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Actualizado el 22/10/2017
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Campamentos: el 60% de residentes llegó por no poder pagar un arriendo

Autor: Paula Yévenes V.

Según estudio de Techo las familias gastaban 46% de sus ingresos mensuales, de $ 336 mil promedio, en este ítem. En los últimos seis años habrían aumentado en 48% las personas viviendo en estos espacios, según la fundación.

Campamentos: el 60% de residentes llegó por no poder pagar un arriendo

Según datos de la fundación Un Techo para Chile, actualmente existen 40.541 familias viviendo en 702 campamentos a lo largo del país. Esta cifra representa un aumento del 48% entre 2011 y 2017. ¿Cuáles son las razones del alza? Eso es lo que buscó dilucidar la última encuesta “Antecedentes Previos al Campamento” de Techo, aplicada a 1.785 hogares de siete regiones de la zona norte y ciudades metropolitanas de Chile.

De acuerdo con el sondeo, quienes llegan a habitar en un campamento son familias jóvenes, con jefes de hogar de entre 17 y 40 años, muy por debajo del promedio de 53 años que mostró la encuesta Casen de 2015. Un 23,7% de ellos terminó la enseñanza media, mientras que el 2,5% no alcanzó ningún nivel de escolaridad.

Además, por el contrario de lo que se podría esperar, el 93% de las familias declaró que no ha vivido toda su vida en un campamento, es decir, que se trata de personas que no están acostumbradas a dicha realidad.

¿Qué los empujó entonces a instalarse en estos espacios? El 60% de los encuestados indicó que la razón principal por la cual llegó al campamento fue el alto costo de los arriendos, seguido por un 30,3% que afirmó que vivía de allegado y tuvo que irse, y un 19,2% que señaló tener pocas oportunidades laborales (ver infografía).

El alto porcentaje del presupuesto familiar destinado al ítem arriendo, también queda consignado en el estudio. Según la encuesta, el promedio de sueldo por hogar era de $ 336 mil, de los cuales un 46% iba al pago del arriendo de una vivienda o pieza. La OCDE recomienda que este gasto no supere el 25% de los ingresos. Para estas familias, el 37% restante de sus ingresos estaba destinado a alimentación, y solo un 17% era asignado a gastos básicos como luz, agua y gas.

El incremento del costo de las viviendas también repercute, según el informe, en la migración desde lugares con más servicios a zonas apartadas. En la Región Metropolitana, por ejemplo, la mayoría de las familias que llegó a campamentos se trasladó desde comunas céntricas hasta otras ubicadas en la periferia de la ciudad, como Colina, Lampa y San Bernardo.

Para Gonzalo Rodríguez, director social de Techo, lo anterior “es el reflejo de un mercado del suelo y de la vivienda que hoy día está desregulado. Hoy lamentablemente estamos excluyendo de la ciudad a los que no pueden pagar por estar en ella”, sostuvo.

Respecto del aumento en el precio de los arriendos, Nicolás Izquierdo, subgerente de Portalinmobiliario.com, explicó que “las principales alzas en los precios de arriendo de las viviendas en la Región Metropolitana se produjeron durante los años 2012 y 2013, donde llegaron a tener un peak de crecimiento anual del 17%. Luego de este período, los precios comienzan de a poco a estabilizarse, aunque en niveles claramente superiores a los años previos al 2012”.

Justamente, para Rodríguez, lo anterior coincide con un período en el cual la situación de los campamentos se descuidó. “En los últimos seis o siete años los campamentos no han sido prioridad para ninguno de los dos gobiernos, así como la pobreza tampoco lo ha sido”, dijo. Y añadió que “el mejor reflejo de eso es que no se ha querido actualizar el catastro desde 2011. Es inaceptable seguir trabajando con un registro de hace seis años”.

Para mejorar esta situación, Techo elaboró un listado de diez acciones de largo y mediano plazo que esperan sean recogidas por los candidatos presidenciales, (ver propuestas).

Previo a su ingreso al campamento, las condiciones de vivienda tampoco eran las óptimas. El 69% reconoció hacinamiento medio o crítico. En el campamento, según explicó Rodríguez, la cifra baja a 25%.

En promedio, las familias que llegan a vivir a campamentos se mantienen en esa situación por diez u ocho años. “Hay muchas personas -incluso autoridades de gobierno- que creen que las familias se van al campamento para tener una solución más rápida, y eso no es verdad. Ellos se demoran mucho más en tener una solución habitacional definitiva”, sostuvo.

Vivir en un campamento

Desde 2011, Dominique Gómez (30) forma parte de las 22 familias que viven en el campamento Felipe Camiroaga, ubicado en la comuna de Colina. Un año antes, se había independizado junto a su esposo y sus tres hijos. Arrendaron una casa en su actual comuna. Sin embargo, el sueldo de su esposo como carpintero no alcanzó a cubrir los más de $ 100 mil del arriendo y los gastos que conlleva un hogar: tuvieron que abandonar su sueño.

“Nosotros no llegamos acá porque queríamos, sino porque no tuvimos otra opción. Teníamos ganas de poder vivir y pagar por las cosas”, dice acongojada. Actualmente, Dominique espera poder postular a un subsidio del Estado y obtener una mejor vivienda.

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