El primer examen de las nuevas Ues.

Fachada de la Universidad de O’Higgins.

El puntaje PSU, las notas de enseñanza media y la deserción son algunos de los factores que se consideraron en este análisis, a un año de la fundación de los dos nuevos planteles estatales de educación superior.


Ambas están bajo la tutela de la Universidad de Chile y ambas tienen sus estatutos vigentes desde marzo de 2017. Se trata de los nuevos planteles estatales de educación superior de las regiones de O’Higgins (UOH) y de Aysén, que a poco más de 12 meses de su puesta en marcha, fueron sometidos a un balance de su primer año académico: el promedio de notas de enseñanza media (NEM), puntaje PSU y la deserción fueron algunos de los factores analizados.

Rafael Correa, rector de la U. de O’Higgins, emplazada en Rancagua, hizo un balance positivo de la irrupción de su plantel en la región: “Nosotros hicimos un estudio y vimos que durante el periodo entre 2014 y 2016 los mejores egresados de la enseñanza media migraba a otras regiones, principalmente a Santiago, Valparaíso y Concepción. Ahora, con la llegada de la UOH, 500 de esos alumnos están con nosotros”.

Actualmente, del total de estudiantes matriculados, que tienen un promedio PSU de 611 puntos, el 91% proviene de la Región de O’Higgins. En cuanto a la deserción, esta solo llegó al 4%.

Además, la matrícula está completa. Y si en 2017 ingresaron 435 alumnos, este año esa cifra aumentó a 1.333. Un crecimiento significativo, que para el rector Correa “demuestra que construir una universidad en esta región era absolutamente necesario y va a tener un impacto gigante”.

En cuanto a la oferta, la UOH cuenta con 20 carreras que van desde Pedagogía en Educación Parvularia hasta Medicina. Y según Correa, ya se planea aumentar la capacidad e impartir nuevas especialidades. “Estamos estudiando qué carreras adicionales vamos a tener, que serán tres o cuatro (…). Este año triplicamos el número de estudiantes y en 2019 esperamos doblarlo”, sostuvo el rector. Y añadió que también planean aumento en infraestructura.

En Aysén, la situación es algo diferente, aunque el balance de la rectora, Teresa Marshall, es igualmente optimista: este año, el plantel aumentó su matrícula en casi un 30%, pasando de 93 a 119 alumnos, y solo cinco estudiantes desertaron de sus carreras. Además, hay siete alumnos que provienen de otras regiones. Entre ellos, dos alumnos que llegaron desde Arica.

“Evidentemente, tenemos un 94% de alumnos que pertenece a nuestra región, pero también hay jóvenes que vienen de comunas aisladas de la región, como Cochrane y la localidad de Ingeniero Ibáñez. Eso nos demuestra que comenzamos a ser una alternativa para jóvenes de lugares más aislados”, sostuvo la rectora.

En su caso, el puntaje promedio de ingreso vía PSU fue de 566 puntos, una cifra que para la rectora Marshall no tiene nada que ver con el prestigio de la institución. “Nuestro prestigio va a ir por distintas vías, no solamente por el puntaje de corte, porque, en general, como región tenemos 10 puntos bajo el promedio PSU de otras regiones”, argumentó.

Y añadió que en este primer año se han enfocado mucho en realizar nivelación pues, “tenemos una cantidad importante de alumnos que vienen de una educación técnico-profesional, que no tiene formación científica, entonces esa falta tenemos que comenzarla rápidamente los primeros meses”.

Actualmente, se imparten seis carreras: Enfermería, Obstetricia, Trabajo Social, Ingeniería Civil Industrial, Ingeniería Forestal y Agronomía. En ese contexto, la rectora Marshall señaló que para aumentar la oferta, primero deben “consolidar las carreras que tenemos actualmente”.

Análisis

Ariel Ramos, investigador de política educativa de Educación 2020, señaló que en el caso particular de la U. de Aysén, “se entiende que los puntajes de corte sean esos, porque la universidad tiene que llenar las vacantes con los estudiantes de allí. El problema viene desde atrás, desde el nivel en que salen los alumnos de la enseñanza media”.

Agregó que “más que mirar el puntaje de corte, uno debiese preguntarse si la PSU es un buen instrumento para discriminar qué estudiantes están ingresando al sistema de educación superior”.

Andrés Bernasconi, director del Centro de Justicia Educacional y profesor de la Facultad de Educación de la UC, planteó que la evaluación de ambas universidades debe hacerse en relación al contexto en que se desenvuelve cada una. “En Aysén la situación es mucho menos favorable que en O’Higgins en términos de número de potenciales estudiantes y ubicación en una zona remota del país”, dijo.

Respecto de la matrícula, que en ambos casos es mayoritariamente de alumnos de la región, Bernasconi señaló que “es muy auspicioso, ya que se buscaba dar oportunidades de formación en la región de origen”.

José Joaquín Brunner, académico de la U. Diego Portales y director de Cátedra de la Unesco, asegura que desde su fundación se sabía que la U. de Aysén tendría un universo limitado. Por eso, dice, “su decrecimiento no puede por eso basarse en el tamaño de la matrícula. Debe tener una expansión cualitativa, no cuantitativa. Y, por tanto, hay que dotarla de un ‘modelo de negocios’ muy distinto al convencional”.

Asimismo, añade que para que los planteles sigan cumpliendo un rol social debe haber un apoyo del gobierno central y del sector privado: “El país necesita modelos de universidades de frontera, innovativas, emprendedoras, sobre todo para regiones extremas o zonas geográficas de grandes espacios y escasa población”, argumentó Brunner.

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