Solo ocho universidades tienen más mujeres que hombres como docentes

La Universidad de Concepción, fundada en 1919.

En los 56 planteles universitarios, el 43,1% de la planta académica -de casi 70 mil profesores- corresponde a mujeres. El 53,7% de la matrícula, en cambio, es femenina, una supremacía que se alcanzó ya hace una década.


En sus inicios, las universidades fueron por excelencia un ambiente dominado por hombres. La participación de mujeres en estos espacios era impensada y por supuesto Chile no era la excepción. Eso hasta que en 1880 Eloísa Díaz postuló a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile y se convirtió en la primera mujer en cursar estudios superiores en el país. Siete años después se graduó como licenciada de Medicina y Farmacia.

Pasado más de un siglo desde aquella fecha, la situación es totalmente distinta. De hecho, desde 2007 que la matrícula femenina en universidades supera a la masculina. De acuerdo a datos del Consejo Nacional de Educación (CNED), en 2017 las mujeres representaban el 53,7% de la matrícula total universitaria a nivel país, con 388.086 alumnas versus 334.655 alumnos.

Claro que a medida que se avanza en nivel de estudios, la cancha comienza a desnivelarse nuevamente hacia los hombres. Según el CNED, el año pasado el promedio de académicas en universidades es de 43,1%, lo que se traduce en 29.810 mujeres docentes, de un total de 69.187.

Las cifras parecen corresponderse con el panorama general del mercado laboral chileno. Según las estadísticas que el INE entregó el pasado marzo (válidas para el trimestre noviembre-enero), solo el 48,3% de las mujeres mayores de 15 años estaba laboralmente activa: es decir, trabajando o buscando empleo. En los hombres, la tasa de participación es de 71,2%.

Espacios

De los 56 planteles universitarios, en solo ocho más del 50% de su planta académica corresponde a mujeres, según un ejercicio realizado por la Universidad de Las Américas, sobre la base de cifras del CNED. El mayor porcentaje lo tiene la U. Chileno-Británica de Cultura, que luce un 58,8%, con 30 mujeres (ver tabla). “Es un orgullo tener en nuestro cuerpo docente esta alta representatividad de profesoras, quienes nos ayudan desde nuestros inicios a formar profesionales íntegros”, dice Marcela Moya, vicerrectora académica.

En el otro extremo se ubica la U. Técnica Federico Santa María, que con un 20,7% de mujeres incorporadas en este ámbito, cierra la tabla de equidad de género. Le sigue la U. Adolfo Ibáñez, con casi un tercio de mujeres.

María Teresa del Río, académica de la Escuela de Psicología de la U. Central, dice que “lo que resalta más evidentemente es que, por ejemplo, en la U. Federico Santa María se enseñan principalmente carreras de Ingeniería y en la U. Adolfo ibáñez se imparten carreras orientadas a los negocios y la economía. Esas son áreas que han estado dominadas tradicionalmente por figuras masculinas. Lo interesante es que esto constata que dentro de las universidades las tendencias cambian muy lentamente en comparación a la inserción de las mujeres en los distintos campos del saber”.

En la U. Adolfo Ibáñez dicen que están al tanto de la situación. Soledad Arellano, vicerrectora académica, señaló que “somos conscientes de que tenemos una baja proporción de mujeres. Eso no se revierte de un día para otro. Conscientes de eso, en las últimas contrataciones nos hemos preocupado de este aspecto, especialmente en el caso del currículum de Artes Liberales, que es nuestro programa estrella”.

Medición por sexo

¿Por qué para las mujeres es más difícil ascender en este ámbito? En 2013, la dirección de igualdad de género de la U. de Chile publicó el libro Del Biombo a la Cátedra, en el cual, a través de testimonios anónimos de sus propias académicas, se sugieren algunos motivos de por qué las mujeres no ascienden a más altos cargos. El rol femenino en la organización doméstica y las licencias médicas por maternidad son algunos de los factores recogidos. “Estas (las licencias) inciden en la menor cantidad de horas anuales de trabajo de las académicas, lo que las excluye de la posibilidad de concursar en igualdad de condiciones a proyectos o concursos internos, ya que constituyen requisitos de postulación”, sostiene el texto.

Asimismo, se alude a que no se ha establecido un sistema de medición diferenciado por sexo. “Se necesita cambiar los plazos; para estar en la categoría de asistente a instructor son 12 años, pero yo ya me gasté en mis dos hijas cuatro años que realmente no se pueden comparar con los de mis colegas”, dice una académica en su testimonio.

 

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