolás Maduro y Diosdado Cabello”, quien actualmente ocupa un lugar especial en la Asamblea Nacional Constituyente, dijo a La Tercera Javier Vivas Santana, doctor en Educación. “Tanto Maduro como Cabello tienen grandes fisuras por el control del país, pero he dicho que entre ambos la pelea puede generarse con serias diferencias después de las elecciones presidenciales”, explicó.

Como Vivas Santana, son muchos quienes afirman que el madurismo se desprendió del chavismo, provocando importantes deserciones entre las que se encuentran los retiros de Edmée Betancourt y Jorge Giordani desde 2013, quienes ejercían como presidente del Banco Central de Venezuela (BCV) y ministro de Planificación, respectivamente. También aparecen los nombres de Ana Elisa Osorio, ex ministra de Ambiente; Nicmer Evans, un influyente intelectual o María Gabriela del Mar Ramírez, ex defensora del pueblo.

A su vez, la disidencia del chavismo la lidera la exfiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz y su esposo, el diputado Germán Ferrer, hoy ambos en el exilio.

Para el experto electoral y politólogo venezolano, Luis Salamanca, “el oficialismo enfrenta estas elecciones de la peor manera posible”, indicó a La Tercera y agregó que “hay una carga tremenda del elector que está desesperado por salir de Maduro, por la situación económica personal y nacional”.

Según Salamanca, Maduro también tiene un problema interno que se le ha destapado por la vía del chavismo disidente. “Esto ha hecho eco en el chavista de la calle y eso significa un buen mordisco en el voto de Maduro”, agregó.

Últimas jugadas

En medio de este complejo escenario, en su discurso de ayer Maduro prometió paz, diálogo y hasta un acuerdo de recuperación económica. “Hay muchas cosas que están mal y hay que rectificarlas, no podemos taparnos los ojos y no ver lo que está mal”, dijo, vestido con una camisa con el rostro de Hugo Chávez.

Pero sin la seguridad de convencer a los indecisos y ante una peligrosa abstención, desde la otra vereda Henri Falcón, militar retirado y también disidente del chavismo, concentra su estrategia en atraer a ese grupo de desencantados con el actual gobierno.

Un escenario adverso para el oficialismo sería que ese chavismo desplazado por Maduro se reagrupara a través de Falcón y ganara poder con o sin un triunfo del líder opositor capitalizando a la disidencia.

Considerando lo anterior, el escenario post electoral sería todavía más complejo para Venezuela al tiempo que la crisis social, política y económica avanza sin control. Por eso muchos temen por lo que pueda pasar si Maduro se mantiene en el poder después del 20 de mayo.

Aún así, la oposición que decidió restarse del actual proceso, volvió a insistir en su llamado a no votar para no participar de lo que a su juicio es una “farsa (porque) a partir de allí los problemas se profundizarán”.

El dilema entre votar o abstenerse divide a la población venezolana, porque ni encuestas, ni analistas se atreven a predecir con precisión sobre que ocurrirá en la jornada en la que se definirá quién ocupará el Palacio de Miraflores hasta 2025.

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