Las aulas de la noche se hacen cosmopolitas

En el segundo nivel medio C (vespertino), del Liceo Agustín Edwards de Conchalí, más de la mitad de los alumnos son extranjeros.

En Santiago hay colegios para adultos que tienen una matrícula de inmigrantes superior al 50%. Tras la jornada laboral, son muchos los extranjeros que toman su mochila, cuadernos y se van a terminar la escuela. El nuevo aire de la educación nocturna dice presente.


Cada noche, el Liceo Agustín Edwards, de la comuna de Conchalí, abre sus puertas a cientos de adultos, algunos jóvenes, otros no tanto, y en su gran mayoría de otras latitudes: Colombia, Perú y Haití son algunos de los países cuyos ciudadanos dan vida a las aulas vespertinas del recinto.

Pero reinsertarse en el sistema escolar cuando la edad normal ya suma más de dos décadas no es sencillo. Menos, si la persona está a miles de kilómetros de su país de origen, sin redes primarias ni la compañía de la familia. Y peor aún, a veces sin manejar totalmente el idioma del nuevo país.

Ese es el caso de Jackens: llegó desde Haití hace tres años y hoy forma parte del segundo nivel medio C del establecimiento, un curso donde más del 50% de los alumnos son extranjeros. Una realidad nueva, pero que se repite en varios recintos educacionales que imparten educación vespertina.

Y aunque su español aún es perfectible, las ganas de continuar educándose son generosas. “Quiero estudiar Medicina. En mi país ya tengo un título de técnico en enfermería, así que me gustaría seguir esa carrera aquí”, asegura, pese a que también es consciente de que, por el momento, los pabellones y las salas de urgencia son lejanos.

Para mejorar la fluidez de las clases, la Municipalidad de Conchalí dispuso de un profesor haitiano para entregar apoyo idiomático.

Ramiro Reyes, director del liceo, relata que la masiva incorporación de extranjeros a la educación nocturna comenzó en 2017. “Obviamente que esta demanda tiene que ver con obtener mejores oportunidades laborales, porque en sus espacios ahora les exigen mostrar mayor escolaridad”, explicó.

Para su establecimiento, el desafío no ha sido solo en términos de la capacidad en infraestructura, sino que también en lo docente. Y asegura que se ha podido avanzar muy bien en este modelo educativo y en la integración de alumnos de otros países. “La planta de profesores lleva muchos años trabajando en jornada vespertina. Aquí las hacen sicólogos, papás y amigos. Saben que estudiar en la noche es muy duro”.

Uno de esos docentes es Marco Cornejo, profesor de Filosofía con 33 años de experiencia en el sistema educacional y docente a cargo del segundo nivel medio C. Está encargado de impartir la asignatura de “convivencia social”, una materia valórica que prepara a los estudiantes para enfrentar el mundo fuera del aula.

Desde su rol de educador, cuenta que ha visto cómo el número de inmigrantes que se integran al sistema vespertino ha ido en alza, incluso superando a los chilenos. En el caso particular de los haitianos, destaca su empeño y responsabilidad a toda prueba: “Siempre son los primeros en llegar y los últimos en irse”, cuenta.

Aclara, también, que la convivencia entre chilenos y extranjeros es bastante buena, que el respeto es lo que prima en las clases. “Todavía me cuesta entenderlos, por el tema del idioma, pero siempre trato de ayudarlos cuando no entienden algo en clase y nos llevamos muy bien”, dice Benjamín, uno de los chilenos del curso.

El profesor Cornejo cuenta cómo en la asignatura que imparte genera espacios para explicarles a los inmigrantes sobre el Código del Trabajo y sus derechos laborales, entre otros temas, que a veces derivan en conversaciones más profundas. Casi existenciales.

Y allí recuerda: “Hace unos días, estábamos hablando sobre la historia del trabajo. Ahí les expliqué lo que era el hacinamiento y muchos de ellos me miraron y dijeron así vivimos nosotros. Fue algo complejo. El papel que cumplimos como contención es muy importante en lo afectivo”.

Otros establecimientos

Lo que pasa en el Liceo Agustín Edwards no es un caso único. El Liceo de adultos Poeta Vicente Huidobro, en la comuna de Quilicura, tiene una matrícula total de 523 alumnos y de ellos 356 son extranjeros. Es decir, el 68% del alumnado proviene de otro país.

En Independencia, una de las comunas con mayor flujo de migrantes, la realidad es similar: en el Liceo Gabriela Mistral, del total de la matrícula, un 48% de los alumnos es migrante. El listado lo lideran los alumnos de Haití (28%), Perú (7,8%) y República Dominicana (5,2%).

Gonzalo Muñoz, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, indica que “tal como ocurre con la educación regular, el ingreso de estudiantes de otros países es una tendencia que seguirá creciendo. Y esto obliga a mejorar tanto las políticas como el trabajo que realizan los propios establecimientos con estos estudiantes”.

Añade que “la riqueza y diversidad que aporta este mayor porcentaje de estudiantes migrantes debiera ser aprovechado como oportunidad de aprendizaje, y, al mismo tiempo, debe orientarse a los establecimientos para evitar cualquier tipo de discriminación. También podría pensarse en material educativo especial para estos estudiantes”.

Rodrigo Delgado, alcalde de Estación Central y presidente de la Comisión de Asuntos Migrantes de la Asociación Chilena de Municipalidades (AChM), ve este nuevo escenario educacional con buenos ojos. “La educación siempre va a ser una oportunidad para la integración, pero debe ser acompañada de otro tipo de estrategias. Hay que invertir y gestionar esta relación entre migración y educación”, asegura.

En su comuna, además de colegiatura, el edil ha dispuesto cursos de capacitación en electricidad, negocios y uso de software, para insertar a los ciudadanos migrantes en el mundo laboral.

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