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Actualizado el 17/02/2017
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Álex Hernández, director del Festival: “No he hecho jamás televisión machista”

Autor: Tamy Palma Silva

Las críticas, al igual que el éxito, lo han alcanzado más por sus formas que por su sigiloso estilo. Hace pocas semanas, en paralelo a su nombramiento como nuevo director general del Festival de Viña del Mar, en redes sociales se debatió la posibilidad de cancelar el evento producto de los incendios ocurridos en la zona centro-sur del país. Hernández guardó silencio. El creador de Mekano y Yingo no dudó en la realización del certamen y espera que las seis noches sean exitosas para sentarse a pensar lo que hoy le roba la cabeza: la fórmula exacta para hacer televisión con y para mujeres.

Álex Hernández, director del Festival: “No he hecho jamás televisión machista”

“Algo contemplativo”. Así define parte de su trabajo Álex Hernández, el hombre que tuvo por años a todo Chile bailando axé y que hace cuatro fue designado director del Festival de Viña del Mar, cuya nueva edición parte este lunes. Ese nombramiento no sorprendió a su equipo. Tampoco a él. Entre los 16 años que sumó realizando los programas juveniles Mekano (Mega) y Yingo (CHV), consiguió la seguridad que cualquier director quisiera: no sólo liderar el rating de las tardes empolvando seriamente a su competencia, sino que además supo mantener por largos períodos un público que, sin quererlo, creció al alero de las ocurrencias y tendencias que, desde el switch, imponía Hernández, quien además acaba de ser nombrado director general del festival por el presidente ejecutivo de CHV, Jorge Carey.

En medio del enjambre mental en el que asegura que vive, las críticas marcaron el inicio de año en medio del anuncio de su nuevo cargo en el que, asegura, tendrá responsabilidades más diplomáticas que antes y “relacionadas con las autoridades, la coordinación y trabajo en conjunto de CHV con ellos”. En redes sociales, cientos de personas exigieron la cancelación del festival para donar el dinero -privado y ya invertido- a los afectados por los incendios ocurridos en la zona centro-sur del país. Hernández miró la trifulca como es él: sigiloso. Y en vez de calentarse la cabeza dando explicaciones o planteándose la suspensión del certamen, decidió hacer jornadas solidarias donde las mujeres afectadas por la emergencia serán también protagonistas del 20 al 25 de febrero en una semana que él adelanta como “altamente solidaria”.

Respecto a los otros festivales, ¿hay algo que tengas como meta este 2017 donde, además, asumes un cargo superior al de otros años?

—La meta es que seamos capaces de mostrar con fidelidad la emoción que se produce cuando el artista y el público están juntos. El desafío está en esa conexión, pero sobre todo en la que tiene que ver con el público de redes sociales, que cada vez es más y al cual le vamos a dar más importancia y capacidad de decisión; poder cambiar canciones, poder cambiar el setlist, opinar todo el rato. Nosotros lo que queremos hacer es entrar en esa dinámica. Que el festival sea un momento de comunicación a todo nivel haciendo Facebook Live, making off todo el rato, que la gente pueda ver el festival por atrás en 360 grados.

Tras los incendios ocurridos en la zona centro-sur del país en redes sociales se cuestionó bastante la realización del evento y la gala. ¿Lo pusiste en duda alguna vez?

—El festival es algo que hace bien. Si la música hace bien, si el humor hace bien, entonces el festival también lo hace, por lo que nunca estuvo en duda. Lo que hicimos desde un primer momento fue pensar de qué manera podríamos sumar esta gran plataforma para colaborar con quienes habían perdido todo y cumplir un rol desde lo que el festival es en su esencia. Es así como colaboraremos estando en coordinación con Desafío Levantemos Chile para generar actividades con ellos. Vamos a mostrar algunas historias básicamente de mujeres, ya que son ellas las que han tomado las riendas en el ánimo y energía frente a esta adversidad. Algunas de ellas quisieron venir, pasarlo bien, conocer a algunos de sus artistas y distraerse.

Este año hay 15 presentaciones protagonizadas por hombres y sólo cuatro que lideran mujeres. ¿El comité se lo ha planteado como un asunto de género?

—Sí, pero eso se debe básicamente a que los medios más masivos no les han dado la oportunidad a las mujeres para poder tener pantalla. Hay un mito que es que las mujeres no hacían reír o que no podían animar programas porque la gente no los veía. En Viña estaba instalado que a las mujeres les iba mal. Y ocurre que después de la Cuatro Dientes había sido innegable que nadie logró ser un hit o que le fuera bien. Solo Natalia Valdebenito pudo derribarlo. El tema de las mujeres en el festival es un desafío no solo para nosotros como producción, también para las comediantes que logren rutinas de un gusto más transversal.

A raíz de esa discusión, ¿se han visto pauteados por fenómenos sociales más que por masividad, como es el caso de Maluma en la música, por ejemplo?

—Ahí hay algo que no es tan así. Maluma es un artista que no era muy tocado en radio. Sonaba básicamente por el tema “Desde esa noche” con Thalia y “Vente pa’ acá” con Ricky Martín, pero Maluma sí era un hit en Spotify y YouTube. Ese público fue el que llenó el Arena Santiago, no fue el público que escuchaba radio. Y ser pauteado por cifras de un programa de internet es sin duda un fenómeno social, pero también lo hacemos en el humor. Cuando éste se encuentra influenciado por la actualidad y las cosas que suceden, y que posiblemente a uno le dan rabia, se produce una catarsis que también termina siendo positiva para la audiencia.

¿En qué se traduce esta catarsis inducida que pretenden generar?

—En que por lo mismo, el humor del festival tiene que ver más con el stand up y con temas cotidianos y de contingencia. Es ahí donde se produce esta mixtura de contenidos que finalmente hacen que el público se ría de lo que está pasando. Hay conciencia de la catarsis positiva que produce eso. Va a pasar con el asunto del SuperTanker. Todos lo miraron con atención, aplaudieron, criticaron, pero no va a faltar el humorista que nos hable de él de una manera que nos va a terminar dando risa. Eso es estar en pauta con la sociedad y es algo tremendamente positivo.

“Los personajes importan”

El feminismo, según Álex Hernández, llegó en un momento clave para la televisión. Él no le teme. Al contrario, dice que es “lo mejor que pudo pasar en estos tiempos”. Eso, pese a la imagen de director machista que carga por cómo se perfilaban las chicas de Mekano y Yingo mientras él era director de dichos programas. “Jamás hice los programas con esa intención”, se defiende. A raíz de eso, los nuevos fenómenos sociales, libros y estudios hoy tienen al director general del Festival de Viña del Mar pensando en la fórmula exacta para lograr, en el tiempo, un certamen más equitativo en cuestión de género y poder entender, por fin, el porqué del tibio recibimiento de su programa Minas al poder en CHV.

¿Cuál ha sido la clave para reinventarte en televisión?

—Es bien de cerca la recomendación, pero soy bien estudioso y bien metido desde que descubrí Google. Mi trabajo es algo contemplativo. Veo desde el último video clip de Lady Gaga hasta charlas TED. Estoy todo el tiempo pendiente de los nuevos fenómenos y los jóvenes. En estos tiempos he aprendido que lo que importa son los personajes y lo que ellos pueden contar en la tele. Si hiciera hoy, en la era del feminismo y la libre expresión, un programa como Mekano o Yingo, el casting sería distinto que hace 20 años y buscaría gente que tenga buenas historias que contar y que ojalá sean de perfil más opinante.

¿Te dan ganas de hacer algo que tenga un dejo más cultural?

—No sé si es eso, porque para mí es insólito que la programación cultural sea exigida como algo tan estructurado y como algo regulado, cuando la cultura en sí es lo menos regulada que hay. Muchos dicen que acá cuesta que la gente vaya a los museos, pero cuando viene una gran exposición como la del fotógrafo estadounidense David LaChapelle, se llena. Y él es pop, está lleno de colores, es entretenido, pero sigue siendo cultura. Lo que es entretenido sí puede ser cultura, no necesariamente tiene que caer en la categoría de lo aburrido.

¿Puedes presumir de haber hecho alguna vez un programa cultural?

—Mira, tengo una espina clavada de años por un piloto de un programa cultural que quería hacer que era super lindo. Eran entrevistas a gente que hacía cultura, cine y libros. Lo presenté en Mega cuando estaba haciendo Mekano con un peak de sintonía muy alto y lo animaba Francisca Merino.

Francisca Merino es un superávit de pop y un déficit de cultura, ¿o no?

—Pero por eso lo estaba haciendo con ella. En ese tiempo lo podías hacer con cualquier rostro o actor underground, pero yo lo hice con Pancha Merino, porque venía del mundo del pop. En ese piloto ella entrevistó a Silvio Caiozzi y fue genial, pero cuando lo presenté me preguntaron si tenía fiebre, si estaba enfermo o si necesitaba vacaciones. Todavía, a veces, lo veo en mi casa.

Llevando la mochila pesada de Mekano y Yingo, donde el contenido era principalmente chicas con poca ropa contando sus problemas en televisión, ¿no te da miedo esta vorágine feminista?

—¿Miedo? No, para nada. El feminismo es lo mejor que pudo pasar en estos tiempos. Las mujeres tienen una sensibilidad e inteligencia demasiado relevante como para estar en un plano secundario. La sensibilidad de una mujer en un rol de poder funciona muy bien, porque no se deja llevar por impulsos tan básicos como por los que se puede dejar llevar un hombre para responder, para tomar decisiones, para repensar algo. Que en el gobierno exista una Presidenta me parece increíble, y que la critiquen me parece fome.

Precisamente, fuiste director de Minas al poder, un programa de un humor ácido y compuesto sólo por mujeres. ¿Por qué crees que no tuvo éxito?

—Creo que una cantidad grande del público pensó que el programa era feminista, y todavía hay gente que no acepta el discurso feminista. También creo que en la revisión de los textos algo sucedió que no estuvimos mirando bien. Yo encontraba que todos eran graciosos. El público, compuesto por 150 mujeres, ni siquiera estaba galleteado. Al margen de eso, es un programa que le hace bien a la tele. Cuando termine el festival podré sentarme a mirarlo, ver las cifras acuciosamente y estudiar el minuto a minuto para ver qué pasó con más distancia. Pero es un programa que le hace bien al tipo de tele que quiero hacer y que hay que hacer: con más empoderamiento.

El estigma por el tipo de programas que has hecho te podrían perfilar como un director de carácter más machista, ¿no?

—En Minas al poder yo no tomaba decisiones. Al contrario: me sentaba a escuchar las reuniones y las gozaba porque encontraba que hasta la más feminista terminaba cayendo en un discurso machista y conversábamos sobre eso, pero yo no tomaba decisiones finalmente. La verdad es que no soy ni he hecho jamás televisión machista. Para mí eso no existe. Y quiero ser bien claro: jamás hice los programas que hice con esa intención. Yo no corto el queque ni en mi casa ni en el canal.

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