La detallada mención del Papa al informe Scicluna en carta a obispos chilenos

Autor: La Tercera

Foto. AFP

El Pontífice menciona que el documento elaborado por la Misión Especial encabezada por el arzobispo de Malta manifiesta la existencia de encubrimientos, "destrucción de documentos comprometedores" y que se constataron "graves acusaciones contra algunos obispos o superiores que habrían confiado instituciones educativas a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa".


En la primera reunión con los obispos nacionales, el Papa Francisco les entregó una carta donde realiza una dura crítica a la Iglesia chilena y confirma que habrá remociones y cambios en su interior.

En el documento de 10 páginas, al cual accedió Canal 13, el Pontífice menciona detalles del informe que fue elaborado por el arzobispo de Malta, Charles Sciculna, y el sacerdote Jordi Bartomeu, sobre las reuniones que tuvieron en febrero con víctimas de abusos sexuales cometidos por religiosos.

“En el informe presentado por la ‘Misión especial’ muchos de los entrevistados en Sotero Sanz sostienen que parte de la fractura profunda en la comunión eclesial se arrastraría en el clero desde el mismo Seminario, viciando lo que deberían ser las relaciones fraternas presbiterales y haciendo partícipe a los fieles de estas Divisiones y fracturas, que termina por dañar irremediablemente la credibilidad social y el liderazgo eclesial de los presbíteros y de los obispos”, señala el documento en el pie de la página 9.

El Pontífice hace mención a los encubrimientos de abusos que han existido en Chile, afirmando que sus enviados “han podido confirmar que algunos religiosos expulsados de su orden a causa de la inmoralidad de su conducta y tras haberse minimizado la absoluta gravedad de sus hechos delictivos atribuyéndolos a simple debilidad o falta moral, habrían sido acogidos en otras diócesis e incluso, en modo más que imprudente, se les habrían confiado cargos diocesanos o parroquiales que implican un contacto cotidiano y directo con menores de edad”.

En la misiva, Francisco se detiene en tres situaciones que, afirma, se desprenden del informe de Scicluna y Bartomeu.

En un primer punto, dice que la indagatoria comprueba la existencia de “graves defectos” en el modo de tratar los casos de abusos por parte de las autoridades religiosas chilenas, especialmente en la forma de recibir las denuncias. “En no pocos casos han sido calificados muy superficialmente como inverosímiles, lo que eran graves indicios de un efectivo delito. Durante la visita se ha constado también la existencia de presuntos delitos investigados solo a destiempo o incluso nunca investidos, con el consiguiente escándalo para los denunciantes y para todos aquellos que conocían las presuntas víctimas, familias, amigos, comunidades parroquiales”. Además, habla de que se constataron “gravísimas negligencias” en la protección de menores por parte de obispos y superiores religiosos.

En un segundo punto, el Papa manifiesta que le causó “perplejidad y vergüenza” la lectura de declaraciones que certifican que hubo presiones ejercidas sobre los encargados de “llevar adelante la instrucción de los procesos penales o incluso la destrucción de documentos comprometedores por parte de encargados de archivos eclesiásticos, evidenciando así una absoluta falta de respeto por el procedimiento canónico y, más aún, unas prácticas reprobables que deberán ser evitadas en el futuro”.

En un tercer y último punto, expresa que del informe se desprende que en el caso de muchos de los abusadores se habían detectado “graves problemas” en su etapa de formación en seminarios o noviciados, señalando que en las actas de la Misión Especial constan “graves acusaciones contra algunos obispos o superiores que habrían confiado dichas instituciones educativas a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa”.

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