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Actualizado el 11/04/2017
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Costa del norte descendió hasta 40 cm tras terremoto en Iquique

Autor: Florencia Hidalgo Pérez

Estudio muestra que sismos generan cambios en nivel del continente. Baja de altura de la costa hace desaparecer especies como locos y erizos.

Costa del norte descendió hasta 40 cm tras terremoto en Iquique
Los investigadores midiendo en terreno.

La noche del uno de abril de 2014, un terremoto de magnitud 8,2 sacudió el norte del país. Según el Centro Sismológico Nacional, el epicentro se ubicó en el océano, a 83 kilómetros al noroeste de Iquique, en lo que los expertos denominan “laguna sísmica”.

En Chile hay varias de estas lagunas, llamadas así por ser zonas sin actividad telúrica relevante en los últimos años. Una de ellas está en Iquique, donde no había un terremoto como el de 2014 desde 1877.

El evento sirvió para que un grupo de expertos, liderados por el ecólogo marino Eduardo Jaramillo de la U. Austral, verificara oscilaciones en el nivel de la costa -que en zonas como Pisagua llegó a hundirse 40 cm- y comprobara cómo responde la flora y fauna marina, algo que, según Jaramillo, no se ha tomado en cuenta tras la ocurrencia de un terremoto.

En 2013, Jaramillo, junto a Nelson Lagos, director del Centro de Investigación e Innovación para el Cambio Climático de la U. Santo Tomás y Juan Carlos Báez, instalaron unos tornillos como marcas en las costas de Arica, Pisagua e Iquique, midiendo la altura del tornillo en relación al nivel del mar.

“Tras el terremoto en 2014, partimos inmediatamente y volvimos a medir. Descubrimos, usando esta metodología, que la costa había bajado alrededor de 40 cm en Pisagua, en Arica se había levantado un poco y la de Iquique también”, relata Jaramillo.

Otra fórmula de medición

El cambio de altura también se verificó usando especies sésiles -organismos acuáticos que crecen adheridos a un sustrato sobre el que no se desplaza- de la costa rocosa, que también pueden proveer medidas precisas de los cambios a nivel de la tierra durante los terremotos.

En la costa, hay un alga calcárea, que es dura, y que cuando está viva es rosada. Si el continente se levanta un metro, en un par de días un metro del alga se va a poner blanca. La diferencia entre el color blanco y el rosado, es lo que se levantó el continente. “Fue una de nuestras metodologías de medición”, dice Jaramillo.

Todos estos cambios, generan cambios en la flora y fauna del lugar.

“Cuando Charles Darwin pasó por Chile, el capitán del Beagle, Fitz Roy, fue a la isla Santa María (Región del Biobío) tras el terremoto de 1835. Vio que había animales muertos”, explica Jaramillo.

“Al levantarse la tierra, las rocas se secan, los animales y plantas mueren y queda vacío”, dice.

La idea es que con estas marcas puestas en las lagunas sísmicas, y teniendo los datos de la flora y fauna de los sectores, los investigadores puedan saber cuánto subió y cuánto bajó la costa y así conocer las condiciones de la flora y fauna después de un terremoto para evaluar eventuales medidas de recolonización asistida.

Entre las especies que pueden verse afectadas, dice el ecólogo, están los caracoles, juveniles de locos, macro algas -que la gente del norte saca, seca y los vende-, piures, erizos. “Todo eso desaparece”, señala. La recolonización es súper lenta dependiendo del lugar.

Por ello, afirma que la intervención humana podría ayudar a recolonizar de forma más rápida, por ejemplo, poniendo sustratos artificiales en la costa y así facilitar las condiciones para que la flora y fauna pueda recuperarse tras un terremoto.

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