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Actualizado el 17/06/2017
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“Emilio”: las huellas de un fantasma

Autor: Francisco Siredey E.

Ha sido “Julio” para sus amigos, “Emilio” para sus compañeros de armas y “Ramón Guerra” para sus vecinos en el pueblo mexicano de San Miguel de Allende, pero tras su inesperada captura vuelve a ser simplemente Raúl Escobar Poblete. Tras casi 30 años de burlar la justicia, uno de los dos autores materiales del asesinato de Jaime Guzmán finalmente enfrenta las consecuencias de un violento pasado.

“Emilio”: las huellas de un fantasma
Foto: PDI

La última vez que las autoridades chilenas tuvieron una pista de la presencia de Raúl Julio Escobar Poblete (53) en territorio nacional fue en mayo de 2010. La información de Inteligencia que la PDI consiguió en esa ocasión aseguraba que fue visto dos días seguidos en el frontis de un supermercado ubicado en la entrada norte del balneario Rocas de Santo Domingo. La primera vez habría llegado a pie, alrededor de las 14 horas, para encontrarse con un amigo de su juventud. Allí habrían conversado unos minutos, acordando verse de nuevo al día siguiente. A esta segunda cita, Escobar habría llegado a bordo de un Subaru verde manejado por un tercero, que se habría mantenido en las cercanías todo el tiempo. El contenido de la conversación nunca fue conocido por la policía.

En los días posteriores, la PDI fue a Santo Domingo a practicar las diligencias protocolares. Los detectives revisaron las cámaras de seguridad, hablaron con los locatarios del supermercado y fijaron puntos de observación en toda la comuna, pero no encontraron nada. O bien el dato era falso o Escobar había vuelto a mostrar una capacidad única para burlar a las autoridades, tal como lo venía haciendo los últimos 20 años.

Las averiguaciones realizadas no fueron del todo inútiles. A partir de otras diligencias, la PDI se enteró de que Celia Poblete, la madre de Escobar, aún tenía contacto con la familia de Marcela Mardones, su pareja desde los tiempos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), cuando ambos usaban las chapas de “Emilio” y “Ximena”. Además, se acreditó que la familia de Mardones le entregaba ayuda financiera a Celia Poblete, lo que llevó a asumir a los investigadores que, al menos hasta esa fecha, la relación entre ambos se mantenía.

No hubo demasiadas luces sobre el paradero de la pareja en los años siguientes. En 2013 se indagó un viaje a Cuba de varios familiares de Mardones. Entre ellos iba su hijo mayor, Patricio, y su nieto recién nacido. Este dato llevó al ministro Mario Carroza y a su equipo investigador a realizar diligencias para corroborar que la pareja se había establecido en la isla, como -se presume- lo hicieron otros ex frentistas, como Juan Maco Gutiérrez Fischmann (“el Chele”) o Alexis Soto Pastrián (“Rambo”).

Cuatro años después, se puede decir que la falsa pista cubana solo les compró tiempo a Escobar y Mardones. Ambos habían estado ocultos por más de una década en San Miguel de Allende, México, con nuevas identidades y dedicados a nuevos negocios, como la sanación, el corretaje de propiedades y otros servicios, como una cafetería que tuvo corta duración. También tenían nuevas vidas, separados sentimentalmente el uno del otro, de acuerdo a las versiones del abogado mexicano de Escobar, José Luis Vargas, y de la propia Mardones.
Sin embargo, y a la luz de los antecedentes entregados por la Procuraduría General del estado de Guanajuato, habrían sido los viejos negocios, o esas viejas vidas, las que determinaron la caída de Escobar y de su ex pareja, dos de los prófugos más buscados de la historia de Chile. “Es la continuación natural de alguien que ha hecho del crimen su modo de vida”, dice Luis Hermosilla, abogado de la familia Guzmán.

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El periodista deportivo Mariano Escobar González (conocido por el seudónimo de “Sansón”) murió de un derrame cerebral cuando su hijo menor, Raúl, tenía nueve años. La madre, Celia Poblete, era profesora normalista, pero llevaba un tiempo sin ejercer. Las nuevas circunstancias la obligaron a trabajar, desempeñándose como comerciante. La familia quedó en aprietos económicos y Poblete decidió enviar al hermano mayor, Manuel, a casa de unos familiares en Estados Unidos mientras la situación se estabilizaba. Según una entrevista concedida en 2013 a La Segunda, Manuel Escobar considera que en esos años se generó una distancia insalvable con su hermano, que dura hasta hoy: “Nunca compartimos una vida juntos, pero él era una persona mucho más acogedora que yo, más idealista (…). Pienso que discutíamos mucho por la manera distinta de ver el mundo. Yo soy un adicto a la armonía y por eso prefería ni verlo”.

A su regreso, Manuel hizo su vida con unos tíos en Providencia y terminó sus estudios en el Instituto Nacional. A la casa de su madre y hermano, en la Villa Santa Elena de Macul, solo iba esporádicamente. Su vínculo con ellos se fue rompiendo lentamente con los años.
Mientras su madre vendía lencería en Irarrázaval, Raúl Escobar estudiaba en el Liceo Lastarria y pasaba las tardes en las calles de Santa Elena, donde sus amistades lo conocían por su segundo nombre, Julio. Una de sus cercanas era Marcela Mardones, con quien, además, compartía ideas políticas. “Tenían una amistad como de hermanos”, declaró Patricio Morales Toro, primer marido de Mardones y otro antiguo vecino de Santa Elena, en las investigaciones judiciales que siguieron.

Existen dos versiones respecto de las razones que llevaron a Raúl Escobar a unirse al FPMR. Ambas remiten al año 1987. La primera, que consta en informes de la PDI, apunta al asesinato de una tía paterna, la frentista Elizabeth Escobar Mondaca, hace 30 años, en la denominada “Operación Albania” o “Matanza de Corpus Christi” del 15 y 16 de junio de 1987. Sin embargo, tanto los familiares directos de Escobar Mondaca como de “Emilio” niegan el parentesco.

La segunda versión hace referencia a la figura de un mentor: Mauricio Arenas Bejas, conocido como “Lobo” o “Joaquín”, uno de los frentistas que atentaron contra la comitiva del general Augusto Pinochet en septiembre de 1986, a quien Escobar conoció en la Penitenciaría.

En enero de 1987, Escobar participó de un fallido asalto a un departamento en avenida Pocuro, en Providencia. Los dueños dieron aviso a Carabineros, quien detuvo a Samuel Morales -hermano de Patricio, el ex marido de Marcela Mardones-.Este confesó que su banda planeaba reunirse en casa de Escobar después del robo, lo que significó una intervención de los policías en Villa Santa Elena que terminó en un tiroteo. Uno de los amigos de Escobar, Sergio Rivera, murió en el enfrentamiento. PatricioMorales lo vio todo cuando llegaba a visitar a su hijo a la casa de Mardones, que por esa época ya tenía una relación con Escobar. Todos se fueron detenidos.

-Nos metimos en un forro -le dijo Escobar a Morales mientras los introducían al retén móvil.

Mientras Morales fue liberado rápidamente, Escobar pasó casi siete meses en la cárcel. Ahí habría conocido a Arenas Bejas, quien lo habría adoctrinado e introducido en la orgánica del FPMR. Apenas quedó en libertad, a fines de 1987, Escobar se puso a las órdenes de uno de los grandes amigos de Arenas Bejas: Mauricio Hernández Norambuena, conocido como “Ramiro”, “el Abuelo” o simplemente “Pepe”.

Entonces nació “Emilio”.

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-¿Quiere lavar el auto?- preguntó el cuidador René Rozas al ver que el conductor se bajaba del taxi Chevrolet Opala que recién se había estacionado en la vereda poniente de Regina Pacis. El hombre dijo que no y comenzó a caminar hacia el Campus Oriente de la Universidad Católica. Antes de que se alejara, Rozas le advirtió que una puerta parecía abierta.
-Están malas. Vuelvo luego -contestó el hombre, vestido con chaqueta y pantalón beige. Rozas se fue a lavar otro auto al otro lado de la calle.

Ricardo Palma Salamanca ya había descendido del auto en la esquina y entrado a una schopería para realizar el contacto con otro frentista con el que intercambiaría pistolas. Después de esta operación, Palma se reunió con el conductor del Opala y entraron en la universidad. El plan era interceptar a la víctima en la escalera, pero este se devolvió, aparentemente al tanto de que era seguido. Hubo una discusión respecto de si seguir adelante y finalmente se decidió atacar afuera. Marcela Mardones, alias “Ximena”, estaba parada con un delantal blanco frente al paradero, como señal de que el Opala estaba listo para la huida.

“Si estaba el auto debía estar ahí con el delantal, si no estaba el auto no recuerdo si debía irme o sacarme el delantal. Recuerdo haber seguido las instrucciones, porque el auto estaba ahí en el lugar…”, declaró Mardones esta semana.

Cuando el SubaruLegacy plateado del objetivo salió del recinto y viró al poniente, ambos atacantes se abalanzaron sobre la ventana del copiloto, armados de una Browning y una Taurus .9 mm. El chofer del taxi disparó primero y Palma Salamanca lo siguió. Ocho impactos quedaron en la carrocería exterior del auto; otros tantos se enquistaron en el interior y un total de 12 mataron al fundador de la UDI, el senador Jaime Guzmán.
Rozas, el cuidador de autos, escuchó los disparos y vio cómo los dos sujetos corrían hacia el sur por Regina Pacis para abordar el taxi que se había estacionado unos 20 minutos antes. Tiempo después le mostrarían una foto de RaúlEscobar Poblete, a quien reconocería como el chofer del Opala robado en el que huyeron los asesinos del senador Guzmán. Así también lo harían la mayoría de los testigos y procesados de la causa.

Las pericias balísticas acreditarían más tarde que las vainillas y balas de fabricación brasileña utilizadas en el atentado a Guzmán coincidían con las que se usaron en el asesinato del funcionario Dine y ex escolta de Pinochet, Víctor Valenzuela, en octubre de 1990. Al igual que “Emilio”, Valenzuela era vecino de la Villa Santa Elena de Macul.

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Entre mayo y octubre de 1990, Escobar cimentó su reputación como uno de los hombres más letales del FPMR con tres asesinatos junto a su subalterno, el “Negro” Palma. El coronel de Carabineros Luis Fontaine, el ex jefe del Comando Conjunto Roberto Fuentes Morrison y el mencionado Víctor Valenzuela fueron acribillados a sangre fría por el dúo en cosa de seis meses.

El testimonio del frentista Reinaldo Cortés Valenzuela da cuenta del estatus rápidamente alcanzado por Escobar en la organización. En declaración judicial, este habla de un entrenamiento guerrillero realizado en Talca entre octubre de 1990 y enero de 1991, en el que uno de los líderes era “Emilio”. El propio Palma también cuenta que fue Escobar quien le enseñó a disparar un fusil M-16 y un detective, Luis Galaz, manifestó que “era evidente que Raúl Escobar era el número dos” de estas operaciones tras “Ramiro”.
“Tampoco era un comandante, porque no era un cuadro político, sino un killer, un ejecutor despiadado, pero eficiente”, opina Luis Hermosilla.

Poco después, el 1 de abril de 1991, Escobar y Palma mataron a Guzmán y luego, en octubre, participaron en la organización y ejecución del secuestro de 145 días de Cristián Edwards del Río, hijo de AgustínEdwards Eastman y actual vicepresidente ejecutivo del diario El Mercurio. “Emilio” fue parte de los seguimientos a la víctima y también fue quien le apuntó a Edwards con una pistola en la cabeza para reducirlo. Posteriormente, estuvo encargado de vigilar al sacerdote jesuita Renato Poblete en sus gestiones como intermediario.

Fue a partir de esta investigación que las autoridades lograron dar con las huellas de Escobar y Mardones. Las salidas de los guardianes FlorencioVelásquez y Ricardo Palma dieron pistas a los distintos informantes y sus respectivos equipos investigadores de que existían flancos en la operación.

Por un lado, Marcela Palma, hermana del“Negro”, le confidenció a su psiquiatra, Consuelo Machiavello, que temía que estuviera involucrado en actividades subversivas. Rompiendo su secreto profesional, la psiquiatra le contó a su marido, el analista de Inteligencia Lenin Guardia, quien, a su vez, le informó de esta situación al subsecretario del Interior,Belisario Velasco.

Por otra parte, la Brigada de Investigaciones de Organizaciones Criminales (BIioc), dirigida por Jorge Barraza, siguió la línea de la deserción de “Ximena” de sus clases en la UC y dio con la habitación que ella y Escobar arrendaban en calle Huara, en La Florida. Hasta allá llegaban altos mandos del FPMR, como Hernández Norambuena y el fugado Arenas Bejas, poco antes de morir de cáncer al pulmón en Argentina. Posteriores seguimientos permitieron, por ejemplo, interceptar comunicaciones entre “Emilio” y el “Negro” a través de un teléfono público ubicado en un supermercado Ekono de Vicuña Mackenna. De esta forma se establecieron las conexiones entre los miembros de la organización, a quienes los detectives les asignaron sus propias chapas de fantasía. Para ellos, “Emilio” era “Pájaro Loco” y “Ximena” era “Minnie”.

Los seguimientos permitieron dar con la casa en Macul donde Edwards permanecía cautivo y luego filmar a los 10 frentistas en el camping Las Vertientes de Colliguay durante el verano de 1992, 29 días después de la liberación de Cristián Edwards. En las tomas más clara del video de Colliguay, Escobar aparece con bigote y usando una polera negra; Mardones, por su parte, aparece jugando vóleibol playa en shorts, polera blanca y con jockey.

El buen trabajo de la PDI, sin embargo, no finalizó como se esperaba. Los detectives perdieron la pista de varios frentistas. “Emilio” y “Ximena” fueron de los más rápidos en escapar, ya que no tenían ataduras. Un año antes, ella había decidido dejar a su hijo de seis años con su padre. “Tenía miedo, ya que algunos compañeros habían sido detenidos por participar en actividades políticas y ella iba a desaparecer por un tiempo y luego regresaría, lo que no ha ocurrido hasta el día de hoy”, declaró Patricio Morales, su primer marido, en 1996.

En ese mismo testimonio, Morales hizo un vaticinio que terminaría siendo certero: “Si Marcela se encontrara en Chile podría ser que estuviera en el sur, en Puerto Montt, debido a que le gustaba mucho esa zona”.

Hace una semana, Mardones fue capturada en Peulla, a 107 km de Puerto Montt, y luego procesada como autora del asesinato de Jaime Guzmán.

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De acuerdo a las declaraciones que Marcela Mardones le entregó al ministro Carroza esta semana, Escobar y ella huyeron a Argentina después de Colliguay, para luego radicarse en México con identificaciones falsas. Sus órdenes de detención se emitieron poco después, el 24 de marzo de 1993, por lo que recién habían cumplido 24 años en la clandestinidad.

Desde entonces, Escobar habría visitado Cuba, Argentina y Brasil, donde es sindicado como coautor del secuestro del publicista Washington Olivetto en 2002, junto a otros frentistas, como “Ramiro” y cuadros del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN). Pese a que su participación ha sido acreditada por las autoridades brasileñas a través de testimonios y huellas digitales, fue descartada por Mardones esta semana. Ella también asegura no estar al tanto de otras eventuales actividades delictivas de su ex cónyuge en México.

“No me involucré tampoco en las actividades de Julio, las cuales desconozco, motivado principalmente por nuestra separación, que se produce hace seis años”, señaló esta semana.
Los investigadores también tienen serias sospechas de que ambos han ingresado a Chile con sus nuevas identidades. Escobar, al menos, lo hizo en 1996, cuando fue denunciado por robar una camioneta en la localidad de Lanco, poco antes de viajar a Santiago para organizar la fuga de la Cárcel de Alta Seguridad mientras su pareja, Mardones, daba a luz en Cuba al primero de sus dos hijos. La “Operación Vuelo de Justicia” liberaría al “Negro” Palma -quien contaría la historia en su libro El Gran Escape-, Marcelo Muñoz, Patricio Ortiz y Hernández Norambuena. De los cuatro, solo este último cumple condena en Brasil por el secuestro de Olivetto. Los demás siguen prófugos.

Paradójicamente, “Emilio”, quien fuera su libertador hace 20 años, es el que hoy finalmente enfrenta el encierro en México por el presunto secuestro de una ciudadana franco-estadounidense. Aunque se demoró más de 20 años en construirse una nueva identidad como Ramón Guerra Valencia, RaúlEscobar Poblete no pudo borrar las huellas de “Emilio”.

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